En el siglo XX, la kremlinología se definía como el análisis de la política, las estructuras de poder y las decisiones internas en la URSS a partir de pistas sutiles, dado el hermetismo y la escasa transparencia del régimen soviético. En la Rusia del siglo XXI, ante la ausencia de politburos, comités centrales o congresos del PCUS, esta ciencia inexacta ha mutado de objetivo: más que identificar enconadas luchas intestinas en el seno de la élite, de lo que se trata ahora es de determinar el comportamiento del presidente Vladímir Putin y las circunstancias que le rodean, ante la posibilidad de que influyan en las decisiones que eventualmente adopte sobre la guerra de Ucrania. Pese al lapso de tiempo de décadas transcurrido, un mínimo común denominador comparten ambas kremlinologías: se mueven fundamentalmente en el terreno de las especulaciones y los rumores, y muy pocas cosas pueden confirmarse a ciencia cierta.
Citando el informe de un servicio de inteligencia europeo, medios de comunicación occidentales han venido informando recientemente de que, tras constatar la capacidad de las fuerzas ucranianas de golpear objetivos en Moscú y San Petersburgo y ante el temor de seguir el ejemplo del líder de Irán, Alí Jamenei, rastreado por la inteligencia y asesinado en febrero por un bombardeo conjunto estadounidense-israelí, el líder del Kremlin se habría recluido en la actualidad en búnqueres de los que apenas sale. Farida Rustamova, fundadora del medio Vlast y analista política, pone en duda que el espionaje occidental haya podido alcanzar semejante nivel de penetración en el círculo íntimo del presidente Putin como para emitir una afirmación tan tajante. La investigadora puede confirmar, eso sí, que los viajes del presidente ruso «a las regiones se han reducido», lo que implicaría un refuerzo de las medidas de seguridad, afirma en una conversación con EL PERIÓDICO mediante Telegram.
Rustamova ha estudiado los actos recogidos en la web de la presidencia de Rusia, cuya dirección -kremlin.ru- está bloqueada en España. Y certifica que en ese sitio se difunden cada vez «menos encuentros» con funcionarios o políticos rusos donde es posible identificar el lugar de celebración, lo que podría indicar una creciente preocupación de Putin por su seguridad.
Putin durante un encuentro con el Consejo de Estado para promover la lengua rusa, el pasado 2 de junio. / VYACHESLAV PROKOFYEV / SPUTNIK / EFE
Intento de desmentir rumores
La publicación de especulaciones respecto a la ‘bunkerización’ del entorno de Putin podría haber tenido un impacto en el comportamiento del líder. Rustamova, junto con otros investigadores, están cayendo en la cuenta de que en este mes de mayo, por vez primera desde el arranque de 2026, se ha producido «un incremento» de las apariciones públicas del presidente, lo que podría obedecer a un intento de desmentir los rumores en este sentido que circulan en Europa y EEUU.
Andréi Yakovlev, investigador visitante en la Frei Universitaet de Berlín, tras prevenir que no está «en la cabeza de Putin» y emitir todo tipo de precauciones, ha identificado, «a través de señales», algunas circunstancias de la vida del presidente. Y considera probado que regularmente, en sus encuentros con ciudadanos con los que Putin debate, no se trata en muchos casos de un público genuino, sino de agentes de la inteligencia o de los servicios de seguridad.
En concreto, identifica un hecho reciente. El último encuentro del líder del Kremlin con su profesora Vera Gurevich de 88 años, quien le dio clases de alemán en la escuela 193 de Leningrado del quinto al octavo grado, es decir entre las edades de 11 a 14 años. Conduciendo su propio vehículo, el presidente llegó al hotel Arbat donde se alojaba su antigua docente y, ramo en mano, la recogió para llevarla a cenar a la residencia presidencial dentro del Kremlin. De acuerdo con su versión, en ese momento el mandatario saludó a un hombre que posteriormente ha sido identificado como un funcionario de seguridad. El acto se produjo a mediados de mayo, después de las celebraciones del Día de la Victoria y de que aparecieran nuevas especulaciones sobre la ‘bunquerización’ de la vida cotidiana de Putin.
Pero el episodio reciente que más llamó la atención a este académico asentado en Berlín fue la visita en soledad, el pasado enero, al Cementerio Memorial Piskarióvskoye, en San Petersburgo, donde se hallan enterrados los cuerpos de cientos de miles de ciudadanos que perecieron durante el asedio de las tropas de Hitler a Leningrado en la Segunda Guerra Mundial. Tal y como destacaron los medios independientes rusos, el acto de depositar flores se realizó en esta ovcasión en soledad, sin la presencia de público, lo que puso de relieve su creciente «sensación de inseguridad». La valla metálica del cementerio es un «límite infranqueables», se burlaba un ‘post’ en la red X.
Viajes a Valdai
Tampoco es posible extraer conclusiones de sus posibles viajes a la residencia de Valdai, su morada «preferida», en palabras de Rustamova. Allí pasa tiempo su novia, la exgimnasta Alina Kabayeva, con sus hijos que se supone nacidos de su relación. Ha sido confirmado por la prensa, a partir de fotografías satélite que, en torno al recinto han sido reforzados los sistemas de defensa antiaérea, en concreto con siete torres donde se han instalado baterías Pantsir S-1, elevando a 27 estas construcciones, según informa Radio Svoboda. «Ello quiere decir que Putin pasa tiempo allí también», constata Rustamova.

El presidente ruso, durante el desfile por el Día de la Victoria, el 9 de mayo en Moscú. / ALEXANDER NEMENOV / POOL / EFE
Independientemente de las medidas de protección que rodeen al presidente ruso, periodistas y funcionarios occidentales se afanan en seguir de cerca sus movimientos para identificar patrones de comportamiento y posibles síntomas de aislamiento, una circunstancia que haría más difícil que se hiciera una composición de lugar correcta y extrajera conclusiones sobre el desarrollo y devenir de la guerra basadas en la realidad y no en análisis voluntariosos de funcionarios temerosos de contrariar al líder.
El principal precedente de todo ello es el periodo de la pandemia del covid-19, que empujó al líder del Kremlin a aislarse durante un año y medio, y a someter a estrictos controles sanitarios a las personas con las que se veía. Uno de los individuos con los que pasó más tiempo en esos críticos momentos fue con el banquero nacionalista Yuri Kovalchuk, presidente y principal accionista de Bank Rossiya. y su hermano Mijaíl Kovalchuk, director del Instituto Kurchatov de Energía Atómica de la Academia de Ciencias. «Hace algunos años, entrevisté a Mijail Kovalchuk y me pareció una persona con un nivel de antiamericanismo absolutamente primitivo», explica Yakovlev. Una vez que la pandemia comenzó a remitir, arrancaron las presiones sobre Ucrania, los despliegues militares en torno al país y finalmente, comenzó la invasión.
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