Consumimos para pertenecer, para calmarnos, para explicarnos y, cada vez más, para tomar distancia y, a la vez, tratar de vivir más el presente. Clara de Nadal Trias (Barcelona, 1983), periodista y ‘coolhunter’, resume su oficio como «observar y escuchar el mundo» para entender «qué pasa hoy» y «hacia dónde vamos». Su método parte de detectar «patrones de repetición» hasta que algo «deja de ser una anécdota y empieza a dibujar una dirección de un cambio». A su juicio, estas 10 tendencias retratan la realidad que vivimos en 2026.
Clara precisa que la palabra más usada internacionalmente es ‘kidults’, unión de ‘kids’ (niños) y adultos. Y avisa de que esta tendencia «no habla precisamente de infantilización», sino de «una nueva relación con el juego». Ahora, dice, «las personas cada vez más están reivindicando el juego, la imaginación o incluso determinados códigos estéticos que tienen que ver con divertirse«. Lo ve, por ejemplo, en «cada vez más Legos para adultos», el regreso del «coleccionismo», los videojuegos, los parques temáticos, las ‘escape rooms’, los charms, el famoso Labubu y referentes como Vivienne Westwood o Iris Apfel, que reivindicaban que «vestirse también es jugar».
Iris Apfel, para Harper’s Bazaar, en agosto de 2021. / RUVÉN AFANADOR / LIBROS CÚPULA
«No es tanto un regreso a la espiritualidad tradicional», matiza la especialista, sino «una nueva búsqueda de significado«. Según Clara, «vivimos un momento de enorme incertidumbre» y, cuando «las certezas se empiezan a debilitar», es humano «buscar nuevas formas de orientarse». De ahí el auge de la astrología, los rituales cotidianos, la manifestación o la meditación. También cita «coaches’ digitales», retiros de silencio o los «cinco ritmos», una técnica para «gestionar tus emociones a través del movimiento». Incluso ve esa señal en Rosalía: «Todo su discurso antes de sacar su disco ‘Lux’ y toda su iconografía y toda su estética tiene que ver con religiosidad, nuevas religiosidades, nuevas espiritualidades».

Rosalia, en la portada de su disco ‘Lux’. / EPC
«Esta me apasiona», reconoce la ‘coolhunter’ incluso antes de entrar en materia. Según su rastreo, «muchas marcas ya no venden únicamente un producto, sino que venden una promesa emocional»: «Calma, descanso, equilibrio, conexión o refugio». El matcha es un ejemplo: «Ya no solo es porque te sienta mejor y no lleva tanta cafeína», sino porque prepararlo implica una rutina, un gesto lento. En esa misma lógica entran «preparar un café con calma, cocinar, leer, pasear», el auge de «volver a leer», «dejar un poco el móvil», «escribir un diario», Substack, los clubes de lectura y hasta «la biblioteca de Dua Lipa».

Los últimos títulos recomendados por Dua Lipa en su club de lectura ‘on line’. / SERVICE95
«Nos hemos cansado», resume Clara sobre la exposición digital. Durante años parecía que «una experiencia solo estaba completa casi cuando se compartía»; aquello de «si no lo muestras es que nunca ha sucedido». Ahora detecta el movimiento contrario: «Cada vez hay más personas que están recuperando este derecho a vivir cosas sin esta necesidad absoluta de compartirlas todo el tiempo y convertirlas en contenido». Lo llama ROMO (‘Relief Of Missing Out’ o el alivio de perderse algo), lo contrario del FOMO (‘Fear Of Missing Out’ o miedo a perderse algo). En lugar de sentir ansiedad por no estar en todas partes, el ROMO representa la tranquilidad y el bienestar al desconectar y no asistir a ciertos eventos o planes sociales’. Ella misma lo practica cuando viaja: «Ya no me compro la tarjetita SIM», y así «hasta que no llego al hotel de turno, no tengo internet».

