«Celebramos estos sopars a la fresca porque estamos hartos. Hoy esta plaza estaría llena de terrazas de negocios privados que ni siquiera son de aquí y que hacen Palma menos habitable. Queremos continuar y vamos a seguir reconquistando las plazas de nuestra ciudad». La plataforma ‘Brunzit‘ no necesitaba justificarse, pero lo hizo con un mensaje que era toda una declaración de intenciones.
Los sopars a la llesca han regresado con fuerza llenando la plaça d’en Coll con más de medio millar de vecinos. Actos sencillos, pero profundamente reivindicativos, que vuelven justo cuando el Ayuntamiento asiste atontado a la cancelación de algunas de las fiestas populares más emblemáticas y multitudinarias de Palma, dejando a los palmesanos cada vez más huérfanos de espacios de encuentro.
Tras revolucionar Palma el año pasado, ‘Brunzit’ ha recuperado esta iniciativa, que recorrerá distintos barrios de la ciudad con un sopar a la fresca cada miércoles. La plataforma, que no quiere poner caras ni nombres, ha arrancado la nueva temporada igual que el curso verano anterior: en la plaça d’en Coll en una jornada organizada junto a la Associació de Veïns de Canamunt. Por una tarde, las terrazas han cedido el protagonismo a largas mesas populares y a las partidas de truc organizadas.
«Pedimos 400 sillas y ya han faltado. Siempre empezamos con nervios, pero estamos muy contentos», han explicado desde Brunzit. La plataforma considera que, tras la cancelación de las multitudinarias fiestas del Bar Flexas y de Canamunt i Canavall, este tipo de encuentros «son todavía más importantes».
La imagen era muy potente. Por un día, los papeles se invirtieron: eran los turistas y los extranjeros quienes observaban con envidia cómo los mallorquines disfrutaban la plaça d’en Coll, devolviendo el alma a una plaza que, normalmente, parece deshabitada. Aquí el panorama es totalmente diferente en sus días normales; solo se escuchan lenguas anglosajonas y entre las latinas no se incluye el catalán. Los precios para turistas de las terrazas espantan a los palmesanos. Aquí se llega a poner la caña a 3,30 euros, siendo una de las más caras de la ciudad.
«Estoy muy contenta de que haya vuelto esta iniciativa. En Palma faltan espacios para hacer pueblo», explicaba Paula Cáceres. Una opinión compartida por Aina Garcias, que acudía por primera vez: «Da sensación de barrio. En Palma no tenemos espacios para reunirnos entre palmesanos y cada vez cuesta más crear comunidad».
Lleonard Oliver, que el año pasado acudió hasta cinco veces, asegura que «había ganas» y que esta celebración «debe quedarse en el imaginario popular para convertirse en tradición». «Son importantes estos espacios de fiesta; algunos están muy quemados de participar en los movimientos sociales y necesitan esto», añade.
Por su parte, Jaume Andreu Garcias pone en valor el trabajo de la plataforma Brunzit y lanza un dardo al Ayuntamiento tras la cancelación de las fiestas del Bar Flexas y de Canamunt i Canavall: «Esto es mucho más representativo para los palmesanos que La Patrona. Solo necesitas poner unas mesas y quitar las terrazas: la gente seguirá haciendo red porque tiene ganas de juntarse».
La plataforma asegura que, salvo imprevistos de última hora, la próxima parada será la plaza Llorenç Villalonga, escenario el año pasado de la polémica tala de 17 bellasombras por parte del Ayuntamiento pese a la fuerte resistencia vecinal.
La plaza fue llenándose a medida que avanzaba la jornada, con la aparición de varios personajes pintorescos de Palma. Entre ellos destacó una payesa autodenominada Madó Farta, conocida en redes por sus protestas contra la saturación turística, que se sumó al acto para animar a acudir a la manifestación del 26 de julio contra la masificación turística, entre aplausos del público.
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