Las asociaciones de promotores musicales MusicaProCV y Promfest han lamentado que la cancelación del Festival de les Arts apenas unos minutos antes de la apertura de puertas supone «un duro golpe para la imagen de València, para el público, para los profesionales de la cultura y para todo el tejido económico vinculado a la música en directo». La organización anunció la cancelación de la edición de este 2026 después de que el Ayuntamiento de Valencia y la Dirección General de la Ciudad de las Artes y las Ciencias les comunicaran la imposibilidad de celebrar la segunda jornada del festival. Durante el primer día, el evento incumplió la ordenanza de ruido, como así corroboraron las mediciones tomadas por la Policía Nacional y que el consistorio remitiera a la Ciudad de las Artes y las Ciencias (Cacsa) a las 14.51 horas del sábado. El acuerdo entre este y el promotor del evento incluía que si se superaban los decibelios permitidos por la normativa en la jornada del viernes, se tomaría la decisión de cancelar su segunda jornada como finalmente ha ocurrido.
El sector considera, en un comunicado hecho público este mismo domingo que, más allá de las circunstancias concretas que han desembocado en esta situación, este episodio «debe servir para abrir una reflexión profunda sobre el modelo cultural que queremos para nuestra ciudad y sobre el papel que deben desempeñar las administraciones públicas en su desarrollo», han defendido las asociaciones en un comunicado conjunto. Además, insistían en que, «durante años, València y la Comunitat Valenciana han trabajado para consolidarse como una ciudad abierta a la cultura, capaz de atraer grandes eventos musicales y de proyectar una imagen dinámica, creativa y contemporánea».
La cancelación de un festival de referencia nacional en el último momento, siempre según los promotores, «genera una enorme incertidumbre y proyecta una imagen de fragilidad que puede afectar a la confianza de artistas, promotores, empresas, patrocinadores y público«, han advertido. Igualmente, señalan que supone «una profunda decepción para miles de personas que habían organizado viajes, reservas y planes personales para disfrutar de uno de los acontecimientos culturales más relevantes del calendario valenciano». «La confianza del público es uno de los activos más valiosos del ecosistema musical y debe ser protegida mediante una planificación rigurosa, una gestión eficiente y una visión estratégica compartida», subrayan tras el alud de críticas recibidas en las redes sociales el mismo viernes con la falta de sonido y el sábado tras la cacelación final.
Perjuicio económico y laboral
Las asociaciones ponen el foco en que «el impacto va mucho más allá de la experiencia de los asistentes». «Detrás de cada gran festival existe una extensa red de empresas proveedoras, profesionales técnicos, trabajadores culturales, personal auxiliar, servicios de hostelería, transporte y numerosos autónomos cuya actividad depende, en gran medida, de la celebración de estos eventos», reiteran.
«La cancelación supone un perjuicio económico y laboral significativo para un sector que genera empleo, riqueza y oportunidades en nuestro territorio, como demuestran los estudios recientes de impacto económico de la música en directo reflejados en el Anuario de la Música en la Comunitat Valenciana: con una aportación al PIB de cerca de 400 millones y más de 12.500 puestos de trabajo a tiempo completo anuales, una cifra equivalente a la de otros sectores productivos, como el textil o el del mueble», han expuesto. También defienden que «los festivales son, además, mucho más que una propuesta de ocio». «Son espacios de creación, encuentro, difusión cultural y desarrollo artístico. Son herramientas de cohesión social y plataformas que conectan a los creadores con la ciudadanía», han argumentado. «Cuando un proyecto consolidado se debilita o desaparece, pierde el conjunto de la sociedad valenciana«, explican en el comunicado.
Piden un marco de diálogo
Por ello, el sector considera que «resulta imperativo y urgente impulsar un marco estable de diálogo y colaboración entre administraciones públicas, profesionales, promotores, asociaciones vecinales y ciudadanía». «València necesita una planificación a largo plazo que identifique espacios adecuados para la celebración de eventos musicales, que aporte seguridad jurídica a los organizadores y que permita anticipar y resolver conflictos antes de que se conviertan en crisis que dañen la imagen de la ciudad. La música forma parte de la identidad contemporánea de València. Es cultura, economía, turismo, empleo y proyección internacional», han reivindicado las asociaciones.
La música superó en más de 25 decibelios el límite permitido
El festival superó los niveles de ruido autorizados, según constatan las mediciones acústicas oficiales realizadas por la policía tanto en el propio recinto como en las viviendas cercanas. El informe policial es tajante: hubo una «superación en exceso» de los límites legales. En concreto, los tres escenarios rebasaron la barrera permitida de 85 decibelios (dB) junto a la zona de actuación y 90 dB en el exterior, registrándose picos de 96 dB en el Escenario 1, 91 dB en el Escenario 2 y 88 dB en el Escenario 3.
El impacto en el vecindario también quedó acreditado. Mientras el ruido ambiental de fondo normal de la zona debería situarse por debajo de los 40 dB, las patrullas registraron 55,6 dB. Esa misma cifra (55,6 dB) se alcanzó en el salón de uno de los inmuebles afectados, un dato que vulnera los 55 dB permitidos en horario diurno y destroza el límite de 45 dB fijado a partir de las 22:00 horas. Aunque al inicio del festival los residentes admitieron a Levante-EMV que se oían más los silbidos que los conciertos, las conclusiones del acta policial confirman que la música de los escenarios provocó una «repercusión superior a 16 dB» sobre el ruido de fondo habitual dentro de las casas.
En el documento contractual entre Cacsa y los promotores, se especificaba que «si durante la celebración del evento, la autoridad competente, levante acta, formule denuncia, dicte requerimiento o adopte cualquier medida de control por presunto incumplimiento de la normativa vigente en materia de ruido, contaminación acústica o protección de la salud pública que determine la superación de los niveles sonoros autorizados, […] Cacsa podrá a su sola discreción y en caso a cancelar la segunda jornada del evento».
Cabe recordar que hay una sentencia judicial contra el ruido que ganó el vecindario y que había mantenido en el aire la celebración hasta el último momento. Eso llevó a que los primeros conciertos de la jornada del viernes comenzaran con el volumen muy bajo y que impedía que los asistentes escucharan la música, lo que provocó pitidos por parte del público. La primera en sufrirlo fue la cantante Leire Martínez, quien interrumpió su concierto y regresó poco después al escenario para proseguir el concierto con más volumen.
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