Adiós a un pequeño rincón de Buenos Aires en pleno corazón de la capital provincial. El emblemático local La Casa del Tango en Alicante se ha visto obligado a cerrar sus puertas tras trece años de actividad como consecuencia de la venta del inmueble por parte de su propietario. Situado en la calle Aspe, en el barrio de Carolinas Bajas, este espacio cultural, impulsado por los argentinos Daniel Maronna y Sandra Dutra, creadores de la asociación Aba Tango, se había consolidado como un punto de encuentro para los amantes de este género, promoviendo actividades destinadas a fomentar las relaciones sociales con el tango como nexo de unión.
“La casita”, como era conocida cariñosamente entre quienes frecuentaban el local, ocupaba además una singular posición en el entorno urbano. Se trata de una de las escasas construcciones de una sola planta que permanecen en la zona, una circunstancia que ha despertado el interés de inversores y que habría motivado la decisión del propietario de vender el inmueble para favorecer una futura promoción inmobiliaria de mayor altura. Aunque por el momento no existe confirmación oficial sobre el destino del solar, entre las posibilidades que se contemplan figura la construcción de apartamentos turísticos, una opción favorecida por la proximidad del emplazamiento al centro de la ciudad.
Foto de familia en el interior de «la casita» engalanada con regalos y recuerdos de todos estos años / Rafa Arjones
De este modo, Alicante pierde otro espacio cultural singular, levantado y sostenido durante años por una asociación con más de dos décadas de trayectoria. Se suma a otros casos mediáticos locales como el de la librería 80 Mundos o el del estudio del artista José Such. Antes de dar forma a este local, Aba Tango ya desarrollaba una intensa labor de difusión de la cultura tanguera en la ciudad, recogiendo el testigo de la emblemática Peña de los Amigos del Tango, fundada en 1962.
A lo largo de su recorrido, la entidad ha impulsado numerosas iniciativas de relevancia, entre ellas encuentros nacionales de asociaciones vinculadas al tango, así como una gala especial celebrada en el Castillo de Santa Bárbara que reunió a más de 300 asistentes y contó con una cena de gala y la actuación en directo de una orquesta compuesta por diez músicos llegados desde Argentina. Asimismo, sus integrantes han participado en desfiles folclóricos organizados con motivo de las Hogueras de San Juan.

La última vez que Sandra Dutra se pone unos tacones para bailar en La Casita del Tango en Alicante / Rafa Arjones
La asociación también ha promovido durante once años consecutivos milongas en la Plaza Gabriel Miró, una tradición profundamente arraigada en la cultura argentina que combina música, baile y convivencia social. Del mismo modo, ha organizado festivales al aire libre de tres jornadas de duración con la participación de músicos, cantantes y bailarines profesionales, contribuyendo de manera decisiva a acercar el tango al conjunto de la ciudadanía.
«Desde que comenzamos, siempre trabajamos por la difusión de la cultura del tango argentino, transmitiendo nuestras costumbres a través de sus distintas expresiones: el baile, la enseñanza, la música y todo aquello que ayudara a comprender mejor nuestra identidad cultural», explica Sandra Dutra. En este local, cada semana se abrían las puertas para que personas de varias nacionalidades participaran en unos bailes marcados por la elegancia y la delicadeza.

Un último baile en «la casita» del tango / Rafa Arjones
La noticia del cierre ha supuesto un duro golpe para quienes han dedicado más de una década a dar vida al espacio. «La hemos recibido con mucha tristeza. Han sido trece años en esta que ha sido nuestra segunda casa, un lugar en el que hemos compartido convivencia, energía positiva y muchísimo trabajo. Es una mezcla de tristeza y emoción por dejar un sitio tan hermoso que nos costó tanto esfuerzo construir», afirma Dutra, visiblemente emocionada.
Sobre el futuro del inmueble, la responsable de Aba Tango señala que la información que han recibido apunta a una próxima venta de la propiedad. «Lo que nos han transmitido es que debemos abandonar el local porque los propietarios van a venderlo. No sabemos con exactitud qué ocurrirá después, aunque lo intuimos. En esta calle es la única casa que queda; en el resto de parcelas ya se han levantado edificios con apartamentos y alojamientos turísticos, por lo que entendemos que aquí podría suceder algo similar», reconoce.

