“Me robaron en Benidorm en 20 minutos. Dejamos el balcón abierto —estamos en un cuarto piso, ¿qué podía salir mal?”. Con esa frase, la creadora de contenido Anastasiia Dobrosol ha abierto otro debate viral sobre Benidorm, poco antes de que un vídeo suyo presentara la ciudad como una especie de “Dubái español”.
Esta vez el tono es muy distinto. La publicación relata un supuesto robo en un alojamiento turístico de Benidorm después de dejar abierto el balcón, pese a encontrarse en una cuarta planta. La pregunta final —“¿Os ha pasado esto en España?”— ha activado una cascada de respuestas con experiencias personales, advertencias, bromas y también muchos comentarios cargados de prejuicios.
El caso ha generado mucho debate porque mezcla varios elementos sensibles: turismo, apartamentos, seguridad, visitantes extranjeros y la imagen de Benidorm como destino masivo. Algunos usuarios aseguran haber sufrido robos o hurtos en Alicante, Benidorm, La Nucía, Finestrat, Barcelona o Murcia. Otros, en cambio, responden que llevan décadas viviendo en España sin haber pasado por algo parecido.
El vídeo juega con la fórmula de expectativa versus realidad:
«Expectativa: parece que hemos perdido las llaves y alguien las ha dejado junto a la entrada. La gente en España es muy amable.
Realidad: subimos al piso y nos damos cuenta de que nos han robado. Y habían tirado las llaves fuera, junto a la entrada».
La precaución
La reacción más repetida entre quienes intentan sacar una lección práctica es clara: un cuarto piso no convierte un balcón abierto en un lugar seguro. En muchas zonas turísticas, los ladrones aprovechan descuidos rápidos, accesos mal cerrados, terrazas comunicadas, andamios, fachadas escalables o simples oportunidades. En alojamientos vacacionales, además, los horarios de entrada y salida, las maletas visibles y los coches con matrícula extranjera pueden hacer más evidente que se trata de visitantes.
Benidorm vuelve así a aparecer como escenario de dos relatos opuestos. Para unos, sigue siendo una ciudad turística viva, cómoda, internacional y con una oferta difícil de igualar. Para otros, representa los problemas de los destinos masificados: apartamentos turísticos, visitantes temporales, exceso de confianza, hurtos, ruido y pérdida de vida residencial.
La denuncia de esta usuaria no permite sacar conclusiones generales sobre la seguridad en Benidorm ni sobre España, pues es una experiencia concreta, contada por una usuaria y amplificada por el algoritmo. Pero sí sirve como recordatorio útil para cualquier viajero: cerrar puertas y balcones, no dejar documentos o llaves a la vista, activar alarmas si existen y no confiarse por estar en una planta alta.
Al final, el vídeo funciona casi como una advertencia involuntaria. Benidorm puede parecer una postal de vacaciones desde un balcón con vistas, pero las reglas básicas de seguridad no cambian por estar frente al Mediterráneo. Y en redes, cualquier descuido puede acabar convertido en debate global.
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