Festival Cruïlla, en el Parc del Fòrum. En la era del FOMO, muchos son los que ya prefieren el ROMO, a tranquilidad y el bienestar que se experimentan al desconectar y no asistir a ciertos eventos o planes sociales. / Ferran Sendra
«No creo que estemos dejando de consumir -avanza la cazatendencias-, lo que sí creo es que estamos revisando los criterios con los que estamos consumiendo». ‘Enoughness’ es el estilo de vida más minimalista. La ‘fiebre de Vinted’ lo demuestra: «Cuantísima gente compra ahora en Vinted, cuando al principio Vinted o Wallapop estaban un poco mal vistos». También cita supermercados que venden productos contra el «desperdicio» y una microtendencia clave: «El derecho a reparar«. Como ejemplo, habla de la marca de zapatillas Veja: en algunas de sus tiendas se pueden reparar no solo sus bambas, sino las de cualquier otra marca.

Un artesano repara una zapatilla Veja. / VEJA
«Durante muchos años aspiramos a proyectar una imagen perfecta», recuerda Clara, con los filtros convertidos «casi en una norma». Pero la post-autenticidad complica el relato: lo real también puede estar mediado. Cita Starface, las tiritas de colores para tapar granos que han llevado figuras como Hailey Bieber: «Te pones una pegatina en el grano» y dejas de mostrarlo, aunque lo hagas visible con una estrella. También menciona Glossier [marca de belleza de la generación Instagram]: «En la portada ya no te ponen la chica perfecta», sino piel con «rugosidad», «textura», «arruguita» o «los dientes separados».

Hailey Bieber, con los parches antiacné Starface. / INSTAGRAM
«Ahora, la verdadera revolución está empezando cuando la tecnología deja de ser tan protagonista», explica, y se convierte en una herramienta que mejora la vida «casi sin darnos cuenta». La inteligencia artificial tiene «cosas buenas y cosas malas», pero puede ayudar en «las tareas más repetitivas» y dejar «más tiempo para la parte más artística, más creativa o incluso para tener más tiempo de vida real». La alerta está en el exceso: un anillo que ‘trackea’ la salud puede informar sobre temperatura o descanso, pero también «te obliga a seguir conectado obsesivamente».

Oura Ring, una de las marcas más famosas de anillos que sirven para monitorizar nuestra salud. / INSTRAGRAM / OURA RING
Sí, estamos cambiando la forma de salir. De Nadal Trias cita dos ejemplos claros: el ‘tardeo’ y las ‘coffee parties’. La señal está en planes más diurnos, breves y menos agotadores. También recuerda un anuncio de una marca de camas con King África titulado ‘Bomba de humo’, jugando con la idea de irse de una fiesta sin avisar. Antes «el que cerraba la fiesta era el más guay» y quien se iba pronto estaba mal visto. «Ahora esto está cambiando»: descansar también empieza a ser deseable.

Tardeo en el Bus Hexperience en el Port Fòrum de Sant Adrià del Besos, Barcelona. / RICARD CUGAT / EPC
«La nostalgia siempre ha existido», concede la ‘coolhunter’, pero ahora vuelve de otra manera. No es solo estética retro: es búsqueda de seguridad. Por eso regresan «los discos de vinilo», «las cámaras analógicas» o «escribir a mano». Incluso Hermès utiliza cada vez más ilustradores en sus comunicaciones y colecciones, explica, para recuperar un trazo manual y una sensación de oficio. En las bodas, añade, «lo más ‘cool’ es poner cámaras analógicas». El pasado funciona menos como disfraz y más como refugio tangible.

El amor por los discos de vinilo ha vuelto con fuerza. / Manuel Bruque / EFE
La artesanía conecta, dice la cazatendencias, con la necesidad de «volver a valorar el tiempo«. Para ella, «el nuevo lujo ya no tiene nada que ver con lo económico, tiene que ver con el tiempo». En plena lógica Amazon -«lo queremos todo y lo queremos ya»-, lo hecho a mano aparece como resistencia. Pone el ejemplo de Loewe, donde ha visto «una señora solita que se tira un mes para hacer un bordado», remata.

Creadoras, madre e hija, de la firma de bolsos de crochet MADREMÍA, en su tienda de Barcelona. / Pau Gracià / EPC
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