Cort pierde de una tacada brújula, norte y el oremus

Intentemos explicarlo. Conste que fácil no es. Jaime Martínez, alcalde de Palma, sustenta la decisión de multar a la Asociación de Vecinos de La Lonja, que incluye a los empadronados en el paseo del Borne, con 240 euros por haber instalado pancartas y banderolas en sus fachadas en protesta por el ruido que noche tras noche el negocio de la restauración genera. Dice el señor alcalde que las ordenanzas municipales son de obligado cumplimiento; quebrantarlas, sea quien fuere, desemboca en la correspondiente sanción. Señor alcalde, ¿y si por una vez empezamos sancionando a los ruidosos? Son muchas las ordenanzas municipales que se pasan por el forro, los conductores de patinetes se carcajean de Cort: nueve de cada diez infractores salen impunes. Doy fe de ello. Vayamos al concreto asunto del ruido: lo que acontece en La Lonja y aledaños es insoportable para el vecindario. Las noches de insomnio desquician al templado. ¿Dónde está la ordenanza que debe de acotar el ruido? El descanso nocturno tiene prioridad sobre determinadas actividades lúdicas, por pingües beneficios que generen, incluidos los que lubrican las arcas municipales. No hay que darle vueltas. Añadamos, no por ello menos importante: pancartas y banderolas constituyen ejercicio legítimo de libertad de expresión. A Cort no ha de salirle gratis ciscarse en derecho tan fundamental. El alcalde Martínez arguye conductas «incívicas» por colocar las pancartas y banderolas, incautadas por Cort. Es olvido deliberado, flagrante omisión, no actuar con la contundencia requerida contra los establecimientos que posibilitan el ruido. Se me permita divagación obligada: se nos enfatiza desde el PP que trabajan para frenar la masificación. Afirma el catedrático de Economía Guillem López Casasnovas: «Nos estamos cargando la gallina de los huevos de oro» al no yugular el modelo turístico que está en la génesis del 26 de julio.

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