A medida que el mundo acelera su transición hacia las energías limpias, los minerales críticos —litio, cobalto, grafito, níquel y cobre— se han convertido en el nuevo petróleo del siglo XXI. Desde los paneles solares hasta las baterías de los teléfonos móviles o de los coches eléctricos, estos elementos son cruciales para abandonar los combustibles fósiles. Las cifras que maneja la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) son tan vertiginosas como reveladoras. La demanda de litio crecerá más del 350% para 2040, mientras que la de grafito superará el 130%.
El informe Global Trade Update de la UNCTAD dibuja un panorama de oportunidades históricas, pero también de graves riesgos, para los países en desarrollo. Estos países poseen la mayor parte de las reservas mundiales de minerales críticos —África concentra aproximadamente el 25% del total—, pero la historia se repite: la gran mayoría de esas naciones siguen atrapadas en el papel de meros extractores de materia prima, mientras la riqueza real se genera en las plantas de procesamiento de unos pocos países.
La desigual geografía del negocio
El informe señala que la oferta de minerales críticos sigue estando altamente concentrada. En 2025, la República Democrática del Congo acaparó el 74% de la producción mundial de cobalto. China produjo el 78% del grafito natural. Y Australia, Chile y China, juntos, produjeron más del 70% del litio.
Trabajadores extrayendo minerales críticos en una mina / Agencias
Pero la asimetría más abrumadora se da en el refinamiento y el procesamiento, que es donde realmente se crea el valor. Aquí, China juega un papel dominante en el refinamiento de varios minerales críticos, e Indonesia ya representa el 43% de la capacidad mundial de refinado de níquel. El desafío, subraya el informe, es que los países en desarrollo ricos en minerales siguen exportando materias primas, mientras que el procesamiento y la fabricación de mayor valor ocurren en otras latitudes.
Ante este panorama, la política comercial se ha convertido en un arma estratégica. Tanto los países productores como los grandes importadores la utilizan para asegurarse el acceso a los minerales y reforzar su industria.
100 medidas para evitar la especulación
“Desde 2020 se han introducido cerca de 100 nuevas medidas relativas a la exportación de minerales críticos”, contabiliza la ONU: 37 exigencias de licencia, 31 impuestos, 29 prohibiciones de venta al exterior y una cuota. La República Democrática del Congo encabeza la lista, seguida de China e Indonesia.

Los minerales críticos son ya el nuevo petróleo del siglo XXI / Agencias
Estos controles permiten a los países ricos en minerales captar más valor en su propio territorio, al fomentar el procesamiento local en lugar de exportar la materia prima en bruto. Pero también pueden reforzar –o debilitar– la resistencia de las cadenas de suministro globales.
Y, a su vez, los grandes importadores responden con sus propias estrategias. La Unión Europea ha aprobado su Ley de Materias Primas Fundamentales, con objetivos para 2030; Japón subvenciona hasta el 50% de los costes de proyectos mineros y de refinado, y Estados Unidos puso en marcha en 2026 una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares bautizada como Project Vault.
Los acuerdos de colaboración entre países también se han multiplicado. El informe analiza 73 pactos sobre minerales críticos, 58 de ellos firmados desde 2022, que entrelazan política comercial, industrial y de inversión. La mayoría siguen centrados en la extracción y ofrecen pocas garantías para que los países en desarrollo avancen hacia las fases más rentables.











