La selección de Colombia ya pisa suelo estadounidense. La expedición sudamericana aterrizó en Miami a última hora de este jueves, dejando atrás su concentración en México para centrarse de lleno en el inminente y atractivo compromiso que le medirá a Portugal. El equipo llega con la maquinaria engrasada tras una intensa etapa de preparación y listo para calibrar su nivel ante el potente combinado europeo.
Antes de poner rumbo a Florida, el conjunto colombiano exprimió sus últimas horas en las instalaciones del Atlas de Guadalajara. La jornada de despedida en tierras aztecas arrancó en el gimnasio con trabajo preventivo, para luego trasladar rápidamente la actividad al césped. Allí, el cuerpo técnico diseñó un circuito de alta intensidad basado en ejercicios de técnica y ruedas de pases conceptuales, buscando la máxima precisión y velocidad en la circulación del balón.
Superada la fase de calentamiento, la sesión subió de revoluciones. El entrenamiento se enfocó de lleno en la pizarra, recreando situaciones reales de juego con especial atención en los automatismos y patrones ofensivos. El objetivo es claro: llegar con la fluidez necesaria en el último tercio del campo para poder hacer daño a la zaga lusa. Las acciones a balón parado pusieron el broche final al trabajo en Guadalajara, puliendo esa estrategia que en duelos de esta envergadura acaba resultando determinante.
Tras completar la sesión y cerrar el equipaje, la delegación partió sobre las cuatro de la tarde en un vuelo directo hacia Estados Unidos. El desplazamiento se completó con absoluta normalidad y, pasadas las diez de la noche, hora local, Colombia ya descansaba en su hotel de concentración en Miami. Ahora, el foco es único y absoluto: preparar los últimos detalles para el choque frente a Portugal que promete emociones fuertes.












