Rajoy y las cloacas de los otros

Antes de su última crónica sobre el Mundial, los textos de Rajoy resultaban divertidos porque mostraban que tampoco sabe de fútbol. El expresidente cultiva esa supuesta sorna gallega que todos sabemos identificar, pero que no podríamos describir, y ahí es precisamente donde se sustenta el género. La duda, al principio, consistía en si sus frases eran involuntariamente irónicas o si, dado su repertorio de lapsus y emulaciones del Ozores farfullero, ha acabado acomodándose a su personaje para no defraudar como monologuista, ya que no pudo evitarlo como presidente. El problema es cuando del arsenal de recursos extrae guiños que no hacen maldita la gracia porque contienen ofensas y desvelan las claves de un sentido del humor que caducó con los chistes de Franco. Su humorada más lograda ha consistido en publicar un libro que se pretende un manual del buen gobernante. Quién nos iba a decir que Rajoy acabaría siendo algo así como un rapero Baltónyc de derechas.

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