Como muchos otros de mi generación yo también leí En la carretera, el famoso libro que Jack Kerouac publicó en 1957, durante mi época de estudiante universitario. En mi caso mientras cursaba mis estudios de la licenciatura de Derecho en la Universidad de Alicante a principio de los años 90. Para entender la conmoción que me produjo aquel libro hay que entender el lugar y la época. Alicante era, en aquellos años, una ciudad de provincias con todas sus letras. El turismo se reducía a dos meses así que el resto del año era el perfecto caldo de cultivo para los convencionalismos, el aburrimiento y la crítica social. Pero, afortunadamente, al menos para el joven que fui, Alicante tenía playas solitarias en invierno, un mar para navegar con mi tabla de windsurf y unos cines, los Astoria de Paco Huesca, en los que pasé el mismo tiempo que en la facultad.
Para mí, el protagonista de En la carretera fue Neal Cassady y sus maravillosas locuras por encima del resto de personajes reales que Kerouac describió. Kerouac y Cassady se conocieron a mediados de los años 40 y se dedicaron a recorrer EEUU gracias a los trabajos que fueron encontrando y a la paga temporal que el ejército daba a los soldados una vez terminada la Segunda Guerra Mundial.
De aquellos años dio su propia versión la que fuera esposa de Neal Cassady, Carolyn Cassady, en su libro Fuera de la carretera. Veinte años con Cassady, Kerouac y Ginsberg (Anagrama, 2025) en el que narra el otro lado de las aventuras y desastres de todo tipo en los que estuvieron envueltos los tres nombres más conocidos de la generación Beat. Carolyn relata con minuciosidad sus años junto a Neal Cassady que incluyeron tiempos felices y otros llenos de zozobras. Tuvieron 3 hijos que de manera milagrosa y gracias al talento de Carolyn salieron adelante sin grandes sobresaltos a pesar de la locura en que consistió la vida familiar en numerosas épocas. Los años dorados de EEUU, los que fueron desde el fin de la guerra hasta los años 70, sirven de escenario para la vida de este matrimonio y las esporádicas visitas de Kerouac y Ginsberg así como de otros miembros de la generación Beat. Se ha escrito mucho sobre Kerouac pero menos sobre Cassady. El personaje que Kerouac creó en su libro fue el de un Cassady histriónico y al borde la locura que experimentaba con drogas y se jugaba la vida conduciendo y aunque en parte es cierto también hubo un Cassady que leía a Marcel Proust y su En búsqueda del tiempo perdido que escribía relatos y retazos de su vida que después de su muerte se reunieron en El primer tercio (1971).
Gracias a Fuera de la carretera se puede conocer el otro lado de los protagonistas de la generación Beat. Vidas mundanas, como las de cualquiera de nosotros, que, sin embargo, supieron transformar en la realización de un sueño que ha quedado como ejemplo de saber aprovechar la vida cada minuto aunque para ello tuviesen que pagar las consecuencias. En unas recientes declaraciones el antropólogo Juan Luis Arsuaga ha afirmado que el precio de la independencia y de ser verdaderamente libre implica asumir el aislamiento y, por tanto, la soledad. Neal Cassady vivió como si las reglas para llevar una vida convencional no fueran el objetivo a cumplir sino a evitar. En la universidad a la que yo acudía a diario abundaban los alumnos y alumnas deseosos de llevar una vida lo más tradicional posible. Debajo de una aparente rebeldía imperaba un profundo deseo de conseguir el sueño pequeñoburgués para ser aceptado. Lo único que importaba era las calificaciones obtenidas en las asignaturas y el dinero que tuviesen los padres de cada uno.
Carolyn Cassady retrata a un Kerouac destruido por el alcohol incapaz de asumir su papel de escritor y a un Neal Cassady que a pesar de su tendencia natural a meterse en problemas trató de llevar una vida familiar gran parte de su vida, esa vida que le habían negado de niño. Cuando Neal Cassady murió en 1968, con poco más de 40 años, Charles Bukowski escribió una bonita necrológica recordando su único encuentro. “Tenía una cara vieja y dolorida en un cuerpo de un muchacho de dieciocho años”, escribió Bukowski. Kerouac no fue capaz de ir más allá del personaje de escritor alcohólico que el mismo se creó. Cassady, sin embargo, siempre dio un paso más en el teatro que le tocó vivir, como si nunca se conformase con un único papel, con una única vida. Fue un excelente lector que a su manera trató de encajar en la conservadora sociedad de los años 50 en EEUU. Su entrada en la cárcel por posesión de una pequeña cantidad de “grifa” concluyó por situarle en ese lugar del que no pudo salir.
A comienzo de los años 90 yo leía En la carretera tumbado en la playa por las mañanas. Por la tarde iba a clase y por la noche a los cines Astoria. Lo demás me daba igual.
Suscríbete para seguir leyendo














