Mercedes González Fernández (51) es probablemente la persona con menos poder sobre la Guardia Civil de todos los aquí presentes, y también es la única que piensa que postrarse ante Leire Díez no trae consecuencias.
Cualquier ser humano que se reúne una o más veces con la incansable fontanera debe ser destituido por higiene del cargo que ocupa, con independencia del tema que hayan abordado. En el caso de la presunta directora general de la Benemérita, la sustitución implicaría un win-win.
La mayor incógnita sobre Mercedes González no plantea por qué sigue en un puesto hipersensible tras haberlo degradado con sus reuniones, sino por qué fue nombrada en el mayor error de reparto desde que John Wayne interpretó a Genghis Khan. Su comparecencia ante el Senado fue más decepcionante que el España – Cabo Verde que se había disputado el día anterior, salió tan magullada como Topuria del ochenta cumpleaños de Donald Trump en la Casa Blanca.
La transformación de las reuniones con Leire Díez (los socialistas la llaman ‘Díaz’ para simular un distanciamiento) en «tomar un café» es un prodigio de torpeza, aunque encaja con la pésima gestión socialista de las catástrofes encadenadas del partido. Mercedes González no miente, se desmiente, con una frecuencia chocante en la máxima ejecutiva policial.
Mercedes y Leire solo tomaron un café cargado, y ya se sabe que los cafés los carga el diablo. Y encima, la directora de los guardias nos corrige que «yo solo tomo té», para fastidiarnos el chiste pero sobre todo para subrayar una relación inocua. Ya fuera teína o cafeína, la sustancia tenía efectos psicotrópicos. En cuanto salía de la reunión, la responsable de la Benemérita tomaba medidas que coincidían peligrosamente con los designios de la exorcista del PSOE.
En política, una cosa es ser inocente penalmente y muy otra ser inocente solo penalmente. La sentencia del Supremo sobre Ábalos ha complicado además sobremanera el futuro de Mercedes González. Si Díez/Díaz se dirige a la ventanilla de la fiscalía al estilo Aldama y asegura que bebieron un gin-tonic, la condena está garantizada.
Los miembros de la comisión del Senado para las vendettas del PP suelen superar en torpeza a los comparecientes. Sin embargo, Mercedes González debió alegar una intoxicación de té para excusarse en la Cámara Alta.
Hasta cuando dice «buenas tardes», lo está leyendo. El único misterio es averiguar cuáles son exactamente las virtudes que la adornan para una misión que claramente le sobrepasa. Y antes de ser tildado de machista, nadie experimentaría estas prevenciones ante Yolanda Díaz o Margarita Robles. El nombre de la magistrada del Supremo está colado con mala intención, cómo permitió que le infiltraran ese nombramiento en su área de influencia.
Para la sufrida audiencia, las sucesivas versiones contradictorias de Mercedes González son menos llamativas que la facilidad de acceso de presuntos corruptos a los sanctasanctórum del poder. Llamas a las puertas blindadas de la dirección general de la Guardia Civil o de la Fiscalía General del Estado, y te ofrecen un café. Un té incluso, que ya se adentra en el terreno de las perversiones.
A PP y Vox les cuesta atacar a Mercedes González, porque han de extraer como Shylock una libra de carne sin derramar ni una gota de sangre patriótica. La directiva ayuda, al asegurar que la Guardia Civil «es mi familia». Tal vez no se trata de la imagen más deseable, dado que se lucha contra las familias del crimen organizado, cada vez mejor aclimatadas en España, según demuestran los asesinatos que se repiten con toda naturalidad en Madrid y Barcelona.
La directora de la Guardia Civil tiene menos credibilidad que el Gobierno, lo cual es decir mucho. Presume de no estar «ni influenciada por la señora Díez ni por ninguna otra persona». Desconocemos por desgracia la versión de Díez al respecto, y Mercedes González se halla en la situación imposible de que para defenderse ha de desacreditar a la UCO.
El trauma adicional de Mercedes González respecto de Zapatero o Ábalos consiste en que la han denunciado sus propios subordinados. Si necesita un consejo gratuito sin necesidad de tomarse un té, hay que prohibir a los policías y guardias que estudien Derecho, una carrera discursiva que invita a extralimitarse en las conclusiones de los atestados híspidos o ríspidos.
Pese a sus encomiables torpezas, Mercedes González nunca alcanzará la dimensión mítica de Luis Roldán, pero lo mejor que podría ocurrirle al PSOE es que la directora general de la Guardia Civil también huyera a Bangkok, con o sin auxilio funcionarial. A los socialistas ya no se los cree nadie ni cuando mienten.











