El verano de 2026 comienza este domingo, 21 de junio, y lo hace con la primera ola de calor de la temporada. Durante esta jornada se podrán superar los 35 grados de forma generalizada y los 38 o 40 grados en amplias zonas del territorio, con noches -en algunos puntos- que podrían no bajar de los 23 o 25 grados, según la previsión de la Agecnia Estatal de Meteorología (AEMET).
Y con estas temperaturas, nos preguntamos. ¿Podemos entrenarnos para soportar mejor el calor? El doctor Luis Tejedor, jefe de Servicio de Medicina Interna y Geriatría del Hospital Universitario Vithas Madrid Arturo Soria, es claro. «El cuerpo tiene una capacidad asombrosa para optimizar su ‘refrigeración’ y aclimatarse, ajustando la producción de sudor y la circulación sanguínea hacia la piel.». Sin embargo, en la tercera edad y en los niños pequeños esta capacidad es menor porque las glándulas sudoríparas son menos eficientes y la percepción de la sed, así como la capacidad para hidratarse por sí mismos, se modifica, lo que aumenta el riesgo de que la temperatura interna suba peligrosamente.
Hasta 12 días para «acostumbrarse» al calor
El especialista señala que lo ideal para adaptarse fisiológicamente al calor es un periodo de 7 a 14 días de exposición gradual. «En pacientes mayores, se ha comprobado que programas supervisados de unos 12 días son muy eficaces para que el organismo aprenda a gestionar el calor sin que el corazón sufra un estrés excesivo. En ocasiones el clima cambia de manera súbita y no se cumplen estos periodos, por lo que es imprescindible extremar las precauciones«.
Archivo – Una mujer se abanica durante una jornada de intenso calor. / Marta Fernández – Europa Press – Archivo
Y durante esa aclimatización, nuestro cuerpo va a sufrir cambios. Los cambios son:
- un aumento del volumen de sangre (lo que ayuda a la hidratación)
- un descenso de la frecuencia cardíaca
- un sudor que aparece antes y es más abundante.
El doctor Tejedor recalca que «estos ajustes permiten que el cuerpo mantenga una temperatura interna más estable con mucho menos esfuerzo cardiovascular».
Todos tenemos un límite biológico al calor
Con la llegada del calor tenemos que adaptar nuestra rutina a las altas temperaturas. Y también nuestros hábitos saludables como hacer deporte. «Es la forma más potente de adaptarse, pero en mayores o personas con patologías como hipertensión arterial o diabetes, debe hacerse con extrema cautela y supervisión médica», matiza el doctor Tejedor. Si existen problemas de movilidad, incluso opciones pasivas como los baños de agua caliente pueden ayudar a “entrenar” al cuerpo para soportar mejor una posible ola de calor.
Y es que, cuando se supera una determinada temperatura, «existe un punto (llamado temperatura de bulbo húmedo) donde el sudor ya no puede evaporarse y el cuerpo no puede enfriarse más». Para los mayores, este límite de supervivencia es notablemente más bajo que para los jóvenes, por lo que nunca se debe confiar solo en la ‘aclimatación’ y «debemos priorizar siempre la hidratación y evitar las exposiciones prolongadas a altas temperaturas».














