Cuando Moncloa se sumerge en el barro y las encuestas no acompañan, el manual de resistencia sanchista activa su protocolo más ecológico: el reciclaje de villanos. En los tiempos de la prensa del Movimiento, cuando el día amanecía aburrido y sin herejes a los que llevar a la hoguera, los redactores jefes tiraban de agenda con una máxima infalible: «Si no hay noticias, palo a Rusia». Hoy, los tanques de Moscú han sido sustituidos por los atascos de la M-30. Isabel Díaz Ayuso es la nueva estepa siberiana del relato oficial.
¿Que la corrupción acecha al Gobierno? Ración doble de ensaladilla rusa en la Puerta del Sol, aderezada con toneladas de sospechas y mayonesa mediática para tapar el menú del día institucional. Da igual el escándalo de la semana; la política nacional se ha convertido en una montaña rusa del Ministerio al Juzgado donde los vagones siempre descarrilan en el mismo punto kilométrico de Madrid.
Si el sanchismo necesita desviar la atención, saca el mazo y machaca la carne hasta dejarla fina, convirtiendo la gestión madrileña en unos jugosos filetes rusos listos para ser devorados por la jauría de Twitter. Ayuso es la presa de caza mayor perfecta: cotiza en bolsa, no se calla y, sobre todo, ahorra el fatigoso esfuerzo de tener que dar explicaciones sobre los problemas propios. Es el enemigo público número uno de diseño. Si la fórmula funciona y el comodín es infinito, ¿para qué buscar soluciones reales? Ante la duda, camaradas, palo a Madrid al dictado de la Secretaría de Estado de Comunicación.
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