Naiara, una madre y empresaria de 33 años, ha decidido exponer su realidad en la red social TikTok. Su historia, la de una exenfermera que ahora es dueña de tres restaurantes y madre de una niña de dos años, se ha vuelto un testimonio viral sobre las dificultades de la conciliación y el emprendimiento. En un vídeo de su cuenta @idemrestaurante, se pregunta: «No sé en qué momento esto me pareció que iba a ser una buena idea».
Antes de sumergirse en el mundo de la hostelería, Naiara tenía una vida muy diferente. Trabajaba como enfermera en «una planta muy dura», con turnos de 12 horas en un hospital. A pesar de la exigencia, asegura que «la vida estaba bajo control». Según relata, al salir del hospital conseguía «desconectar» la mente, algo que ahora le resulta imposible.
El sueño que lo cambió todo
El punto de inflexión en su vida fue conocer a su marido. Él tenía el sueño de abrir un restaurante y ella decidió apoyarlo. «Chica conoce chico. Chica se enamora de chico. Chico le dice que su sueño es tener un restaurante y la chica, ¿qué hace? Pues le da alas», explica. La ironía, cuenta, es que quizás le dio demasiadas alas, porque ese sueño inicial se ha multiplicado por tres.
Si hubiese sabido que esto era lo que me esperaba, le hubiese dicho que no en el altar»
Una camarera trabajando en un restaurante
Lo que empezó como un proyecto de pareja ha crecido hasta convertirse en un caos de vida compartido. No están solos en esta aventura; han arrastrado a sus «dos mejores amigos», convirtiéndose en cuatro socios que gestionan los tres locales «sin manual de instrucciones». Una situación que, como en otros casos de la hostelería, exige una gran vocación y a veces, como pide una camarera de Málaga, un poco de empatía por parte de todos.
El sacrificio personal del emprendimiento
Por si la gestión de tres negocios no fuera suficiente, hace dos años la pareja se convirtió en padres. La llegada de su hija, a quien describe como «lo mejor que nos ha dado la vida», también ha hecho que «todo sea muchísimo más complicado». Naiara es contundente al respecto: «No es lo mismo emprender sin tener familia que emprender teniendo hijos«.
Esta nueva realidad la ha obligado a dejar su profesión como enfermera. Ahora, su tiempo se divide entre «trabajar, criar y darle a mi hija tiempo de calidad». En medio de esta vorágine, emerge una dura confesión sobre el sacrificio personal: «A veces tengo la franca sensación de que quiero llegar a todo y no llego a nada y alguien está abandonado aquí. No son ni mis restaurantes ni mi hija, soy yo».
Alguien está abandonado aquí. No son ni mis restaurantes ni mi hija, soy yo»

Una camarera trabajando en un restaurante
Su testimonio resuena con el de otras personas que han dado un giro radical a sus vidas dentro del exigente sector de la restauración, como la historia de las dos cocineras que dejaron un restaurante con estrella Michelin para abrir un bar en un pueblo. Con la intención de no sentirse tan sola y crear una comunidad, Naiara ha decidido contar en sus redes «cómo es gestionar tres restaurantes sin morir en el intento», prometiendo una actualización cada domingo con «mucho salseo».












