Es el cristianismo una religión donde los misterios tienen una posición vertebral en el lore: sirvan como ejemplo los 20 misterios del Rosario, el de la resurrección, la eucaristía, los enigmas históricos o los dogmas teológicos.
Casi del mismo misterio estuvo rodeada la visita del papa León XIV el lunes a la Nunciatura Apostólica de Madrid. Una de las paradas del pontífice durante su visita a la capital de España tratada con mayor hermetismo. En dicho enclave, que acoge la embajada vaticana en España, tenía que mantener Prevost una reunión con autoridades de las distintas administraciones locales. Pero no se detallaron asistentes definitivos ni agenda a tratar.
Algo va a pasar
La convocatoria, no obstante, acabó siendo un éxito de asistentes y medios de comunicación. Decenas de curiosos, con sillas de playa, se apostaron en la cera de enfrente de la Nunciatura, en la avenida Pío XII. Esperaban «algo», pero nadie sabía exactamente qué. Conocían que el papa estaba dentro, pero ignoraban si iba a hablar, a saludar, si saldría en papamóvil o a bordo de un coche oficial.
Los periodistas, por su parte, hacían guardia desde tres horas antes de la previsión de salida de León XIV. Un despliegue de medios sin precedentes, con la presencia incluso de un andamio para que la televisión pública tomase imágenes directas de la puerta de la Nunciatura Apostólica, sin que nadie supiese exactamente qué tenía que pasar. No había personal de comunicación de ningún estamento implicado en la visita para informar. Lo único que se sabía es que el papa se reuniría allí con varias víctimas de abusos.
El calor abrasador no hizo desfallecer a los fieles que entonaban cánticos a favor del papa para amenizar la espera. La avenida, colapsada con coches de policía, agentes uniformados, coches oficiales y clérigos que entraban y salían constantemente del la Nunciatura. Todo ello, aderezado por el habitual tráfico del lunes por la tarde dentro de la M-30.
La reina emérita y el papamóvil
A las 16:38 minutos de la tarde se abrían las puertas de la Nunciatura. Del interior emergía majestuoso el papamóvil, provocando una efervescente reacción de euforia entre los fieles. El júbilo viró al desconcierto en cuestión de segundos: a bordo del papamóvil no se encontraba más que el conductor. El habitáculo del papa estaba vacío. León XVI seguía dentro. Decepción.
Entre los periodistas que hacían guardia a la salida se empezó a especular con un rumor: la reina emérita Sofía estaba dentro. El rumor, que no había sido anunciado por Zarzuela, fue confirmado exactamente una hora después dela salida del papamóvil (a las 17:38), cuando volvían a abrirse las puertas de la Nunciatura para que saliera un Mercedes azul. Desde dentro, la reina Sofía saludaba brevemente con la mano.
Y ocho minutos después, un BMW eléctrico con una bandera del Vaticano salía de la embajada. Desde el asiento de atrás, el papa León XIV saludaba durante siete segundos a la concurrencia, para salir pitando hacia la Almudena. Ahí se acababa el acto, entre la estupefacción del público y las dudas no resueltas de los periodistas.
No hubo más explicaciones que el acto en sí, ni se informó de que la reina emérita iba a asistir. Respecto a lo relativo a los medios, a menudo olvidamos que el papa es también un jefe de estado, por lo que la estrategia comunicativa propia de un país difiere de forma sustancial a la corporativa con la que tratamos en el día a día. Este tipo de actos, muchas veces, requieren más de interpretación entre líneas de gestos, que de la información oficial que la rodea.
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