Es grande Sacheri, se atreve con la historia más dura y reciente de su país. Como ejemplo baste recordar que nos habló de la cruel dictadura argentina y sus consecuencias en El secreto de sus ojos y Nosotros en la tormenta; de la monumental estafa del corralito en La noche de la usina y de la corrupción en el futbol en Papeles en el viento; por no hablar de otras novelas como El funcionamiento general del mundo y sus libros de cuentos. Un autor que desde que leímos El secreto de sus ojos hemos intentado seguir pues nunca nos defrauda. Y no nos defrauda, antes bien, nos entusiasma esta Qué quedara de nosotros, obra en la que vuelve sobre la tragedia de la invasión argentina a las islas Malvinas.
Eduardo Sacheri escribe desde la conciencia de saber que el lenguaje, ese que pule y cuida en cada frase, debe servir no solo como vehículo eficaz de comunicación sino como objeto en sí que transmite cierta belleza, más allá del léxico o del tema. El ritmo de la frase, ajustada a la respiración, la extensión del párrafo, ajustado a lo que necesita la acción, la descripción somera o prolija según mande el relato, son herramientas que permiten situarlo como uno de los mejores escritores en nuestra lengua. No quiere ni facilitar y dificultar la lectura. Quiere que sea un instrumento eficaz al servicio de la historia que cuenta pero sin sacrificar la calidad narrativa, el buen hacer literario. Recurre a veces a la meta literatura, enlazando su obra con otras, burlándose de la erudición excesiva, para contar una historia heroica sin héroes. Una preocupación por lo que el narrador está escribiendo en el momento mismo de la escritura que aparece fijada en los niveles estilísticos del texto, la exactitud de la forma, una reflexión sobre el propio género literario. El narrador oscila entre su rectitud moral y la pasión con la que se vive el recuerdo de ese momento, la aparente contradicción entre su impoluto elemento de juicio, y la imposibilidad de juzgar con frialdad la pasión que produjo la toma de Las Malvinas, cuando toda la nación se estremeció y se volcó, como cuando juegan y ganan un mundial de futbol, por la toma del archipiélago.
Los personajes son gentes sencillas, chicos de barrio que después de haber cumplido el servicio militar, ya en la vida civil, son llamados a incorporarse a filas nuevamente pues la gesta, así llamada por la propaganda oficial, de Las Malvinas los reclama. En una entrevista declaró: «Me gusta contar historias de personas comunes y corrientes. Personas como yo mismo. Personas como las que han poblado siempre mi vida. Gente criada en mis horizontes suburbanos. Ni siquiera sé por qué son ésas las historias que me nace contar. Tal vez, porque me seduce y me emociona lo que hay de excepcional y de sublime en nuestras existencias ordinarias y anónimas». Y así son los protagonistas de esta novela, gentes ordinarias y anónimas, y digo protagonistas en plural pues Sacheri vuelve a recurrir, como hiciera en otras de sus obras (La noche de la usina, por ejemplo) a lo coral, como si la propia historia le impusiese este recurso narrativo.
‘Qué quedara de nosotros’ / Alfaguara
Desde el minuto uno de la narración, Sacheri presenta las tres emociones que marcan el camino de su novela, fiel reflejo de la propia sociedad argentina en ese momento, euforia, inquietud y desolación. La euforia por el desembarco de los setecientos primeros soldados: Y lo que es menos normal todavía es lo que hace su madre a continuación. Se vuelve hacía él con expresión de asombro y vocifera: «-¡Las Malvinas, Carlitos! ¡Tomamos Las Malvinas!» La inquietud en tropa y sociedad al constatar que el gobierno militar ha mentido a todos al decir que no habría guerra, que los ingleses iban a negociar, etc. Pero pasan los días, van llegando cada vez más tropas, y se asume que los ingleses no van a negociar y que la guerra es inevitable: Antonio, que ha estado mirando hacia fuera, se encara directo con Carlitos. «– Entonces va a haber guerra, decís vos». No dice nada más, pero se lo queda mirando. Carlitos le da vueltas a su taza vacía. «– Sí, Negro. Me parece que sí». Desolación es lo que queda tras la derrota, la muerte de tantos jóvenes por la incompetencia de sus mandos. Baste recordar el demoledor Informe Rattenbach y sus conclusiones de “que la guerra fue una aventura militar mal planificada, con soldados mal equipados y líderes incompetentes. Muchos veteranos de guerra son los más críticos con los oficiales de la Junta por los maltratos y torturas que sufrieron en las islas a manos de sus propios superiores”. Y también cuando en su apartado setecientas cuarenta y cuatro dice: El análisis de esta situación política debió inducir a la Junta Militar a postergar los proyectos para la recuperación de las islas, particularmente teniendo en cuenta que nuestras FF.AA. no se hallaban en condiciones de enfrentar una reacción británica que debió considerarse la más peligrosa y muy probable, como fue la de acudir con todo su poderío a recuperar los archipiélagos. Más adelante dice en el apartado setecientas cuarenta y ocho: La reacción del gobierno argentino se formalizó el día 26-MAR y consistió en adelantar la toma de las Islas, en lugar de diferirla para circunstancias más propicias. Esta acción fue desacertada, teniendo en cuenta, particularmente, que la estrategia planeada podía ser aplicada en un futuro. Cabe recordar que se había esperado 149 años y nada presuponía la existencia de impedimentos para aguardar una oportunidad más favorable.
Argentina llevaba ciento cuarenta y nueve años reclamando las islas. Y se lanzó a la aventura militar de su conquista confiada en que no habría enfrentamiento armado. Los dictadores militares, los asesinos de su pueblo, los de los más de treinta mil desaparecidos, preocupados por el auge de las movilizaciones en su contra y convencidos de que tarde o temprano les harían pagar sus crímenes, se lanzaron a la aventura para recuperar un prestigio que nunca tuvieron y presentarse como salvadores de la patria ante el futuro democrático. Calcularon mal y no sólo Inglaterra, con una Thatcher necesitada de un acontecimiento que le ayudara a recuperar el prestigio y la imagen desgastados por el despotismo con el que había impuesto sus políticas neoliberales, se lanzó a la acción militar sino que los supuestos aliados de Argentina le dieron la espalda, empezando por su vecino y compadre sanguinario Pinochet y el imperio americano de Ronald Reagan. Al fin quedaron más de setecientos jóvenes argentinos olvidados en las islas. Sacheri nos cuenta con poderosas imágenes la historia de tres de ellos y sus compañeros. A duras penas distingue como los dos soldados izan al tercero hasta erguirlo. Desde tan lejos el teniente no sabe decir si está vivo, porque tiene la cabeza caída hacia delante. Por la forma de escribir, el uso de estas imágenes y del lenguaje, por la historia en sí, vale la pena que se lean esta novela de Sacheri.
Aquí, entre nosotros, Pable Hasél sigue en la cárcel.














