Cuando Serena Williams anunció la pasada semana de forma oficial su regreso al tenis profesional a los 44 años, la noticia provocó una mezcla de sorpresa, admiración y escepticismo. La estadounidense, ganadora de 23 títulos de Grand Slam y considerada una de las mejores deportistas de todos los tiempos, llevaba casi cuatro años alejada de la competición desde su despedida en el US Open de 2022. Sin embargo, las imágenes de sus entrenamientos y los testimonios de quienes han compartido pista con ella recientemente apuntan a una realidad que se ha evidenciado esta tarde en su debut en el torneo de Queen’s: Serena vuelve en una condición física que pocos esperaban a su edad.
Su reaparición en el torneo británico junto a la joven canadiense Victoria Mboko se ha convertido ya en su primera victoria de esta nueva etapa tras superar por 7-6/6-2 frente a Erin Routliffe y Nicole Melichar. Más allá del impacto mediático, la gran pregunta es cómo ha conseguido mantenerse preparada para afrontar de nuevo las exigencias del tenis profesional después de tanto tiempo fuera del circuito y de haber sido madre por segunda vez.
Décadas de entrega
La primera de las claves que han hecho posible este retorno tiene que ver con algo que no se pierde fácilmente: la memoria física de una deportista de élite. Serena pasó más de veinte años sometiendo su cuerpo a las máximas exigencias del tenis profesional, desarrollando una potencia, una coordinación y una capacidad atlética excepcionales.
«Serena ha estado décadas sometiendo su cuerpo a entrenamiento constante y la forma física que adquirió en el proceso no se pierde así como así», asegura Carlos Revuelta, Director del Máster Universitario en Alto Rendimiento Deportivo y en Entrenamiento y Nutrición Deportiva de la Universidad Europea. Los expertos en rendimiento deportivo suelen coincidir en que los atletas que han alcanzado niveles tan altos conservan durante años una parte importante de sus capacidades físicas, incluso tras largos periodos alejados de la competición. Aunque recuperar el ritmo competitivo requiere tiempo, la base construida durante toda una carrera sigue estando ahí.
En el caso de Serena, además, su letalidad en pista no ha sido exclusivamente producto de la velocidad, sino de estrategias y aspectos del juego que envejecen mejor y por los que el tiempo no es un factor tan determinante. «Un servicio devastador, una enorme potencia de golpeo y una gran capacidad de lectura táctica de los partidos son factores que no dependen tanto del parón como de la práctica adquirida con la experiencia», añade Revuelta.
Constancia lejos de los focos
Aunque públicamente negó durante meses que estuviera preparando una vuelta al circuito, diversas informaciones apuntan a que Serena nunca abandonó del todo la pista. La estadounidense Alycia Parks, actual integrante del circuito WTA, reveló a Tennis Majors que entrenó con Williams hasta tres veces por semana en Florida durante varios meses entre el invierno y el comienzo de la primavera.
Su impresión fue contundente: aseguró que Serena estaba en una forma excelente y que podría competir con garantías si decidía regresar. «No haber dejado del todo el entrenamiento y el deporte son dos grandes formas de no perder del todo la forma. Obviamente habrá necesitado volver a apretar más cuanto más cerca ha estado su debut para recuperar el tono competitivo, pero el tono atlético no lo ha perdido», añade el experto.
A las declaraciones de Parks se sumaron varios vídeos publicados en redes sociales durante los últimos meses, donde podía verse a la campeona golpeando con intensidad y manteniendo una movilidad sorprendente. Las imágenes difundidas durante sus primeros entrenamientos en Queen’s reforzaron esa percepción, mostrando una Serena rápida de piernas y con un revés tan sólido como en sus mejores épocas.
Otro de los factores que ha llamado la atención en los últimos meses es el cambio físico experimentado por la exnúmero uno mundial. Diversos medios han informado de una significativa pérdida de peso durante el último año, acompañada de un intenso trabajo de preparación física.
La influencia de la maternidad
El regreso de Williams también tiene una dimensión personal. Cuando abandonó el circuito en 2022 explicó que en parte ese paso al lado respondía a la voluntad de querer dedicar más tiempo a su familia y ampliarla. Tras convertirse en madre por segunda vez en 2023, la estadounidense ha reconocido ahora que una de las razones que la empujaron a volver es que sus hijas puedan verla competir sobre una pista profesional.
Lejos de la presión de perseguir récords o títulos, Serena afronta esta etapa desde una perspectiva diferente. Ella misma ha insistido en que ya no tiene nada que demostrar y que su objetivo principal es disfrutar de nuevo del tenis. Haber decidido volver precisamente en dobles no es casualidad. «Esta modalidad exige menos desgaste físico que los partidos individuales y permite una readaptación progresiva a la competición», asegura Revuelta.
Además, la elección de Queen’s tampoco parece fruto del azar. La hierba ha sido históricamente una de las superficies más favorables para Serena. Allí puede maximizar la eficacia de su servicio y acortar los intercambios, reduciendo así el esfuerzo físico acumulado durante los partidos. La estadounidense conquistó siete veces Wimbledon y siempre encontró en la hierba algunas de las mayores alegrías de su carrera.
La incógnita seguirá siendo hasta dónde puede llegar este regreso. El tenis profesional actual es más físico que nunca y la edad supone un desafío evidente. Sin embargo, aunque Serena Williams no vuelva para dominar el circuito como hizo durante dos décadas, su regreso demuestra que la combinación de talento, preparación, experiencia y motivación puede desafiar algunas de las barreras que tradicionalmente se asociaban a la edad en el deporte profesional.
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