Debutó España en la fase crucial, la que no ofrece margen de error, ofreciendo su mejor versión. Comprometida sin balón, punzante con él y vigorosa en la presión. Oyarzabal dejó dos muescas más en su revólver, Lamine asumió su rol protagonismo y dibujó una sonrisa en la cara de sus compañeros y Olmo ofreció siempre la mejor solución descifrando el partido con su inteligencia táctica. Llegan los de De la Fuente a octavos sin encajar un solo gol y despejando muchas dudas de cara al duelo que les emparejará con el ganador del Portugal-Croacia. Sin llegar al sobresaliente, ofreció un desempeño notable que además confirma la evolución del equipo que recupera crédito y chispa con el paso de los minutos.
Pesimismo inexplicable
Solo el pesimismo antropológico español puede explicar el fatalismo que había envuelto a esta selección pese a no haber estado por debajo en el marcador ni un solo minuto en la fase de grupos del Mundial. Cierto es que ha faltado el brío juvenil que aportaron Lamine y Nico en la Eurocopa, que Rodri está más espeso y que a Pedri le pesan los 54 partidos de este curso. Pero la realidad es que España ha llegado a los cruces con el expediente limpio y el único borrón del empate un Cabo Verde que a día de hoy no ha perdido todavía. Los de De la Fuente comparecían en la fase eliminatoria ante la pegajosa Austria del gurú Ranglick. El padre del ‘gegenpressing’ propuso, como no podía ser de otra forma, un duelo incómodo y áspero. Por eso De la Fuente eligió su once más asociativo con laterales naturales (Porro y Cucurella), extremos (Lamine y Baena) y Dani Olmo generando espacios y soluciones para hacer fluir el juego. Dos propuestas antagónicas: una más poética, la otra plagada de consonantes.
Salió España mordiendo arriba ante los toscos austriacos, lo que le permitió recuperar alto y pisar área temprano. Lamine tenía hambre y Cubarsí pasaba la escoba mientras Laporte utilizaba el extintor para desactivar a los llegadores de segunda línea rivales. Tenía tensión y ritmo el juego español, que dejaba buenas sensaciones. Austria vigilaba de cerca a Pedri y a Lamine, lo que aprovechó Olmo para volar por debajo del radar. Al rústico doble pivote centroeuropeo le duraba poco la pelota en los pies. Solo cuando aparecía Sabitzer se aclaraba algo el juego. Sin llegar a asedio los españoles rondaban el área austriaca con insistencia cuando llegó el final del primer cuarto.
Mikel Oyarzabal celebra su segundo gol ante Austria en el Mundial / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press
A la media hora Cucurella remachó a la red un córner que el sueco anuló por una presunta falta previa de Cubarsí. Para entonces Lamine había abierto una brecha a la derecha por la que sangraba abundantemente Austria y Schlager había sacado dos manos a Lamine y Oyarzabal. Rondaba el gol con un Yamal que lucía su catálogo de ‘freestyler’ callejero ante Laimer. Y el duelo se descorchó con una jugada que replicaba el gol del triunfo en la Eurocopa. Se asomó Cucurella regalando un pase raso y tenso al corazón del área donde apareció Oyarzabal separándose de la portería para acercarse al gol. El partido se ponía cuesta abajo ante una Austria sin argumentos ofensivos. Y pudo ser mayor la renta porque Banea sacó astillas al larguero en una falta y Schlager salvó el remate posterior de Lamine. Al descanso eran mejores las sensaciones que el resultado tras un gran segundo cuarto en el que se vio a la mejor España del Mundial.
Tres goles por la izquierda
Obligado por el panorama Ranglick dejó en el vestuario a su doble pivote y le dio algo más de mordiente a los suyos con Chukwuemeka y Grillitsch en la zona de creación y reclutando a dos pívots para dominar el espacio aéreo del área de Unai Simón con Arnautovic y Kalajdzic. Aparecieron más espacios a la espalda de las cortinas defensivas austriacas y España comenzó a mover con más paciencia y dinamismo. El partido estaba en el alambre entre el gol del empate o la puntilla española. Y en una jugada de toques infinitos de España movió a la defensa austriaca de un lado al otro para terminar con un centro de Baena al área pequeña, donde apareció por sorpresa Porro para cabecear el segundo gol. Un tanto al borde del parón del tercer cuarto que premiaba los méritos españoles en el único momento en que se adivinaba algún peligro a los de Ranglick.
Cambió peones De la Fuente, pero no piezas. Merino por Olmo, Ferran por Baena y Gavi por un Lamine que rondó el gol. España rebajó las revoluciones del partido durmiendo el juego a base de acumular posesión haciendo ancho el campo. Para entonces Unai Simón ya había batido el récord de imbatibilidad en un Mundial de Iker Casillas y De la Fuente manejaba el Excel para gestionar las cargas de minutos. Cucurella regaló el tercero a Oyarzabal con una comba por delante de la defensa para coronar la goleada. La sonrisa de Rosalía y Penélope Cruz resumía un partido en el que Lamine se divirtió y España volvió a convencer. ¡El siguiente, el lunes a las 21:00 horas!
Fuente: El Periódico














