Pocos lugares representan mejor la transformación turística y urbanística de Alicante que la playa de San Juan. Lo que durante décadas fue una extensa franja de arena prácticamente virgen, frecuentada por pescadores y agricultores en la que a menudo se bañaba a los caballos que trabajaban el campo, es hoy uno de los principales símbolos del litoral alicantino. Junto al mar, el paseo de Niza se ha convertido en el gran escaparate de esa evolución, un paseo peatonal por el que cada día transitan residentes, deportistas, turistas y veraneantes atraídos por una playa que acumula cuatro décadas consecutivas de bandera azul, un reconocimiento que la sitúa entre las seis playas del mundo con más años ininterrumpidos luciendo este distintivo de calidad.
Para muchos de quienes viven aquí, la elección fue sencilla. «Si estamos aquí es porque es lo mejor. Vivir aquí es un privilegio», resume Pepe Vallejo, vecino de la zona desde hace años. La sensación de tranquilidad es una de las razones que más repiten quienes recorren la avenida paseando o haciendo deporte, sobre todo fuera de verano. «Te da paz y tranquilidad», afirma Pepa Fernández, una percepción compartida por Fernando Villalón, que destaca el ambiente que se respira durante buena parte del año: «Está fenomenal, hace una temperatura estupenda y el agua ya está para meterse dentro, no lo cambio», apunta este vecino.
Está fenomenal, hace una temperatura estupenda y el agua ya está para meterse dentro, no lo cambio
Pero pese a formar parte del paisaje cotidiano de miles de alicantinos, no todos conocen el origen del nombre del paseo. La denominación de Niza se remonta al hermanamiento firmado entre Alicante y la ciudad francesa a finales de los años sesenta, en una época en la que ambas localidades buscaban reforzar su perfil turístico e intercambiar experiencias de gestión urbana.
La relación comenzó con la visita de una delegación municipal alicantina a Niza en febrero de 1968 y, meses después, una representación francesa devolvió la visita. El momento más simbólico tuvo lugar el 8 de octubre de aquel año, cuando los alcaldes Jacques Médecin y José Abad Gosálbez descubrieron el rótulo que daba oficialmente el nombre de avenida de Niza a los dos kilómetros de carretera que discurrían junto a la playa en una jornada se celebró con una mascletà y un castillo de fuegos artificiales.
De playa desierta a destino turístico
La historia de la playa de San Juan está estrechamente vinculada a la evolución de la comarca de l’Alacantí. Aunque hoy se asocia de forma automática con Alicante, la franja litoral quedó dividida tras la segregación de El Campello de la ciudad a finales del siglo XIX. El nombre de la playa procede, en realidad, de Sant Joan d’Alacant, localidad que nunca llegó a disponer de costa propia al considerar que la tierra más próxima al mar no era apta para el cultivo.
A comienzos del siglo XX, el lugar empezó a despertar el interés de empresarios y familias acomodadas procedentes de Elda, Alcoy o Alicante que levantaron aquí sus residencias de verano, muchas de ellas auténticos chalés señoriales frente al mar. La llegada del trenet de la Marina en 1911 impulsó todavía más ese desarrollo y convirtió la playa en un espacio de recreo para una creciente burguesía provincial. El atractivo sigue siendo hoy uno de sus principales activos. «Es preciosa, veo una playa estupenda y muy bien cuidada», señala la visitante granadina Mari Ángeles García.
Han hecho ya muchísimas viviendas, pero pocos pisos para que alquilen los jóvenes y pocos pisos para vivir
Pero la expansión urbanística de la zona pudo haber seguido un camino muy distinto. En 1933 se planteó la creación de una gran ciudad satélite conocida como Ciudad Prieto, impulsada por el entonces ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto. Para ello se convocó un concurso nacional de urbanización cuyo proyecto ganador fue el presentado por el arquitecto Pedro Muguruza. Su propuesta contemplaba la construcción de un complejo de viviendas con hoteles, balnearios y campos deportivos, además de una amplia franja verde en primera línea de playa y la ubicación de las edificaciones más altas en las zonas más alejadas de la costa.
Sin embargo, la Guerra Civil frenó definitivamente aquella iniciativa y, tras el conflicto, el desarrollo de la zona quedó en manos de intereses urbanísticos que favorecieron una construcción mucho más intensa de edificios residenciales. Ese crecimiento es el más visible hoy en día en el perfil urbano de la playa. «Han hecho ya muchísimas viviendas, pero pocos pisos para que alquilen los jóvenes y pocos pisos para vivir», lamenta Ana José Porra.
