No era suficiente con los casi 40 grados de temperatura que lleva rozando todo el día Madrid este martes. Un incendio en la Torre Moeve ha terminado de disparar las temperaturas, literal y metafóricamente, en el distrito financiero de la capital. El fuego, originado sobre las 16 horas, ha obligado a desalojar el edificio afectado y el contiguo, dejando imágenes de tensión y confusión entre los trabajadores, y tres personas atendidas.
La «rápida y eficaz» actuación de los servicios de Emergencias, en palabras del delegado del Gobierno en la región, Francisco Martín, ha permitido que apenas dos horas después de iniciarse las llamas la situación estuviese totalmente bajo control. En torno a las 18 horas los Bomberos han dado por sofocado el incendio, que se había originado en la sala técnica ubicada entre las plantas 23 y 24. Las primeras hipótesis apuntan a un posible cortocircuito en el cuadro eléctrico, aunque habrá que esperar a que la investigación determine la causa exacta.
Pese a lo aparatoso de las llamas y la intensa humareda que durante cerca de una hora han envuelto la torre, propiedad de Amancio Ortega, despertando la alarma entre empleados y vecinos de la zona, no ha habido que lamentar heridos graves. Los sanitarios desplazados hasta el lugar tan solo han tenido que atender a dos personas por intoxicación leve por humo, que no han requerido traslado hospitalario, y a una tercera por un ataque de ansiedad.
La peor parte se la han llevado otros tres empleados que, en el momento de decretarse el incendio, se encontraban por encima de la planta donde se ha originado del fuego. Los tres se refugiaron en la zona de emergencia del piso 27, donde han permanecido confinados hasta que los Bomberos han podido eextinguir las llamas. Pese al mal rato pasado, todos han sido evacuados sanos y salvos, después de haber estado en contacto permanente con los servicios de Emergencias.
Incendio en la torre Moeve, una de las cinco torres del paseo de la Castellana de Madrid / Ricard Gràcia / Alex R. Fischer
Sin llegar a estos extremos, las escenas de nervios y tensión han sido la tónica general entre el resto de trabajadores que, alertados por el olor a humo y el atronador sonido de las alarmas, se han visto obligados a desalojar las oficinas sin saber muy bien qué estaba sucediendo. Muchos han abandonado el edificio sin sus pertenencias, otros llamando por teléfono a familiares o compañeros, mientras en la calle se formaban corrillos de empleados que miraban hacia la parte alta de la torre, aún cubierta por una densa columna de humo.
“Ha empezado a sonar la alarma. Nosotros estábamos en el piso 16 y, a los 30 segundos, ya se empezó a notar el olor”, relataba Germán, uno de los empleados evacuados. «Ha empezado a oler muy fuerte, han saltado las alarmas y hemos procedido a la evacuación”, por las escaleras y siguiendo el protocolo interno para estos casos, explicaba a pie de calle.
Desde dentro, aseguraba, no se ha llegado a escuchar ninguna explosión ni estruendo previo, pese a que algunos medios y vecinos de la zona afirmaban haber oído un sonido fuerte antes de ver el humo. “Nosotros no hemos oído nada de nada. Tan solo sonado la alarma y enseguida se empezó a notar el olor”, insistía.
Una experiencia parecida a la de Alba, otra trabajadora del edificio. No ha pasado miedo como tal, pero sí un sobresalto creciente. “No miedo, pero sí que es verdad que hemos bajado por las escaleras, que son muchas plantas, y cuando hemos llegado abajo estaba la Policía diciendo: ‘Salir, salir’. Entonces ya nos hemos asustado un poco”, relataba. Tanto, que al parar, ha «empezado a notar que me temblaban las piernas. Pensaba que era una vibración del suelo, pero eran mis piernas”, explicaba todavía impresionada.
Como la inmensa mayoría de los evacuados, Alba ha tenido que abandonar su puesto sin recoger sus pertenencias y sin saber si en algún del día momento podrían volver a por ellas. La incertidumbre era todavía mayor para quienes necesitaban recuperar objetos esenciales como las llaves de casa o su medicación, como es el caso de Nerea, que esperaba noticias sobre cuándo podría subir a por sus medicamentos de la alergia. «Si me pasa algo de emergencia, necesito tenerla encima”, explicaba visiblemente intranquila.
Según relataba, los equipos desplazados al lugar están comprobando todavía si era seguro permitir el acceso puntual al edificio. “Están viendo si está seguro y, si lo está, me dejan subir a cogerla”, señalaba. La misma revisión, añadía, podría permitir después que otros trabajadores entrasen a recoger sus pertenencias o sacasen sus coches del aparcamiento. “Creen que sí podremos entrar, pero están revisando ahora”, resumía.














