Han pasado ya unas horas desde la marcha del papa de Canarias. ¿Qué valoración hace de la visita como uno de los anfitriones?
La valoración no puede ser sino muy positiva. Se ha visto en las calles, en la gente volcada, en los gestos del santo padre y en sus palabras. Hemos visto una sociedad y una Iglesia canaria, en las dos diócesis del Archipiélago y de una forma especial aquí en Tenerife, que se ha volcado. Ahora nos corresponde seguir viviendo esa actitud de acogida que nos caracteriza, luchando contra las mafias que existen en el ámbito de las migraciones y contra actitudes xenófobas o de indiferencia ante esta realidad.
¿Merecieron la pena el esfuerzo y los quebraderos de cabeza?
Estamos muy contentos y muy felices. Ahora podemos decir que mereció la pena tanto trabajo y tantas medidas que tuvieron que tomarse, algunas más aceptadas y otras menos, porque vemos los frutos. Por el bien de nuestro pueblo, ha merecido la pena.
Una de las imágenes más poderosas de estos días ha sido la cercanía del papa con los migrantes y las personas más vulnerables. ¿Qué le ha impresionado de esos gestos?
Se vio en todos los actos y especialmente en los encuentros con los migrantes. También en la eucaristía, con la participación en las lecturas de personas de Venezuela, Filipinas o Guinea Conakry, que nos hablan de una Iglesia universal, una Iglesia que no conoce fronteras y donde nadie es extranjero. Yo tuve la oportunidad de estar cerca del santo padre y su mirada hacia los migrantes, hacia aquellos niños y aquella niña, son imágenes que quedan en el corazón. Hablan del cariño y del amor del papa y de la Iglesia hacia estas personas, y ojalá también de toda la sociedad.
«Espero que esta visita apostólica sea un impulso para la Iglesia, que recupere la alegría de la fe»
El papa se marcha, pero sus palabras dejan un mensaje. ¿Cuál cree que es el compromiso que ahora queda para la Iglesia y para la sociedad canaria?
Damos gracias al santo padre por sus palabras, palabras contundentes, duras en algunos momentos, pero también esperanzadoras. Ojalá que las palabras del papa, sus gestos, su mirada, sus abrazos a quienes sufren y su capacidad de escucha hayan llegado a nuestro corazón y todos recordemos el 11 y 12 de junio como algo más que fechas históricas.
Cuando sintió la llamada al sacerdocio, ¿alguna vez imaginó que algún día llegaría a ser obispo?
No, para nada. Uno siente la vocación para ser sacerdote, siente el deseo de servir al Señor y de entregar la vida a los demás. No piensa en ser obispo ni en ocupar un cargo. La llamada nace del deseo de darse y de ponerse al servicio de los demás.
Usted es grancanario y ahora está al frente de la Diócesis de Tenerife. ¿Cómo se lleva esa circunstancia en una tierra marcada históricamente por el pleito insular?
Con total normalidad y muy bien. Mi experiencia ha sido que la inmensa mayoría de las personas me han acogido con muchísimo cariño. Me siento querido, apreciado y acompañado. Sinceramente, no he percibido ese llamado pleito insular. Puede haber alguna persona que haga algún comentario, pero en la vida cotidiana de nuestra gente no ha sido así. Mi acogida en Tenerife ha sido muy fácil y muy buena.
¿Cuándo y cómo conoce la noticia de que el Papa quería venir a España y a Canarias?
La posibilidad de que el santo padre pudiera trasladarse a Canarias comenzó a surgir después de la visita del 9 de enero. Se empezó a plantear que el santo padre pudiera venir a España y visitar Madrid, Cataluña y Canarias, lo que suponía su presencia en las cuatro diócesis. Fue una posibilidad que se fue fraguando poco a poco. Hubo que esperar varios meses hasta que, a finales de febrero y marzo, comenzaron a darse pasos más concretos. Finalmente se fue confirmando todo hasta llegar a la publicación de la agenda oficial.
Hubo quien interpretó que Tenerife entraba en el viaje a Canarias gracias a la generosidad del obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos. ¿Fue así?
No, no es correcto. Tenerife entra en el viaje porque el papa quiere venir a Canarias. Canarias tiene dos diócesis y el santo padre quiso estar presente en ambas. El papa Francisco ya tenía el deseo de venir especialmente por la realidad migratoria de El Hierro y el papa León XIV mantuvo esa sensibilidad, pero además quiso visitar las dos iglesias presentes en el Archipiélago.
¿Comprende la decepción que pudo existir en El Hierro por no recibir finalmente la visita del pontífice?
La entiendo y me parece comprensible que algunas personas lo hayan vivido con tristeza. Pero también hay que ser razonables y tener presente que una visita papal tiene unos tiempos muy limitados. El tiempo previsto en Canarias era de apenas unas horas y había que buscar la manera de que el mayor número posible de personas pudiera encontrarse con el Santo Padre. Se estudió la posibilidad de acudir a El Hierro. Yo mismo hice la propuesta y se analizó su viabilidad. Técnicamente era posible, pero suponía dificultades de movilidad y, sobre todo, de tiempo. Por eso se optó por la fórmula que permitiera una mayor participación del conjunto de la Iglesia.
