Las altas temperaturas del verano y los hábitos propios de esta época, como las comidas al aire libre o los encuentros sociales en los que los alimentos permanecen demasiado tiempo fuera de la nevera, favorecen el aumento de las infecciones alimentarias. En este contexto, también crece el interés por los probióticos, un fenómeno que ha estado impulsado, en parte, por la popularidad que han adquirido en las redes sociales.
Según explica el doctor José González Melián, especialista en Aparato Digestivo en el Hospital Vithas Las Palmas, la microbiota intestinal desempeña un papel fundamental como barrera frente a microorganismos potencialmente dañinos, pues este conjunto de bacterias compite con los patógenos que llegan a través de los alimentos y contribuye a mantener el PH estable para evitar que las bacterias crezcan. No obstante, cuando se produce una infección alimentaria, ese equilibrio se altera. “Esto puede provocar lo que conocemos como disbiosis, y la recuperación dependerá de la gravedad del cuadro. De hecho, puede prolongarse desde varios días hasta semanas”, detalla el facultativo.
Entre las infecciones más habituales durante el período estival, el especialista destaca las causadas por bacterias como la salmonela y el campylobacter, que a menudo están asociadas al consumo de huevos, pollo o carnes poco cocinadas o mal refrigeradas. También menciona el anisakis, un parásito que puede transmitirse a través del pescado crudo o insuficientemente cocinado. “Se dan más casos en verano por el calor, ya que las bacterias se multiplican mucho más rápido a temperatura ambiente que en la nevera. Además, el hecho de celebrar más eventos fuera de casa en los que hay comida que pasa mucho tiempo alejada de la cadena de frío multiplica el riesgo de que algo no se conserve bien”, anota.
Ante esta situación, los probióticos se han consolidado como uno de los productos más demandados por quienes buscan recuperar el equilibrio intestinal tras una gastroenteritis. Ahora bien, ¿son realmente útiles? Tal y como indica el doctor González, la evidencia disponible respalda su eficacia, especialmente en los episodios agudos, ya que pueden ayudar a reducir la duración de la diarrea y favorecer una recuperación más rápida de la microbiota.
Buena hidratación
No obstante, el especialista subraya que no todos los probióticos ofrecen los mismos beneficios. “La clave está en elegir una cepa que esté bien estudiada. Las que cuentan con mayor respaldo son Lactobacillus rhamnosus y la levadura Saccharomyces boulardii. Lo recomendable es empezar a tomarlos cuando aparecen los primeros síntomas, mantenerlos durante todo el episodio de gastroenteritis y, en caso de haber necesitado antibióticos, continuar su consumo tras finalizar el tratamiento”, aconseja el experto. En cualquier caso, insiste en que la prioridad debe ser siempre mantener una correcta hidratación.
Por otro lado, el doctor señala que existen situaciones concretas en las que algunos probióticos pueden emplearse para reducir el riesgo de diarrea -como la diarrea del viajero-. Sin embargo, considera que, para la población general, las medidas preventivas más eficaces siguen siendo mantener una correcta higiene de manos, respetar la cadena de frío de los alimentos y adoptar hábitos saludables.
Más allá del uso de probióticos, la alimentación también desempeña un papel relevante en la recuperación tras una infección alimentaria. En este sentido, el gastroenterólogo subraya la importancia de seguir una dieta rica en fibra y prebióticos, unas sustancias que sirven de alimento a las bacterias beneficiosas de la microbiota y contribuyen a favorecer su recuperación.
Al mismo tiempo, el especialista llama a la prudencia ante el creciente consumo de probióticos y prebióticos sin supervisión profesional. Y es que aunque estos productos no requieren receta médica, su uso siempre debe responder a una indicación individualizada por parte de un profesional. “Muchas personas los consumen sin ningún tipo de control”, advierte el doctor González, quien considera necesario combatir la desinformación y evitar que estos complementos se utilicen de forma crónica sin una valoración especializada.
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