Hace unos meses celebrábamos el centenario del nacimiento de Herminio Ramos dedicándole una sección a nuestro querido maestro, historiador, cronista oficial y defensor del patrimonio zamorano. Aquel reconocimiento adquiere hoy una dimensión especial tras conocerse su fallecimiento.
Zamora despide a uno de sus referentes cuando se cumplen también cien años de la muerte de Antoni Gaudí (10-06-1926), una coincidencia que invita a reflexionar sobre el valor del patrimonio y de quienes dedican su vida a preservarlo.
Ambos pertenecían a mundos distintos, pero compartían una misma convicción: el patrimonio no es un lujo, sino la expresión más auténtica de la identidad de un pueblo. Gaudí elevó la artesanía al rango de arte universal, integrando cerámica, hierro, piedra y madera en una arquitectura irrepetible; Herminio Ramos hizo el camino inverso, descendiendo a los talleres y a los hornos para demostrar que las piezas nacidas de las manos de los alfareros constituían también un tesoro cultural digno de ser protegido y difundido, e impulsando la Feria de la Cerámica que convirtió a la ciudad en un referente nacional de la artesanía tradicional, y que precisamente en estos días podemos disfrutar.
Herminio entendía que las efemérides debían servir para conocer y reconocer a las personas, personajes, hitos y acontecimientos que dejan huella. Así lo dejó plasmado en sus numerosos artículos periodísticos y en la sección de hemeroteca durante años.
Paradójicamente, hoy es él quien se convierte en protagonista de una nueva efeméride. Su escultura de la plaza de San Ildefonso, con el inseparable bolso de maestro, deja de representar únicamente a un cronista ilustre para convertirse en símbolo permanente de quien dedicó toda una vida a enseñar, investigar y defender el legado zamorano.
La escultura está situada junto a su hogar familiar y a la iglesia de San Ildefonso donde fue nombrado Caballero Cubiculario y a donde ha acudido en numerosas ocasiones que han marcado su intrahistoria.
Esta tarde de 28 de junio, cuando se esté realizando la intervención «Horizonte Coomonte» para homenajear de forma colectiva al escultor fallecido José Luis Alonso Coomonte también nos acordaremos de ti.
En el artículo conmemorativo publicado con motivo de su centenario recordaba a Herminio Ramos como «un puente entre dos siglos», un hombre que supo enlazar el pasado con el presente a través de la enseñanza y la cultura. Su vida fue una permanente lección de compromiso. Maestro en el medio rural, profesor del Instituto Claudio Moyano y posteriormente director del colegio Juan XXIII, convirtió la educación en una forma de construir ciudadanía y de transmitir valores que él mismo resumía en tres principios aprendidos como alumno: respeto, estudio y educación.
Pero su legado fue mucho más allá de las aulas. Defendió con la misma pasión los monumentos, los archivos, los documentos y los oficios transmitidos de generación en generación.
Su desaparición cierra un siglo de magisterio y compromiso cultural, pero abre definitivamente el tiempo del legado. En sus libros, en sus artículos, en sus investigaciones y en varias generaciones de alumnos e investigadores permanecerá vivo un maestro que entendió que educar era también enseñar a cuidar la historia.
En el año en que España recuerda a Gaudí como uno de los grandes creadores universales, Zamora despide a quien supo hacer de la memoria cotidiana una obra igualmente perdurable. Porque los edificios construyen ciudades, pero son personas como Herminio Ramos quienes construyen su alma.
Zamora pierde hoy a uno de sus ciudadanos más ilustres. Pero la ciudad conserva su obra. Cada edición de la Feria de la Cerámica, cada persona que lee sus artículos y libros, cada visitante que descubre el valor de la alfarería tradicional o se detiene ante su escultura constituye un homenaje permanente a quien entendió que la cultura solo tiene sentido cuando se comparte.