Al papa León XIV se le había presentado como una persona tímida, pero durante este viaje se le ha visto cercano. ¿Le ha sorprendido?
Yo creo que el papa se ha mostrado como realmente es. Es una persona con un carácter más reservado, eso es cierto, pero al mismo tiempo es cercano. Lo hemos visto romper el protocolo para acercarse a la gente, saludar, escuchar y compartir momentos de gran humanidad. Se le ha visto feliz, contento y emocionado. Su sonrisa y su capacidad de acoger hablan también sin palabras.
¿Esa cercanía ha sido espontánea o ha sido una impostura para quedar bien?
No ha habido ninguna impostura. Todo ha sido muy natural. El papa ha sido él mismo y eso es lo que más ha llegado a la gente. Él mismo ha expresado que está feliz por la respuesta del pueblo español durante esta visita.
¿España ha cambiado al papa León XIV?
No sabría decirlo con exactitud. Toda experiencia nos transforma de alguna manera. Pero no diría que España haya provocado un cambio en él. Quizá aquí se ha sentido especialmente cómodo por su conocimiento de la cultura hispana y latinoamericana, el idioma y los vínculos existentes. Él mismo ha dicho que siente un gran afecto por nuestro país.
Cuando León XIV habla en Canarias sobre migración, ¿lo hace desde un conocimiento previo, algún obispo lo asesora?
El papa está al corriente de la realidad del mundo. Además, su experiencia le permite comprender muy bien este fenómeno. Es estadounidense, ha vivido muchos años en Perú y conoce de primera mano los movimientos migratorios. No es una realidad ajena para él. Conoce el sufrimiento detrás de cada proceso migratorio y ha mostrado una sensibilidad especial.
¿Existe una comunicación directa entre Canarias y el Vaticano sobre la ruta atlántica, entre otros asuntos?
Sí, existe una comunicación permanente. La Nunciatura Apostólica desempeña un papel importante, mantiene informado al santo padre y también contacta con los obispos. Mi predecesor, Bernardo Álvarez junto a José Mazuelos, enviaron una carta pastoral al papa sobre la realidad migratoria de Canarias.
¿Fue importante la implicación del Gobierno de Canarias para la visita? ¿Jugó un papel clave el presidente de Canarias para facilitar la visita del papa?
No me corresponde decir si fue determinante, pero sí quiero expresar gratitud por la implicación de las instituciones. Una visita de estas características requiere colaboración institucional. Hubo apoyo importante desde el primer momento.
«Las pocas horas de estancia del papa en Canarias hizo descartar la visita a El Hierro»
¿En qué acto ha puesto usted más corazón?
Es difícil elegir uno. Cada acto tiene su significado. El encuentro migratorio fue muy importante, pero la eucaristía tiene un valor especial. Hemos querido expresar nuestra identidad canaria con signos propios, música, ofrendas y la presencia de reliquias. Todo ha sido un gesto de comunión con la Iglesia universal.
¿Qué recuerdo le deja la gran eucaristía en la dársena de Puerto de Santa Cruz de Tenerife?
El esfuerzo de muchas personas y la participación de la comunidad. Ha sido un momento de enorme fuerza eclesial.
¿Cuánto supone económicamente la visita a la Diócesis?
Todavía es pronto para una cifra definitiva. Habrá una auditoría y se dará transparencia total. Los gastos se cubrirán con subvenciones y donaciones.
¿Qué responde a las críticas por el uso de dinero público?
Las instituciones colaboran habitualmente con eventos de todo tipo. Es legítimo discrepar. Pero este dinero se queda aquí, genera empleo y actividad económica. Además, el papa no cobra por venir.
¿Cómo vivió la polémica por la suspensión del concierto que se iba a desarrollar al lado de la misa?
Nosotros nunca pedimos la suspensión. Solo pedimos respetar horarios para los ensayos. La decisión final la tomaron las autoridades por seguridad y coordinación.
¿Percibe usted un resurgir de lo religioso?
Sí. Hay un anhelo profundo en muchas personas que no se llena con lo que el mundo ofrece. Cada vez hay jóvenes que piden el bautismo y buscan algo más.
«Mi acogida en Tenerife ha sido muy fácil y muy buena. Me siento querido, apreciado y acompañado»
¿Qué espera que quede de esta visita?
Que sea un impulso para la Iglesia, que recupere la alegría de la fe y nos ayude a vivir con más compromiso y servicio a los demás.
¿Con qué imagen personal se queda?
Con la alegría del pueblo, la respuesta de la gente en las calles y la cercanía del papa, su manera de mirar a las personas y hacerlas sentir importantes.
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