Totus tuus


Generalmente, el Parlamento de Canarias no huele a nada, salvo a hipocresía, hastío y satisfacción. Es un logro de los servicios de limpieza y mantenimiento de la Cámara, desde luego, más que de los señores y señoras diputados. A veces, en las cercanías de una máquina automática, puede oler vagamente a café. Un café –todo sea dicho– tan flojito como la retórica de Jesús Ramón Ramos. Pero hasta los perfumes y los after shave se evaporan enseguida por el efecto del aire acondicionado. Sin embargo, durante el pleno de ayer, y particularmente durante la sesión de control al Gobierno, fue perfectamente detectable un olor inconfundible: el olor a incienso. Un efecto metafórico de la visita del papa León XIV. Y ya se sabe que como dijo Julio Camba –un fugaz pero magnífico cronista parlamentario– el incienso viene a ser el azufre de Dios todopoderoso. La mayor parte de las intervenciones –preguntas y respuestas– estuvieron debidamente papalizadas. Cada uno utilizó al papa que se inventó, aprovechando que el líder de la Iglesia Católica está a punto de llegar a Canarias como última etapa de su visita oficial a España.

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