España está muy lejos de la exuberancia futbolística con la que ganó la Eurocopa. Tiene serios problemas ofensivos con un Lamine ansioso, un Pedri desconocido y un ataque en el que solo Dani Olmo resulta desequilibrante. Pero en los momentos complicados aparece la pizarra de Luis de la Fuente para ofrecer soluciones que disparan la competitividad de una selección en la que Merino, Fabián o Ferran son héroes inesperados. Y en esta tortura que fue el duelo con Bélgica el seleccionador acudió al rescate de un equipo que se mete en semifinales con muchas dudas y pocas certezas.
El crecimiento de esta selección española se explicaba desde los intangibles. Uno era la tranquilidad con la que acometía los partidos decisivos, incluidos los cuartos de final, ese histórico agujero negro del fútbol español. Ante Bélgica, protagonista de viejas pesadillas, saltó confiada por esa mezcla de desparpajo y ansiedad de Lamine, la jerarquía de Rodri o la solvencia defensiva. Los mejores tiempos de Bélgica ya pasaron. Un equipo aristocrático con el balón e indolente sin él. Y a ese perfil sumababa ahora las arrugas de De Bruyne o Lukaku y las bajas por lesión de sus rottweilers en la medular, Onana y Tielemenans (en el calentamiento). Esto último abrió una vía de agua en su centro del campo, donde Olmo tendría espacios y Rodri, tiempo.
Dos ocasiones, dos goles
La nueva España infranqueable de De la Fuente se plantó desfigurada por la suplencia de Pedri, entregando el seleccionador la batuta a Dani Olmo con Fabián como escudero de Rodri. La tibia presión alta belga duró un cuarto de hora, momento en el que el balón se acomodó en pies españoles. Trabajo coral sin balón y la paciencia de un ajedrecista con él destacando las subidas de los laterales. Lamine no terminaba de sacarse de encima a De Cuyper, pero Porro le doblaba una y otra vez. Hasta que a la media hora Yamal filtró un pase a una llegada de su Porro que sirvió a Olmo y su zapatazo, rechazado por Courtois, lo empujó a la red Fabián. Otro gol del jugador al que De la Fuente daba la alternativa.
Obligados por la desventaja, los belgas, que trabajaban la espalda y enlazaban bien por dentro, se hicieron con la pelota y tejieron una jugada por la derecha que terminó con un centro al área que De Ketelaere madrugó a Cubarsí para empatar. La racha de imbatibilidad de Unai se quedaba en 650 minutos. Dos oportunidades, dos goles. Nadie dijo que fuera a ser fácil, pero el partido desnudaba uno de los problemas de esta España mundialista: la escasa producción ofensiva. Yamal no es desequilibrante, Baena es efervescente y Oyarzabal estaba desaparecido. Solo Dani Olmo generaba ventajas en ataque.
El correr de los minutos incrementaba el fatalismo español al mismo ritmo al que espesaba el encuentro. De la Fuente quiso resolver esa falta de fluidez con la entrada de Pedri y Ferran por Baena y Fabián a los diez minutos de la reanudación con dinamismo y llegada. Rudy García respondió introduciendo a Lukaku, lo que empujó a De Ketelaere a la banda y Witsel entró para colapsar el medio. El partido se abrió y comenzaron a pisarse las dos áreas. Los despliegues belgas eran más afilados y en ataque a Lamine se le cambió la cara cuando entró Seys por De Cuyper. Las espadas estaban en lo más alto y el partido estaba en un gol. Quien marcase primero compraba muchas papeletas para estar en semifinales ante Francia.
Unai Simón recibe el gol de De Ketelaere que sponía el empate a uno ante Bélgica en el Mundial. / CHRIS TORRES / EFE
Arrancó el último cuarto con Courtois retirándose lesionado entre lágrimas. Al margen de lo que deparase el destino, la fortuna no dejaba de sonreír a España en modo de lesiones rivales. Los de De la Fuente, que estaban perdiendo parte de la credibilidad ganada ante Portugal, sufrían con la pelota en los pies. Nico entró para afilar el costado izquierdo y Merino entró por un desfondado Olmo mientras comenzaba a oler a prórroga. España percutía una y otra vez convirtiendo el final en un asedio ante una Bélgica que sufría los rigores del color y de un partido en el que habían corrido mucho tras el balón. Un final agónico más propio de otras épocas.
Merino, al rescate
Y entonces Cubarsí, que se sumó al ataque, probó a disparar desde lejos encontrándose que Lammens, el sucesor de Courtois, rechazó la pelota dejándola muerta en el área pequeña. Allí apareció Merino disfrazado de 9 para sellar el billete de semifinales. La fe de Cubarsí y la determinación de Merino premiaban a una España obtusa en ataque. Una intervención de Laporte final bajo palos con Unai fuera de portería salvó a España, que estará en semifinales viéndose las caras con Francia tras una dulce agonía.
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