Un pequeño pueblo costero situado en el municipio de Tijarafe esconde uno de los rincones más sorprendentes de La Palma. Decenas de casas blancas y azules, las típicas de los antiguos núcleos pesqueros, permanecen protegidas bajo un enorme acantilado volcánico mientras el océano forma parte del propio paisaje, integrándose con el pueblo de una manera difícil de encontrar en otro lugar de Canarias.
Aquí no hay grandes hoteles, paseos marítimos ni largas playas de arena. El verdadero atractivo reside en un enclave donde la naturaleza y la arquitectura han convivido durante generaciones, creando una estampa que parece detenida en el tiempo.
Bajo la gigantesca pared de roca volcánica se levantan varias viviendas que aún hoy continúan utilizándose, muchas de ellas como segunda residencia o casa de verano de familias palmeras que mantienen vivo este singular rincón generación tras generación.
Una de las escenas que más sorprende a quienes lo visitan es ver a los propios vecinos bajar neveras, garrafas de agua o cualquier otro suministro hasta sus casas, una imagen que refleja perfectamente el aislamiento y la autenticidad del lugar. Las fachadas blancas y azules contrastan con el oscuro color del acantilado, dejando una de esas estampas que permanecen en la memoria de cualquier visitante.
Además de su espectacular paisaje, Porís de Candelaria mantiene una profunda tradición pesquera, lo que convierte la visita en una oportunidad para conocer uno de los lugares con mayor personalidad de la isla.
El enorme acantilado volcánico protege Porís de Candelaria y dibuja una curiosa silueta que recuerda a la isla de La Palma / Ainhoa González
Llegar al Porís también forma parte de la experiencia
Acceder a Porís de Candelaria es, en sí mismo, toda una aventura. La carretera desciende por la ladera de la montaña mediante una estrecha vía de fuertes pendientes que obliga a conducir con precaución hasta llegar a una pequeña zona de aparcamiento.
Desde allí comienza un recorrido a pie de aproximadamente 30 o 45 minutos, dependiendo del ritmo, con un camino exigente que combina importantes desniveles hasta alcanzar el pueblo. Sin embargo, el esfuerzo merece la pena. Cuando el enorme acantilado aparece frente a los ojos, la sensación es la de haber descubierto un lugar escondido que ha permanecido prácticamente ajeno al paso del tiempo.
El enorme acantilado esconde una curiosidad que pocos conocen
Si hay un detalle que termina de hacer único a Porís de Candelaria es la forma del enorme acantilado que protege el pueblo. Quienes se fijan con atención descubren que el gran hueco natural que queda sobre las viviendas dibuja, casi a la perfección, la silueta de la isla de La Palma.
Es una curiosidad que muchos visitantes pasan por alto durante su primera visita, pero que se ha convertido en uno de los elementos más fotografiados del lugar. Desde determinados puntos del pueblo resulta fácil distinguir ese perfil tan característico que recuerda al contorno de la isla, haciendo todavía más especial un enclave que ya de por sí parece sacado de otro mundo.

El bufadero natural de Porís de Candelaria permite bañarse en agua del Atlántico cuando el estado del mar lo permite / Ainhoa González
Un bufadero conectado directamente con el Atlántico
En el interior del pueblo se encuentra uno de sus grandes atractivos. El agua del océano entra directamente entre las rocas formando una piscina natural que permite bañarse cuando el estado del mar lo hace posible. Este bufadero natural convierte a Porís de Candelaria en un lugar todavía más especial, ya que ofrece la posibilidad de disfrutar del Atlántico bajo la protección del gran acantilado.
Para quienes prefieren el mar abierto, a pocos metros también existen unas escaleras metálicas instaladas junto a la roca desde las que se accede directamente al océano, una opción muy popular entre los visitantes durante los días de buena mar.
El sonido constante de las olas, la ausencia total de tráfico y la tranquilidad del entorno convierten la experiencia en algo completamente diferente a la de cualquier otro rincón del archipiélago.

Una sencilla escalera metálica permite acceder directamente al océano desde Porís de Candelaria / Ainhoa González
Un lugar donde el tiempo parece detenerse
Porís de Candelaria es uno de esos lugares donde el reloj parece avanzar más despacio. Sus pequeñas casas, el silencio, la fuerza del océano y la protección del enorme acantilado crean una atmósfera difícil de encontrar en cualquier otro punto de Canarias.
Quienes lo visitan suelen coincidir en la misma sensación: parece un lugar detenido en el tiempo, donde la naturaleza continúa marcando el ritmo del día y donde el mayor lujo consiste simplemente en contemplar el mar desde la puerta de una de sus viviendas.
No es extraño que muchos lo consideren uno de los secretos mejor guardados de La Palma y uno de esos rincones capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer todos los paisajes del archipiélago.
Fuente: El Día – La Opinión de Tenerife