La regeneración que salvó la playa
A finales de los años ochenta, la playa de San Juan afrontó uno de los momentos más delicados de su historia, ya que debido a los temporales y la erosión se redujo de forma significativa la anchura de la playa y pusieron en riesgo su supervivencia. La respuesta llegó en 1991 con una gran operación de regeneración litoral con más de dos millones de metros cúbicos de arena procedentes de Serra Gelada permitieron ampliar el arenal hasta la anchura que tiene actualmente.
Es un poco artificial, han tenido que dragar y poner arena y todo, la verdad es que está bastante bien conservada
«Cuando yo vine había una playa chiquitita y luego echaron la arena», recuerda Ana José Porra. Aunque algunos vecinos reconocen el carácter artificial de la intervención, valoran positivamente sus resultados. «Es un poco artificial, han tenido que dragar y poner arena y todo, la verdad es que está bastante bien conservada», afirma María José Medín. Para otros, el resultado es difícilmente mejorable. «Me parece un paraíso, tan amplia, tan limpia y con una arena estupenda, estoy enamorada», asegura Pepa Fernández.
La transformación más visible para los vecinos llegó con la progresiva peatonalización de la avenida de Niza hasta transformarlo en paseo. «Antes había una acera, pero lo que es para los coches ocupaba dos o tres carriles más, pero mejor así«, explica Fernando Villalón. Mari Ángeles García recuerda incluso cuando el recorrido se hacía íntegramente en coche: «Me acuerdo que nos traían aquí y llegábamos al final del paseo en coche, cuando éramos jóvenes«.
Me acuerdo que nos traían aquí y llegábamos al final del paseo en coche, cuando éramos jóvenes
Entre las mejoras y las reivindicaciones vecinales
Pero estas no han sido las últimas obras de reurbanización del paseo que cuenta con décadas de transformaciones. Las últimas actuaciones, ejecutadas entre 2024 y 2025, completaron la renovación integral de la avenida hasta conectar con el límite de El Campello que afectó a un tramo de unos 925 metros que permitió unificar todo el paseo marítimo bajo un mismo diseño urbano. Esta actuación se sumó a las dos fases ya ejecutadas dentro de un proceso de remodelación que arrancó en 2006, durante la etapa de Luis Díaz Alperi (PP) al frente del Ayuntamiento de Alicante, y que recibió un nuevo impulso en 2016 con el gobierno tripartito de izquierdas.
Está bien, pero podría estar mejor, falta aparcamiento y los fines de semana es muy complicado venir
Aunque muchos usuarios valoran positivamente el resultado, también persisten críticas. Ana José Porra advierte de problemas en el pavimento: «Hay muchas baldosas que se mueven y la gente mayor tropieza». Otros vecinos reclaman mejoras en infraestructuras y servicios. «Está bien, pero podría estar mejor, falta aparcamiento y los fines de semana es muy complicado venir», sostiene Luisa Benito.
Entre las cuestiones que han generado más debate en los últimos años figura también el traslado del mercadillo artesanal, popularmente conocido como el de los «hippies», a la avenida de Niza en el verano de 2023. La decisión municipal, adoptada tras proyectarse una instalación deportiva en su anterior emplazamiento del denominado Parking 4, que finalmente el Ayuntamiento descartó llevar a cabo, despertó el rechazo de parte de los residentes, que consideran que la actividad altera la imagen y el uso habitual del paseo. Otros vecinos, sin embargo, defienden su presencia como un atractivo más de la zona y una oportunidad para los artesanos. «Bajo todos los veranos a ver los hippies, a mí me parece que todo el mundo tiene derecho a hacer sus cosas», sostiene Ana José Porra.
Más allá de los debates urbanísticos, la playa de San Juan y su entorno mantienen intacta su capacidad de atracción. Vecinos llegados de distintos puntos de España han convertido este rincón en su hogar permanente, mientras miles de turistas siguen eligiéndolo cada año para pasar sus vacaciones. De esta forma, el paseo de Niza ha cambiado de aspecto, ha ganado espacio para el peatón y ha visto crecer a su alrededor uno de los principales núcleos residenciales de Alicante. Sin embargo, conserva la esencia que la convirtió en una larga ventana abierta al mar donde la vida cotidiana transcurre a otro ritmo.
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