Al tercer partido de dieciseisavos, llegó la primera prórroga. Se vislumbró en el primero (Canadá-Sudáfrica, 1-0, gol en el minuto 92) y se dio por hecho en el segundo (Brasil-Japón, 2-1, gol en el 96), pero se retrasó al duelo aparentemente desigual. Paraguay aguantó el tiempo reglamentario (1-1) el acoso de Alemania y se consagró a resistir hasta los penaltis (3-4).
Llegó gracias a que el árbitro marroquí Jalal Jayed anulara un gol de Jonathan Tah (m. 102) al entender que hubo un bloqueo previo a Orlando Gill, el meta de Paraguay. Sólo intervino otra vez el meta a un cabezazo de Waldemar Anton antes de la suerte decisiva.
Kai Havertz y Nick Woltemade fallaron sus tiros y Paraguay desaprovechó dos lanzamientos de victoria (Toni Sanabria y Fabián Balbuena). Volvió a errar Tah y otro central, José Canale, no perdonó para sellar la clasificación guaraní.
Alemania volvió a caer demasiado pronto en el Mundial. Después de dos fracasos en las anteriores ediciones sin traspasar la fase de grupos, la eliminación en la primera eliminatoria, y ante Paraguay, confirma que aún carece del nivel que le granjeó la admiración ajena. Julian Nagelsmann no ha mejorado el pasado de Hansi Flick en Qatar y la caída en Boston podría precipitar el final de su carrera al frente de la selección.
Juego plano
El infructuoso ataque constante de Alemania quedó duramente castigado con el 0-1 en una segunda jugada de córner. La segunda vez que pisaba el área desde que en en el fragor inicial Junior Alonso tiraba al cuerpo de Manuel Neuer a bocajarro. No se salió ninguna vez más hasta que lanzó el córner que supo culminar Julio Enciso tras un buen centro desde la derecha de Matías Galarza. El central Gustavo López había cortado un intento de contrataque de Kravertz.
El juego germano fue absolutamente plano. Nagelsmann había sacrificado a Jamal Musiala para premiar a Deniz Undav, el maximo goleador del equipo saliendo siempre desde la suplencia, y al equipo le faltó ingenio en los reducidos espacios que dejaban los guaranís. Criticado por la actitud ultradensiva del último partido ante Australia para asegurar el empate de la clasificación, el argentino Gustavo Alfaro se sintió legitimado para atrincherar a los suyos. Sobre todo, tras adelantarse en el marcador.
Undav y Havertz se instalaron en el área paraguaya, y el plan consistió en apostar por el remate y no en la construcción. El gol del empate lo corroboró: un centro lejano de Florian Wirtz lo peinó Havertz de espaldas a la portería. Sin embargo, al cabo de un rato, Nagelsmann deshacía el cambio del plan inicial y envió a Musiala al césped. Antes había introducido a Leon Goretzka -más poderío aéreo- en el campo en lugar de Felix Nmecha, cuya mejor aportación en el torneo se produjo frente a Curazao en el debut, y luego recurrió a Woltermade, 198 centímetros de rematador. Havertz cabeceó más tarde (m. 78) y Gill hizo su mejor parada.
Nada de lo que tramaba Nagelsmann se traducía en el césped, aunque nadie llegó a perder los nervios salvo alguna provocación personal, que las hubo. Matías Galarza se esforzó en enseñar su capacidad. Alemania supo gestionar el empate con Curazao, el duradero empate con Costa de Marfil, resuelto en el tiempo añadido, y que Ecuador le remontara el marcador sin consecuencias clasificatorias. El técnico no quiso sacrificar a ninguno de los cuatro defensas para que esperaran las llegadas en carrera de los delanteros paraguayos, lanzados a partir de los pelotazos de sus defensas.
Kai Havertz recibe las felicitaciones de Pavlovic y Wirtz tras anotar el 1-1 en el Alemania-Paraguay disputado en Boston. / SHAWN THEW / EFE
El peligro de Alemania era que se partiera en el campo o sucumbir a la presión del reloj, que corría en beneficio de Paraguay por la satisfacción que sentía en el ejercicio de resistencia emprendido. Y a él se consagró aún más en la prórroga con el único propósito de alcanzar los penaltis y que se igualaran las fuerzas.
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