Después de nueve meses desde su grabación se emitió la prueba de exteriores de Maestros de la Costura dedicada a la indumentaria de la fiesta fallera. Y que tuvo un anverso y un reverso. Por una parte, una puesta en valor de la confección tradicional valenciana, tratada con respeto. Y por otra, el inadecuado trato a las falleras mayores de València y cortes de honor, incluyendo las vigentes, convertidas en meras modelos.
Tal como estaba previsto, sabiendo las dudas que se habían suscitado durante la grabación, las máximas representantes de la fiesta no pasaron de ser meras extras, sin recibir la más mínima mención del cargo. Y eso, pese a que se convocó para la ocasión a la fallera mayor de València, Carmen Prades -por entonces, recién elegida-, a sus antecesoras Berta Peiró y María Estela Arlandis, y a sus cortes de honor, que fueron invitadas a participar en la puesta en escena.
Pero no pasaron de ser «esta comitiva excepcional», sin más. Sin nombre ni apellido, sin reconocimiento del cargo. Un tratamiento completamente insuficiente, que en su momento ya no gustó a las personas de la Junta Central Fallera que acudieron a la cita para acompañar al grupo. Finalmente ni hablaron, ni se explicaron ni hubo siquiera un print en pantalla que especificara de quien se trataba.
Que Carmen Prades -como fallera mayor vigente que ya lo era- y la corte acudieran a una grabación y no fueran ni siquiera presentadas es, a efectos protocolarios, un pecado.
Que se tuviera la oportunidad de tener a las tres últimas representantes de la fiesta y sus cortes de honor juntas y no tuvieran el más mínimo reconocimiento, es pecado mortal.
«Sensibilidad que emociona»
Por contra, sí que se hizo un cumplido elogio de los trajes «de fallera»: «No es solo un vestido tradicional. Es una obra de arte. Una joya textil que encierra siglos de historia. Cada bordado, cada plisado, cada detalle está hecho con una precisión y una sensibilidad que emociona. En un mundo donde todo se produce y se olvida rápido, esta preciosa indumentaria nos recuerda las cosas hechas con alma».
La corte de Carmen Prades, durante el pasacalle que presentó la prueba / RTVE
Una prueba condenada al fracaso
La prueba como tal era un imposible y que solo puede hacerse en un show televisivo guionizado: que un grupo de aficionados, que van rotando de reality en reality, confeccionaran un traje de valenciana en dos horas y media, algo que firmaría el más avezado de los talleres de indumentaria tradicional.
Se eligieron como modelos de réplica un traje Siglo XVIII que llevaba Berta Peiró y el XIX de María Estela Arlandis. El resultado fue, como era de esperar, un completo desastre: todos los famosos fueron a la prueba de eliminación. Apenas pergeñaron unas faldas hechas a la virulé y unos cuerpos de difícil descripción.

Berta, con la banda que señalaba el traje a replicar por «el equipo verde» / RTVE
Reconoció al acabar Lorenzo Caprile que hacer un traje de valenciana («de fallera») requiere maestría y que la prueba era «de una dificultad hercúlea».
La grabación supuso cerrar la Plaza del Mercado para guardar el secreto. De hecho, en los días posteriores alguna de las falleras publicó alguna foto en sus redes sociales, pero sin dar pista de nada que «destripara» lo que iba a pasar en el concurso.
Durante el previo de la prueba se recordó que Lorenzo Caprile ha utilizado telas de valenciana en vestidos lucidos tanto por la reina Letizia en una de sus primeras apariciones públicas como la infanta Cristina en su boda. La presentadora Raquel Sánchez Silva llevó durante la prueba una falda de valenciana cedida por Aguas de Marzo.














