Mallorca esconde lugares tan especiales que incluso la Unesco ha decidido protegerlos. Uno de los mejores ejemplos es Banyalbufar, un pequeño pueblo de la Serra de Tramuntana que cuenta con dos reconocimientos patrimoniales.
Banyalbufar, un pueblo de gran belleza y valor cultural
En primer lugar está la propia Serra de Tramuntana, protegida como Paisaje Cultural, y en segundo lugar está la técnica de la piedra seca que usan sus miles de terrazas, reconocida en este caso como Patrimonio Cultural Inmaterial.
Las terrazas que caracterizan la estética de Banyalbufar se remontan a la época del andalusí; derivan de un sistema que fue desarrollado con el objetivo de captar y distribuir agua a través de terrenos extremadamente escarpados.
Asimismo, históricamente Banyalbufar era conocido por el cultivo de un vino muy famoso llamado malvasía. Desafortunadamente, esto cambió en 1891 a causa de una filoxera que hizo imposible seguir con la producción como hasta entonces.
Banyalbufar / SPORT.es / M. À. Cañellas
Aun así, Banyalbufar siguió destacando por su economía agrícola gracias a cosas como el cultivo del tomate de ramellet. Tal era su desempeño, que en los años 20s llegó a ser de los municipios con mayor productividad económica de toda Mallorca.
Por otro lado, vale la pena destacar que el pueblo se divide en dos zonas claras: la Vila de Dalt, donde se encuentra la iglesia y calles históricas, y la Vila de Baix, con mayor relación respecto al mar y el puerto.
En su conjunto, algunas visitas obligatorias en Banyalbufar son las de su cala de aguas cristalinas y la Torre des Verger, construida en 1579 con la función de ser una torre de vigilancia mediante la que alertar de ataques de piratas.
En definitiva, Banyalbufar es uno de esos parajes atrapados en el tiempo. Entre sus terrazas centenarias, sus calles históricas y una cala de aguas cristalinas escondida entre los acantilados, sigue siendo uno de esos rincones capaces de mostrar una Mallorca muy distinta a la del turismo masivo.