Daniel Maronna y Sandra Dutra revisan algunas de las dedicatorias de los visitantes a «la casita» / Rafa Arjones
Un desenlace emocional y tanguero
Una de las principales preocupaciones de Aba Tango son los elevados precios de los alquileres en la ciudad. En este contexto, el presidente de la asociación, Daniel Maronna, considera que el cierre de La Casa del Tango simboliza las dificultades que afrontan determinados espacios culturales frente a las dinámicas urbanísticas y económicas actuales. «El tango siempre ha tenido que luchar contra las nuevas tendencias y contra el paso del tiempo, pero sigue ahí porque es cultura y porque nunca pasa de moda», afirma.
Durante los últimos días, el local ha vivido una despedida ininterrumpida. La asociación ha mantenido abiertas sus puertas durante cuatro jornadas consecutivas para que quienes han frecuentado el espacio a lo largo de estos años pudieran despedirse de él. «Hemos organizado actividades durante cuatro días seguidos porque era imposible concentrar en una sola jornada a todas las personas que querían despedirse de la casa. Ha venido gente de Irlanda y de distintos puntos de Europa, lo que demuestra que el tango genera una red internacional muy fuerte», explica Maronna.

Un momento del último tango en Alicante / Rafa Arjones
El presidente de Aba Tango destaca además la dimensión humana y social que ha tenido el local durante más de una década de actividad. Entre sus paredes se han forjado amistades, se han celebrado encuentros con gran afluencia y hasta han surgido parejas que terminaron contrayendo matrimonio. Para muchas personas, asegura, ha sido un lugar donde «relacionarse, compartir experiencias y sentirse acompañadas». «Es una lástima que Alicante pierda espacios como este», lamenta.
No obstante, Maronna se muestra convencido de que la desaparición de La Casa del Tango no supondrá el final de esta expresión cultural en la ciudad. «Que desaparezca este local no quiere decir que desaparezcamos nosotros ni que el tango se apague. Hay nuevas generaciones con ganas de continuar y vamos a apoyarlas para que sigan adelante y encuentren un nuevo lugar desde el que desarrollar esta actividad», sostiene, mientras tienen la esperanza de encontrar un local que les permita seguir con su negocio.

Insignia ubicada en la entrada a La Casa del Tango en Alicante / Rafa Arjones
De este modo, reivindica la vigencia de una tradición centenaria que considera parte esencial de su identidad cultural y que, a su juicio, trasciende ampliamente su dimensión artística. «Quizá no genere grandes beneficios económicos, pero crea espacios de encuentro para personas que necesitan relacionarse, compartir y sentirse parte de una comunidad. El tango genera vínculos, amistad, historia y cultura. Es una expresión auténtica y por eso seguirá viva», concluye emocionado.
Generando oportunidades
Daniel Maronna y Sandra Dutra no han estado solos al frente de «la casita» durante esta última etapa. Hace un año, Giovanna Tomba y Gabriel Sosa llegaron a Alicante y se incorporaron al proyecto para reforzar y renovar el equipo de profesores de tango. «Fueron las primeras personas que nos abrieron las puertas y nos brindaron un abrazo de tango y un hogar. Con ellos encontramos una familia y nos entristece pensar que ya no vamos a venir aquí», explica la pareja mientras colabora en las labores de desalojo del local.
Pese al cierre, la esperanza de encontrar una nueva sede sigue intacta entre quienes han formado parte de esta iniciativa cultural. «No perdemos la fe ni la esperanza de encontrar un lugar donde reiniciar la actividad y que los fundadores puedan volver a ponerla en marcha», asegura Sosa, convencido de que la esencia de La Casa del Tango en Alicante trasciende el inmueble que ahora se ven obligados a abandonar. «‘La casita’ no es solo el espacio físico, sino la gente que la construye cada día, las personas que vienen a bailar, a compartir y a pasar un buen momento».

Algunos de los objetos y regalos que adornan el local / Rafa Arjones
Mientras las paredes comienzan a quedar desnudas y desaparecen fotografías, recuerdos y regalos acumulados durante más de una década, afloran también las historias que han marcado la vida del local. Recuerdan, por ejemplo, la ocasión en la que abrieron sus puertas para atender a los pasajeros de un crucero que llegó a Alicante con ganas de bailar tango, así como los innumerables vínculos personales que se han tejido entre sus cuatro paredes.
Entre todos esos recuerdos emerge especialmente el de Gabi, un habitual de La Casa del Tango que acudía prácticamente a diario y que falleció apenas unos días antes del cierre definitivo. «Queremos pensar que Gabi no habría querido ver cerrar la casita», comentan con emoción. Es el último baile en su milonga y vestidos de trabajo, pero con calzado adecuado, tanto Daniel y Sandra como Giovanna y Gabriel brindan un último tango en Alicante en honor a todo lo que se ha vivido en el local.
Más allá de ese inmueble de una planta que ha resistido, hasta la fecha, el paso del tiempo y la turistificación de la ciudad, desde la asociación Aba Tango van a probar a realizar actividiades de tango fuera del local. «Vamos a probar para ver cómo funciona para no perder del todo esa conexión con el municipio», apunta Sandra Dutra. Bajo el nombre La morocha milonga, el evento tendrá lugar el jueves 9 de julio, a las 21 horas, en el Teselas de la Explanada de España. Las reservas se pueden solicitar mediante WhatsApp al 647 884 032.
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