El tedio ha invadido al fútbol ibérico. Si España empató sesteando ante Cabo Verde, Portugal ha igualado bostezando con el Congo. Los de Roberto Martínez mostraron un fútbol perezoso, especialmente tras adelantarse en la primera mitad, y la presencia de Cristiano Ronaldo en punta fue testimonial. Los portugueses, como los españoles, se dejan en el estreno parte del crédito que les señalaba como candidatos a ganar el Mundial tras un lastimoso desempeño ante unos congoleños que sumaron su primer gol y su primer punto en un Mundial.
Ya desde el inicio el Portugal-Congo olía al España-Cabo Verde, sobre todo cuando los africanos se atrincheraron atrás en un 5-3-2. Pero tienen los lusos un centro del campo majestuoso y unos atacantes con botas de terciopelo que llegaban a la cita mundialista en mejor forma que los de De la Fuente. Desde el inicio se vio a Portugal “confiante” moviendo la pelota con brío e intención, hasta el punto de abrir el marcador a los cinco minutos con un testarazo de Joao Neves, el «galáctico» del que se ha encaprichado Florentino. Pintaba a goleada…
Empate en el descuento
Sin embargo, el gol anestesió el choque porque el Congo, que apenas lanzó un par de pellizcos con llegadas de Wissa, siguió pertrechada y los lusos se limitaron a mecer el partido con el balón en los pies esperando algún desliz africano. No hubo noticias de Portugal en el área congoleña en la primera parte, ni siquiera regalaron centros a un Cristiano Ronaldo ansioso por marcar en su sexto Mundial. Pasaban más cosas en la grada que en el césped hasta que en el descuento de la primera mitad Wissa empataba de cabeza a la salida de un córner. Merecida igualada después de que los portugueses se dedicasen a bostezar con la pelota en los pies.
Obligado por la necesidad se esperaba a un Portugal más ambicioso, sin embargo, la segunda parte amaneció con el balón en pies africanos. El madridista Bernardo Silva se quedó en la ducha saliendo a afilar su banda Conceiçao. El partido se abrió y los dos pisaron área. Cancelo adelantó a los lusos, pero estaba adelantado, y Bakambú disparó al palo, pero lo precedió de falta. A la hora de partido los ibéricos sumaban un disparo a puerta, uno menos que los congoleños. El choque llegó al último cuarto, ahora que la FIFA ha convertido el fútbol en otro deporte yankee de cuatro partes, con las espadas en lo alto.
Cuando Portugal se quiso dar cuenta restaba un cuarto de hora y la suficiencia se convirtió en urgencia. Apenas acumulaba un par de remates trabados de Cristiano porque el Congo no sufría y el fantasma del empate comenzaba a sobrevolar el estadio. Aceleraron los europeos el ritmo, pero los africanos defendían con solvencia y se desplegaban con peligro. Incluso pudo marcar Bakambú porque a los defensas lusos le temblaban las piernas y sus atacantes se cargaban de frustración cuando Vitinha dejó su sitio a Gonçalo Ramos a la desesperada. El final no ofreció mayores novedades que la constatación de que esta Portugal plomiza no anda muy lejos de la España de De la Fuente. Y lo preocupante es que los dos están varios escalones por debajo de la Francia de Mbappé o la Argentina de Messi.
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