Un ataque más por parte de Marruecos y el creciente distanciamiento de España respecto a la causa saharaui. Así resume el delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, el escenario actual del Sáhara Occidental tras la última ofensiva de Rabat, en la que murieron tres combatientes saharauis, entre ellos Lehbib Mohamed Abdelaziz, hijo del histórico dirigente Mohamed Abdelaziz. La ausencia de una condena por parte del Gobierno español después de los ataques de Rabat evidencia el giro que Madrid ha mantenido en los últimos años sobre el conflicto. «El actual Gobierno de España, fundamentalmente su presidente, lleva cuatro años apostando por la propuesta de autonomía como mejor solución para el Sáhara Occidental, lo que supone desmarcarse completamente del derecho internacional, desligarse de sus responsabilidades y obligaciones y dar la espalda a una sociedad inmensamente solidaria con el pueblo saharaui, que es la sociedad española», sostiene Arabi.
El escenario, en este sentido, es claro: mientras la política exterior española ha defendido de forma activa los derechos humanos en conflictos como los de Palestina o Ucrania, no ha mantenido la misma posición en los últimos años respecto al Sáhara Occidental. El cambio de postura se acentuó en 2022, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez respaldó el plan de autonomía propuesto por Marruecos. Un giro que supuso un alejamiento de la tradicional posición española alineada con las resoluciones de Naciones Unidas sobre la autodeterminación del pueblo saharaui. «El Gobierno de España se ha desligado del derecho internacional y se ha posicionado al lado de las pretensiones de Marruecos», critica Abdulah Arabi.
Después de los episodios del 8 de junio, el reino alauí puso de relieve su creciente poderío tecnológico en este tipo de acciones. El ataque coincidió además con la visita del enviado especial de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, el ítalo-sueco Staffan de Mistura, a los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Un contexto que refuerza la percepción de que Marruecos realizó toda una declaración de intenciones en un escenario de especial tensión en la región.
Una guerra que se prolonga
La visita de Staffan de Mistura trataba de impulsar las negociaciones en cuanto al plan de autonomía del Sáhara, que permanecen bloqueadas pese a los intentos de reactivación promovidos en los últimos meses. El contexto actual no favorece el diálogo: las conversaciones se encuentran paralizadas después del ataque con artillería lanzado por el Frente Polisario a principios de mayo contra una base militar marroquí en Esmara, al noreste del Sáhara Occidental, y de la posterior respuesta de Rabat mediante el uso de drones.
El episodio, además, pone de manifiesto la desigualdad militar existente entre Marruecos y el Frente Polisario. Rabat ha consolidado su control del espacio aéreo del Sáhara Occidental gracias al despliegue de drones turcos ‘Bayraktar’ y sistemas israelíes como los ‘IAI Harop’, que le permiten realizar operaciones de vigilancia y ataques a distancia con una clara ventaja tecnológica. Frente a ello, las capacidades del Polisario son mucho más limitadas y dependen en gran medida del material proporcionado por Argelia, principal aliado político y militar del Frente Polisario.
Pero la situación no es nueva. «En el Sáhara Occidental hay una guerra desde el 13 de noviembre de 2020. El último ataque no es más que un ataque adicional por parte de las fuerzas marroquíes, lo que demuestra que la voluntad de Marruecos de alcanzar una solución en el marco del derecho internacional y mediante una vía política y negociada con el Frente Polisario no es más que una cortina de humo», explica el delegado. Por su parte, el Frente Polisario «va a seguir apostando por la vía pacífica como mejor solución, pero también con la misma determinación para seguir defendiendo el legítimo derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación«.
La capacidad militar de Marruecos
La transformación de la capacidad militar de Marruecos se enmarca en un proceso de modernización sostenida de sus fuerzas armadas en los últimos años. Mientras que Rabat ha impulsado una profunda actualización de sus capacidades de vigilancia y ataque, el Ejército marroquí se ha equipado con drones de origen israelí y turco para responder a los avances del Frente Polisario en el desierto.
El salto tecnológico de las Fuerzas Armadas marroquíes ha estado marcado por una creciente incorporación de sistemas de última generación. A los drones turcos ‘Bayraktar TB2’, que comenzaron a formar parte de su arsenal en los últimos años, se han añadido modelos más sofisticados como los ‘Bayraktar Akinci’, junto con tecnología de origen israelí y chino enfocada en tareas de vigilancia, localización de objetivos y operaciones de ataque de precisión. Esta modernización ha cambiado la forma de operar de Rabat en el conflicto saharaui, permitiéndole golpear a distancia, reducir la presencia de efectivos sobre el terreno y aumentar su capacidad de control sobre amplias zonas del territorio. Un cambio estratégico que ha reforzado su dominio aéreo en el Sáhara Occidental.
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