El Gobierno y el PSOE en pleno defendían a Zapatero con la intensidad que merece un hombre humilde, hipotecado, de ingresos mesurados que consigna religiosamente en el IRPF. Según su portavoz, el expresidente socialista había sometido a tasación las joyas también modestas, que guardaba en una caja fuerte por respeto al patrimonio familiar. Se movían entre treinta y cincuenta mil euros, la media de la burguesía acomodada. Todo esto era antes de que Washington, el FBI y la CIA se conjuraran para valorar el tesoro en un millón muy largo, disfrazados de la prestigiosa casa Ansorena y del Instituto Gemológico Español.
Esta innoble confabulación no desacredita a Zapatero. Al contrario, lo revaloriza en más de un millón de euros, los españoles incluso socialistas lo mirarán a partir de ahora con más temor que respeto.
González dejará de mofarse de las escasas habilidades de su sucesor, para el contrabando que ahora le imputa la Audiencia. A propósito, con un portavoz así, la condena está garantizada. A quienes habían depositado el tesoro de su confianza en el mago ZP, les admirará saber que transformaba esa fortuna en piedras preciosas de valor calculable desgraciadamente. En concreto, su precio equivale al hundimiento de un partido centenario.
A la población le costará dejar de creer en este Zapatero agrandado y enjoyado, pero la democracia exige esfuerzos. Cómo enlazar al ZP del escondrijo de urraca con el paladín mitinero. Un optimista concluirá que no puede empeorar la situación del partido de Sánchez, autor de la concesión de 53 millones a Plus Ultra desde el consejo de ministros. Sin embargo, es posible agravar el calvario postpapal socialista, pues quién se atreve a descartar hoy que las manoseadas piezas de joyería tengan un origen ilícito. La única certeza es que nadie creerá en el futuro a Zapatero ni a su portavoz deslenguado. Por ejemplo, cuando impartan la doctrina de que Trump no tiene problema de mayor rango que empeñarse personalmente en la destrucción del expresidente. Para qué, con lo bien que funciona la autodestrucción del PSOE.














