A una Orihuela vestida de flores, con la ofrenda del domingo a las Santas Justa y Rufina, le siguió este martes el estruendo de la pólvora, con un récord de participación, y eso que para desfilar como tirador es obligatorio el permiso de armas -tipo AE avancarga-.
Los trabucos, arcabuces y el fuego tomaron las calles oriolanas en la tradicional Guerrilla Única de la Pólvora, que recrea la refriega entre los bandos de la media luna y la cruz por retener el castillo.
Este año participaron en el desfile 190 festeros. En total, 171 tiradores, perfectamente caracterizados, arrancaron con un kilo de pólvora por cabeza, superando los 118, los 125 y los 134 kilos de 2023, 2024 y 2025, demostrando que cada vez son más los que se unen a la fiesta. El pasacalle siguió el mismo recorrido que en ediciones anteriores, pero a la inversa, comenzando en la Glorieta Gabriel Miró para terminar en el paseo Calvo Sotelo, con la idea de facilitar que los tiradores y los cargos festeros pudieran participar en la posterior toma del castillo.
Así, los comparsistas alzaron los cañones al vuelo, se coordinaron para lanzar salvas conjuntas de artillería y hasta se pegaron carreras durante todo el espectáculo, muy arraigado en las fiestas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Nacional.
La plaza Ramón Sijé acogió este año una Toma del Castillo renovada en su ubicación -hasta ahora en la Glorieta Gabriel Miró- y en su formato, con un espectáculo en 3D, audiovisual e inmersivo, dejando atrás la fortaleza de cartón piedra para poner al festero en el centro y atraer a un público más joven.
Espectáculo inmersivo
Un formato mixto que aunó teatro y el uso de nuevas tecnologías, potenciando la imagen y el sonido para vivir con todos los sentidos la recreación de un momento histórico de forma inmersiva, con la idea de que el cambio se quede en sucesivas ediciones, al igual que el innovador desembarco en Orihuela Costa, de forma que se hilvane la llegada al litoral y la reconquista al pie del monte de San Miguel.
Hasta ahora, los dos bandos escenificaban teatralmente las batallas, con la recreación del Pacto de Tudemir del año 713, la reconquista por parte del bando de la media luna y la representación de La puerta de la traición bajo el prisma de la cruz, incluyendo la izada de las banderas en una fortaleza que la dana de septiembre de 2019 se llevó por delante, justo en el año en el que se había estrenado un espectacular castillo festero de 26 metros de largo, 11 de alto y 9 de fondo, el más grande de España en su categoría. Desde entonces, la asociación festera se había visto obligada a alquilar uno, pequeño y caro, por lo que se ha optado por proyectarlo sobre la fachada del Centro Cultural Miguel Hernández y la Antigua Caja de Ahorros de Monserrate, recientemente rehabilitada.
Un inmueble que, a través de un mapping, con una sucesión de animaciones y vídeos, cobró vida con ilusiones ópticas en un espectáculo de imagen y teatralización que impregnó los sentidos de unos festeros que tienen claro que la fiesta es algo más que desfiles, pólvora, música y trajes.
La Armengola
Todo ello con música y baile, y sin que perdiera protagonismo la leyenda de la Armengola, con textos adaptados de La puerta de la traición, de Atanasio Die. La obra recrea la Orihuela medieval en un contexto de convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos que disfrutan de la república literaria de la Wizzara Isamiyya, con intelectuales, poetas y filósofos. El conflicto estalla cuando el consejo musulmán decide eliminar a la población cristina ante el temor de la invasión de las tropas castellanas.
La Armengola, nodriza del hijo de Benzaddan, lidera la toma del castillo seguida por los vecinos del Arrabal Roig en la víspera de las Santas Justa y Rufina ante la llegada del bando de la cruz.
El elenco teatral estuvo representado por Teatro Expresión, bajo la dirección de Manuela García Gómez y la coordinación de Javier García Gómez-Die, mientras que el cuerpo de baile estuvo compuesto por la Academia Ana Belén Navarro, que encarnó a la heroína oriolana el año pasado, ostentando el cargo en esta edición renovada Pilar Hernández, que estuvo acompañada por los embajadores cristiano y moro, Eduardo Aparicio y Francisco Sánchez.
La llave del castillo
Después, el alcaide del Castillo, Raúl Muñoz, se dirigió a los asistentes expresando que es «un honor y una responsabilidad que ha recibido con orgullo y humildad».
El que ha sido presidente de Moros J’Alhamed durante la última década y festero desde que tenía 15 años, muy emocionado, tuvo palabras de reconocimiento hacia la Armengola, los embajadores, la junta central y su familia, centrándose por último en los miles de festeros que cada año llenan las calles de la ciudad de risas, música y colorido, apelando a la unidad para seguir creciendo y defendiendo este legado festero, porque «la unión es nuestra fuerza». «En las batallas más difíciles se hace presenta la unión de todo un pueblo», insistió, al tiempo que subrayó que «la fiesta es grande», despidiéndose «como dijo un gran guerrero»: «Con nosotros quien quiera y contra nosotros quien pueda», un lema que -confiesa- usa desde la cena de gala en la que asumió la presidencia de su comparsa.
La fiesta una y grande. «Arriba la fiesta», concluyó en un final de discurso que bien podría evocar al pasado, pero no al andalusí precisamente, sino a uno más reciente.
Suscríbete para seguir leyendo










