Tras el besamanos de rigor, con más de una genuflexión, todos los invitados tenían ganas de sacar el abanico y arrimarse a los enormes ventiladores colocados estratégicamente en la zona del cóctel, en la que los grupitos se iban formando sobre todo según afinidades. Ese fue el caso de la reina Letizia, que estuvo acompañada y departió de forma distendida con el mundo del cine en Mallorca, empezando por su anfitrión el pasado domingo en la clausura del Atlàntida Mallorca Film Festival, Jaume Ripoll, y la directora de producción, Cristina Gómez. También se encontraban los cineastas Rafa Cortés, cuya ópera prima, Yo, se proyectó en el certamen en el 20 aniversario de su estreno; y Toni Bestard, que anoche avanzó que en septiembre empezará a rodar una película en Mallorca. El codirector de la serie Norats es un habitual del Evolution Film Fest, cuya directora, Sandra Seeling, recordó en el cóctel que en octubre cumplirán 15 años.
La monarca también conversó con la joyera Isabel Guarch, cuyas piezas luce asiduamente en la isla, y por supuesto con la diseñadora del vestido que llevó esta velada en Marivent, Sybilla. Informada de la actualidad social en Mallorca, la reina sabía que el día anterior el diseñador Pablo Erroz había sido nombrado por el Consell embajador de Mallorca, Terra d’Honor. Ayer llevaba la aguja de plata del reconocimiento y ella se interesó por ver la simbólica pieza. Con el diseñador de su vestido el verano pasado, el ibicenco Tony Bonet, habló de «trabajo, moda y la vida», resumió el invitado. En el ámbito de las artes visuales se pudo ver a la directora de la Fundació Miró, Antònia Maria Perelló, la artista y jefa de estudios de Bellas Artes en Adema, Amparo Sard, el escultor Lolo Garner, la pintora Natasha Zupan, y el coordinador de Cultura del Ayuntamiento, Fernando Gómez de la Cuesta.
Mientras tanto, las pequeñas de la Familia Real iban haciendo sus corrillos con otros jóvenes. En uno de ellos, la infanta Sofía contó que le gustaba mucho Lisboa, la capital en la que está estudiando Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Y a la pregunta de si hablaba portugués, la hermana de Leonor les matizó que aún habla «portuñol». Asimismo, fue muy comentado el nuevo peinado de la heredera al trono, con ondas en su pelo liso. En cuanto al vestuario, lució un top con falda a juego de color rojo con tonos amarillos y azules de la marca de moda sostenible Thinking Mu. Su hermana llevó un vestido tie-dye de la firma italiana Momonì.
Por segundo año consecutivo, la etiqueta fijada por protocolo de la Casa Real para los hombres fue camisa clara con cuello o la típica guayabera latinoamericana que tanta revolución causó el pasado verano entre los habituales a las camisas con corbata y chaqueta. Este año hubo más invitados que se hicieron con una guayabera, que aconjuntaron con pantalón oscuro, tal recomendaban. Sin embargo, pese a que las mujeres tenían por etiqueta poder llevar vestido corto, la mayoría optaron por el midi o largo.
Una de ellas fue la consellera de Cultura del Consell de Mallorca, Antònia Roca, que con su vestido hizo un homenaje al patrimonio textil y los oficios artesanos de la isla. Fue diseñado y realizado por Joana Borràs, de Feel Mallorca, y está inspirado en las tradicionales enaguas de las payesas. También estuvieron presentes en el cóctel los representantes de las firmas de las telas de llengos, Teixits Bujosa, Vicens y Riera. La propietaria de esta última, Catalina Crespí, acudió a la recepción con su hijo, Biel Riera, y departió amigablemente con doña Sofía.
En el ámbito gastronómico, lo local también tuvo protagonismo, sobre todo en el menú diseñado a tres manos por los cocineros de la isla Marga Coll, Maca de Castro y Santi Taura. Consistió en tumbet mallorquín tradicional, mousse de camaiot, serviola con pimientos, berenjenas en escabeche con queso de Maó curado, tomate con raya seca de Formentera, ternera mallorquina con alcaparras, trempó con sardinas ahumadas e hinojo marino, flor de calabacin, patata y olivas, banderilla de porc negre, salmonetes de roca mallorquines crujientes con mahonesa de hierbas de caracol, croqueta de bollit con cuatro especias, granada de alboronia, calamarí relleno de carne de porc negre, tortilla de sobrasada, bombón de vaca roja menorquina a la italiana, almendras y romero, merengue de cacahuete y chocolate y flaó ibicenco. Para los vinos, escogieron mallorquines, menorquines e ibicencos, además de cava, para coronar una velada marcada por el calor, la humedad, los reencuentros y las conversaciones distendidas, donde seguro que también se habló del tema del verano: el eclipse.
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