La Región de Murcia dispondrá por primera vez de una estación de fondo específica para mejorar el cálculo de las intrusiones de polvo sahariano. Según ha podido saber esta Redacción, el Ministerio para la Transición Ecológica ya ha dado el visto bueno a la creación de esta nueva infraestructura, una reivindicación que la Comunidad Autónoma venía defendiendo desde hace años para mejorar la evaluación de la calidad del aire y ajustar con mayor precisión los cálculos exigidos por la normativa europea.
La noticia supone un paso relevante en un ámbito poco conocido para la ciudadanía, pero con consecuencias directas sobre la interpretación de los datos de contaminación atmosférica. Fuentes de la Consejería de Medio Ambiente, técnicos de la Dirección General que dirige Juan Antonio Mata, explicaron a preguntas de La Opinión que la nueva estación, que estará operativa en año y medio, permitirá corregir las limitaciones que presenta el sistema utilizado hasta ahora para descontar el efecto de las intrusiones de polvo sahariano.
El anuncio pone fin a años de trabajo técnico y de intercambio de información entre la Comunidad Autónoma y la Administración central. Los responsables regionales defendieron que la singularidad geográfica y meteorológica de la Región de Murcia exigía disponer de una referencia propia que reflejara con mayor fidelidad el comportamiento de las masas de polvo sahariano sobre el territorio. La autorización ministerial supone además el reconocimiento de los estudios y análisis desarrollados por la red regional de vigilancia de la calidad del aire. También abre la puerta a disponer de una herramienta más ajustada a las características atmosféricas de la Región, algo que venían reclamando los especialistas encargados de interpretar estos episodios naturales.
Los expertos recordaron que las estaciones de fondo se sitúan en lugares alejados de fuentes de contaminación como el tráfico o la actividad industrial para medir los niveles naturales de contaminantes presentes en la atmósfera.
La Región ya cuenta con una estación de estas características en Caravaca de la Cruz. Sin embargo, los técnicos subrayaron que no resulta adecuada para una función muy concreta: calcular los descuentos asociados a las intrusiones de polvo sahariano.
Durante la explicación ofrecida a este periódico recordaron que cuando una masa de aire procedente del norte de África transporta partículas en suspensión, estas elevan notablemente los registros de contaminación. Aunque afectan a la calidad del aire y pueden tener consecuencias para la salud, la normativa europea establece que, a efectos de cumplimiento legal, debe descontarse la fracción de origen natural e inevitable.
«Hay que descontar la parte natural», resumieron los responsables. Eso no significa que las administraciones ignoren estos episodios. Cuando se producen situaciones de calima intensa, la Comunidad Autónoma activa avisos y recomendaciones dirigidas especialmente a los colectivos más vulnerables.
Hasta ahora, la referencia utilizada para la Región de Murcia ha sido una estación estatal ubicada en Víznar, en Granada. Según los técnicos, ahí radica el principal problema. La instalación se encuentra a unos 260 kilómetros de Murcia y a una altitud cercana a los 1.100 metros sobre el nivel del mar, muy por encima de la realidad geográfica de la mayor parte de las ciudades murcianas.
Esa diferencia provoca que las intrusiones de polvo sahariano no se comporten igual en ambos territorios. Los responsables explicaron que en ocasiones la estación granadina detecta el fenómeno varios días antes de que llegue a Murcia y, en otras, deja de registrarlo cuando todavía sigue afectando a la comunidad autónoma.
Como consecuencia, determinados episodios no quedan correctamente reflejados en los cálculos oficiales. «Nos quedábamos sin herramienta alguna para poder demostrarlo», afirmaron al referirse a jornadas en las que la contaminación tenía un origen natural, pero no podía justificarse adecuadamente mediante el sistema actual.
Durante los últimos años, la Comunidad Autónoma ha recopilado datos de su red de vigilancia para demostrar estas discrepancias. Ese trabajo técnico ha servido para respaldar una reivindicación que finalmente ha obtenido el respaldo del Ministerio.
La nueva estación todavía no tiene ubicación definitiva. El siguiente paso consistirá en determinar cuál es el emplazamiento más adecuado para instalarla. Deberá reunir una condición compleja: mantenerse alejada de focos de contaminación humana y, al mismo tiempo, encontrarse en una zona donde las intrusiones saharianas resulten representativas de lo que sucede en la Región.
La elección no será arbitraria. Los técnicos explicaron que se apoyará en estudios de modelización atmosférica y en criterios fijados por la normativa para garantizar que los datos obtenidos sean representativos y útiles para la evaluación de la calidad del aire. Por ese motivo se descarta utilizar directamente la estación de Caravaca. Aunque cumple adecuadamente su papel como estación de fondo regional, los técnicos consideran que no es la mejor opción para monitorizar los episodios de polvo africano que afectan a las áreas más pobladas.
La futura instalación será financiada (unos 200.000 euros) y gestionada por la Comunidad. Su objetivo será disponer de una referencia propia para medir con mayor precisión el impacto de las intrusiones saharianas y mejorar la exactitud de los cálculos empleados para evaluar el cumplimiento de la normativa de calidad del aire. Un avance que permitirá adaptar mejor los datos a la realidad atmosférica de la Región.
¿Cómo se decide y dónde se coloca una estación atmosférica?
La ubicación de una estación de vigilancia atmosférica es el resultado de un proceso técnico mucho más complejo de lo que podría parecer. Desde la Consejería explican que la normativa estatal establece criterios de «macroimplantación» y «microimplantación».
La macroimplantación determina en qué zona general debe situarse una estación para representar adecuadamente las condiciones atmosféricas de un territorio. Para ello se emplean modelos matemáticos y simulaciones desarrollados por especialistas en modelización atmosférica. Una vez elegida esa zona, comienza la fase de microimplantación, que consiste en localizar el punto exacto donde se instalarán los equipos. En esta etapa se analizan factores muy concretos: proximidad de carreteras, edificios cercanos, obstáculos que alteren la circulación del aire, disponibilidad de suministro eléctrico, cobertura de telecomunicaciones o condiciones de seguridad. La combinación de ambas fases permite garantizar que los datos obtenidos sean representativos y comparables con los de otras redes nacionales y europeas.












