España rompe el maleficio y vuela a cuartos

La historia del fútbol es caprichosa y, a veces, absolutamente cíclica. Mikel Merino, el mismo hombre que congeló los corazones alemanes con aquel testarazo legendario en los cuartos de final de Stuttgart durante la Eurocopa 2024, ha vuelto a disfrazarse de héroe nacional en una calurosa víspera de San Fermín. En un Cotton Bowl de Dallas abarrotado y eléctrico, el centrocampista navarro firmó el gol de la victoria en el epílogo de un derbi ibérico de máxima igualdad y tensión competitiva.

Desde el pitido inicial, la propuesta futbolística de Luis de la Fuente fue la que llevó el peso del choque. España se adueñó por completo de la posesión del balón, dominó el ritmo del juego y disfrutó de las aproximaciones más claras de cara a la portería lusa. Sin embargo, la resistencia de Portugal amenazaba con estirar el desenlace hasta una prórroga agónica. Fue en el minuto 91 cuando el fútbol dictó sentencia: Ferran Torres dibujó una asistencia magistral para filtrar un pase milimétrico que Merino mandó al fondo de las mallas. Un zarpazo definitivo que mete a España entre las ocho mejores selecciones del planeta y que despide de forma amarga a Cristiano Ronaldo de su última cita mundialista.

Con el billete hacia los cuartos de final bajo el brazo, la expedición española recoge las maletas para abandonar tierras texanas y poner rumbo directo hacia Los Ángeles. La Roja se traslada a la costa oeste de los Estados Unidos para establecer su nuevo cuartel general a la espera de conocer a su próximo rival en el torneo.

Esta victoria no solo quiebra una nefasta racha de 16 años sin superar la barrera de los octavos en una Copa del Mundo, sino que consolida el gran objetivo estratégico del vestuario. El grupo mantiene intacto el gran sueño de seguir superando rondas eliminatorias para volver a cruzar el territorio norteamericano de costa a costa y presentarse en la gran final de Nueva York el próximo 19 de julio.



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