Para una criatura marina plana de apenas unos milímetros de diámetro, un suave pinchazo se reconoce instantáneamente como un peligro. Trichoplax adhaerens, un organismo translúcido sin cabeza, cerebro, músculos ni nervios, se escurre en segundos cuando se lo toca, demostrando un increíble sentido del tacto.
A simple vista, Trichoplax adhaerens parece una mancha translúcida, casi un accesorio marino sin grandes pretensiones biológicas. Pero este placozoario, uno de los animales más simples conocidos, guarda una capacidad sorprendente: cuando recibe un estímulo mecánico, responde de inmediato y se aleja del contacto con una agilidad inesperada.
Estructuras que se reorientan de forma organizada
El hallazgo, que se describe en un estudio publicado en la revista Current Biology, muestra un comportamiento de escape que no depende de neuronas ni músculos, sino de la organización de sus cilios. Según informa Science X, el animal mide solo unos milímetros de ancho y alrededor de 20 micras de grosor. Se desplaza sobre superficies gracias al batido coordinado de decenas de miles de cilios situados en su cara inferior.
Lo más sorprendente para los investigadores de la Universidad de Aix-Marsella, en Francia, fue comprobar que, tras un toque suave o incluso después de una bisección experimental, el organismo modifica casi al instante la orientación de esos “remos microscópicos” y cambia el rumbo de su movimiento. La respuesta, que parece increíble en un organismo tan sencillo, se produce en segundos y se denomina mecanosensibilidad.
La mecanosensibilidad es la cualidad que define a este organismo marino. / Crédito: ScienceX.
Según el estudio, la clave está en los cuerpos basales de los cilios, las estructuras que fijan su orientación. En lugar de permanecer inmóviles, estas estructuras se reorientan de forma coordinada cuando el animal sufre una perturbación física. Esa reorganización altera la dirección del batido ciliar y provoca una huida organizada, como si todo el cuerpo reaccionara al unísono ante el contacto.
Referencia
Fast mechanosensitive and Ca2+-dependent reorientation of motile cilia basal bodies in the placozoan Trichoplax. Marvin Leria et al. Current Biology (2026). DOI:https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.04.054
Una «cascada» de calcio
Los autores también observaron que la respuesta depende del calcio. Cuando bloquearon determinados canales iónicos o alteraron la disponibilidad de este elemento, el animal dejó de ejecutar el giro de escape. Eso sugiere que una señal mecánica desencadena una «cascada» de calcio que se propaga por la capa inferior del cuerpo y activa la reorientación rápida de los cuerpos basales. Esto significa que el tacto se traduce en movimiento sin pasar por un sistema nervioso centralizado.
El descubrimiento indica que Trichoplax pertenece a un linaje muy antiguo y ayuda a estudiar cómo pudieron coordinarse los primeros animales antes de que existieran cerebros y neuronas especializadas. También ofrece una pista valiosa para la robótica blanda y los materiales activos: sistemas capaces de responder a estímulos y reorganizar su movimiento sin un controlador central.















