Si hay un sonido de la naturaleza que se puede identificar con el verano es el de las cigarras cantando en los bosques durante las horas de más calor. Este pequeño animal (aunque no tan pequeño, pues puede alcanzar los tres centímetros de longitud) es omnipresente en casi toda España, pero es más fácil oírlo que verlo.
Gracias a sus tonos de camuflaje, pasan totalmente inadvertidos entre las ramas y las copas de los árboles. Pero, además, si tratamos de acercarnos a ese insistente ruido que surge de un pino para tratar de encontrar a su ‘culpable’, la cigarra deja de cantar como medio de autodefensa. Entre una cosa y otra, es muy difícil ver una, por muy cerca que estemos de ella.
El sonido procede de su abdomen
La Cicada orni, que este el nombre científico de la cigarra común, es conocida sobre todo por su canto, que llega a formar un verdadero concierto cuando se suman los numerosos ejemplares que suele haber en un bosque. Y, sin embargo, ese sonido no puede calificarse de canto, puesto que, al igual que los grillos, las cigarras (o chicharras) no cantan, sino que estridulan. Y, también igual que los grillos, solo lo hacen los machos.
Ese sonido tan característico no surge de su boca, sino que procede de su abdomen. Allí disponen de unos sacos de aire que se inflan y desinflan a través de unas membranas llamadas timbales. La intensidad sonora aumenta cuanta más calor hace, por lo que es durante las olas de calor o en las horas centrales del día cuando este ‘canto’ se convierte en la voz del bosque.
A los seres humanos nos parece un sonido monótono, aburrido e incluso molesto. Pero no sucede así para las cigarras, que en realidad emiten distintas variaciones y tonos de su ‘canto’. Las hembras pueden oírlo a largas distancias, pues disponen de un tímpano mucho más potente que el de los machos.
Las funciones de su ‘canto’
La estridulación de las cigarras puede servir para varias finalidades: aparte de atraer a las hembras, también sirve para avisar de un peligro o ahuyentarlo, así como para marcar territorio.
Tiene dos grandes ojos a cada lado de la cabeza / Agencias
Los adultos de la Cicada orni alcanzan aproximadamente 25 milímetros de longitud, con una envergadura alar de aproximadamente 70 milímetros. La coloración del cuerpo varía de marrón a gris. El abdomen tiene segmentos rojizos.
Los ojos son grandes y prominentes, separados hacia ambos lados, con tres pequeños ojos (ocelos) situados en la parte superior, antenas muy cortas y un largo probóscide que el insecto utiliza para alimentarse de la savia de las plantas. Las alas anteriores son transparentes y membranosas, con venas bien dibujadas y varias manchas negras características.










