La visita del Papa a España está demostrando que la Iglesia católica goza de un importante músculo, favorecido porque un buen porcentaje de españoles quizá no pise una Iglesia todos los domingos pero sí simpatiza con una espiritualidad en auge y quiere ser testigo de un acontecimiento histórico. Con estos mimbres, León XIV ha desbordado este domingo Madrid, con una misa en Cibeles que ha congregado a más 1,5 millones de personas, dejando corta la previsión de los organizadores. El número de asistentes iguala al récord que alcanzó Benedicto XVI en la histórica jornada mundial de la juventud, celebrada en agosto de 2011.
A ellos hay que sumar los miles de ciudadanos que siguen sus desplazamientos con el Papamóvil y los 12.000 asistentes al acto ‘Tejer Redes’, un encuentro en el Palacio de los Deportes con el que el Pontífice ha querido tener contacto con representantes del mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte.
Si el primer día de la visita del Pontífice estuvo marcado por un acto institucional presidido por los Reyes, donde lanzó sin rodeos mensajes en contra de la polarización política, por una visita a un centro de Cáritas donde instó a ayudar a los pobres y los inmigrantes y por un encuentro con los jóvenes, este domingo los mensajes centrales de su visita han ido dirigidos a los católicos, con una misa y una procesión del Corpus Christi cargada de liturgia, simbolismo y espiritualidad. Como contrapunto, por la tarde, ha protagonizado el acto con la sociedad económica, cultural y civil. Y a unos y a otros, fieles y referentes sociales, les ha instado a implicarse más con los más débiles.
«Nadie puede arrodillarse ante el señor y despreciar al hermano», ha subrayado en su homilía en Cibeles. Un acto pastoral, donde los cánones marcan centrarse en la liturgia y no en los mensajes políticos, que seguramente lanzará con más claridad este lunes en su visita al Congreso, pero entre líneas se ha podido entender su recado: no basta con ir a misa, el buen cristiano es el que ayuda al que lo necesita día a día.
El choque con Trump y Vox
Un posicionamiento que va en línea con el enfrentamiento que ha protagonizado con Donald Trump por utilizar la religión para justificar la guerra y con el choque que mantiene la Conferencia Episcopal con Vox por la intención de los ultras de dar «prioridad nacional» a las ayudas y dejar sin subvención entidades que atienden a los inmigrantes, como Cáritas. «Estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común», ha justificado en el acto pastoral central de su visita a Madrid, presidido por la Familia Real y al que han asistido un nutrido grupo de representantes políticos.
León XIV ha insistido, por tanto, en un mensaje de caridad pero también de renovar la liturgia: «Que la religiosidad que hace siglos que anima a este país, no sea un museo del pasado, sino una escuela de fe de la que beber hoy también». Y, antes de la procesión del Corpus Christi, rodeado de 150 obispos y cardenales y 1.600 sacerdotes con ornamentos confeccionados para la ocasión, ha recordado que esta celebración «no se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada». «El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y los desamparados», ha remachado.
Unas palabras que han seguido con fervor, emoción y nervios los más de 1,5 millones de personas congregados en Cibeles y las calles aledañas a través de 31 pantallas, siete camiones pantalla y 608 altavoces, que se han quedado cortos, dado que se ha visto incluso coches de policía que retransmitían el acto por los altavoces en las calles abarrotadas. Solo han cogido buen sitio los que han madrugado, algunos aguardando desde las cinco de la mañana. Todo una exhibición de fervor y fuerza, en medio de un calor sofocante.
La marea humana
Uno de los momentos cumbres ha sido la comunión, en la que han intervenido 2.300 sacerdotes y ‘ministros’ extraordinarios, señalizados con paraguas blancos sujetados por voluntarios, que marcaban a la marea humana donde dirigirse. Y los que no podían llegar, han podido comulgar en seis iglesias cercanas y en horario ampliado, hasta las dos de la tarde.
Pocas horas después, León XVI ha reunido a la sociedad civil en un inédito acto donde ha predicado a favor de la «escucha, el diálogo y el respeto». Aprovechando el nombre del acto, ha afirmado que «tejer redes» significa mantener «un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana«; en «crear juntos» y, en tercer lugar, «servir de modo desinteresado». Y ha sacado a colación su reciente encíclica para recordar que «las estructuras económicas e institucionales son justas solo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos». Le han escuchado de cerca Antonio Banderas, Sara Baras y Carolina Martín, además de representantes políticos, empresariales y sindicales, entre otros.
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