CONCIERTOS MADRID | El rugido de ‘Omega’ sacude Noches del Botánico: la bestia que Enrique Morente creó sigue mordiendo 30 años después

Enrique Morente abrió las Noches del Botánico desde otro tiempo. Su voz grabada inundó Madrid con gran profundidad mientras Kiki, su hijo, aguardaba quieto, sin lanzarse a por ella. Cuando empezó a cantar, no hubo un relevo, ojo, sino una fusión volcánica. Hay discos que esperan agazapados, con los dientes fuera, a que alguien tenga el valor de acercarse. Y Omega, 30 años después, sigue mordiendo con la rabia de entonces. Kiki no salió a disfrazarse de heredero ni a ganar una competición imposible: negoció con la ausencia de Enrique. A veces, la tuvo delante. Otras, pareció llevarla cosida a la garganta. Un intercambio de energías que, este martes, mientras España se jugaba la plaza a la final del Mundial, puso sobre la mesa una verdad incandescente: la memoria no es una obligación familiar, sino una corriente eléctrica que te hace vibrar más allá de la muerte.

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