Ser padre o madre es una de las decisiones más importantes de la vida de una persona. Dar el paso de dedicar gran parte de tu tiempo a un niño o niña requiere paciencia y conocimientos. La etapa en la que la mayor parte de los padres, de alguna manera, se distancian emocionalmente de sus hijos es la adolescencia, y David Bueno explica las claves para entender el cerebro de los adolescentes.
David Bueno i Torrens es doctor en biología y divulgador científico en la Universidad de Barcelona. Su trayectoria profesional se centra en la genética del desarrollo, la neuroeducación y su impacto en el comportamiento humano, especialmente durante los procesos de aprendizaje. También ha sido investigador en la Universidad de Oxford y ha realizado estancias en centros de prestigio internacional como el European Molecular Biology Laboratory de Heidelberg, en Alemania.
Este experto en neurociencia ha visitado el podcast ‘El Consultori’ para hablar de qué le ocurre al cerebro en la adolescencia. No solo ha querido explicar qué sucede científicamente en sus cerebros, sino cómo los padres y madres pueden cambiar algunos hábitos para mejorar la falta de conexión con sus hijos.
Tres zonas del cerebro que se transforman
Para empezar, David Bueno habla de las tres zonas del cerebro que sufren las mayores transformaciones en la adolescencia: «Una es la amígdala, que es la que genera las emociones y la que se vuelve hiperreactiva. Responden [los adolescentes] más rápidamente y con mayor intensidad de manera emocional. Y si no pasa de un umbral de seguridad propia y de su entorno, es biológicamente sano, porque las emociones son respuestas rápidas ante situaciones urgentes«.
«La segunda zona que cambia muchísimo es la llamada corteza prefrontal. La tenemos justo delante y es la que nos permite reflexionar, planificar, decidir y gestionar las emociones. Claro, debe madurar para dejar atrás los comportamientos infantiles y adquirir los propios de un joven y adulto. Estos cambios hacen que temporalmente pierda eficiencia de funcionamiento«, continúa explicando Bueno.
Finalmente, anuncia la última: «Y la tercera, a la que llamamos estriado, es la que nos genera sensaciones de recompensa, de bienestar y de placer. Descubren que hay pensamientos de adulto, actividades de adulto, que les activan esta zona del cerebro de una manera bárbara, que hace que se sientan bien, a gusto y placenteros, pero no saben cuáles son porque nunca han sido adultos«.
¿Cómo afectan estos cambios a las relaciones con los padres?
En el pódcast, David Bueno explica cómo estos cambios en el cerebro se relacionan con las situaciones en familia: «Se ha visto que cuando una niña, antes de ser adolescente, oye la voz de su madre, se activa el estriado [zona del cerebro que te da sensaciones de recompensa] y hace que se sienta a gusto. La misma niña, cuando llega adolescente y oye la voz de su madre, activa la amígdala [zona del cerebro que genera emociones], pero la activa en modo amenaza. Además, este cambio ocurre en muy pocos días«.
Finalmente explica que, para los adolescentes, «tienen más influencia sobre su cerebro las horas que los adultos estamos con el móvil ante su presencia, en vez de estar charlando con ellos, que el acceso de horas que ellos mismos puedan tener». Muchas veces, cuando chicos y chicas llegan a casa del instituto, ya encuentran a sus padres chateando y no los miran. Según Bueno, cruzar miradas es importantísimo, ya que favorece un buen vínculo familiar.












