Corre el runrún en el pelotón que allí donde ha sido derrotado, el esloveno Tadej Pogacar tiene puesta una cruz en forma de espina clavada que debe sacarse cuanto antes. Hace dos años en Le Lioran, el final de la décima etapa, hincó la rodilla ante el danés Jonas Vingegaard y todo apunta a que querrá cobrarse venganza.
Una amenaza que agranda la atención de la etapa festiva del 14 de julio en Francia, siempre acogida de forma especial por los aficionados que se abalanzan sobre las cunetas a aplaudir a sus campeones. Pese a que en los últimos días ha dicho que no piensa en la revancha, la fortaleza que ha mostrado hasta el momento y su ambición desmesurada hacen prever que se lanzará a por la victoria de etapa y a blindar todavía más su ventaja en la general.
La de 2024 fue una victoria más simbólica que real. Por vez primera el danés ganaba un esprint al esloveno, con quien había efectuado en solitario el ascenso final. Pero sin diferencias para la general, que acabó cayendo del lado de Pogacar.
















