En los comercios locales de una ciudad alemana en la región de Baviera, entre el 10 y el 15 por ciento de los clientes pagan con una moneda creada para reducir las emisiones contaminantes: el Chiemgauer comenzó como un proyecto escolar a principios del siglo XXI y ahora se ha popularizado como una opción amigable con el ambiente.
En la región bávara de Chiemgau, una moneda complementaria se ha transformado en una herramienta para combatir el cambio climático. El proyecto Chiemgauer recompensa acciones que reducen emisiones de CO2 y refuerza la economía local: ¿puede el dinero ayudar también a descarbonizar?
Según informa Deutsche Welle, el sistema Chiemgauer, que funciona como una moneda complementaria ligada a comercios y organizaciones locales, se integró con un “bono climático” que premia conductas ligadas a la reducción en las emisiones de carbono y canaliza el gasto hacia la economía de proximidad.
Una ecuación que cierra: menos emisiones y más consumo local
La lógica es simple: quien reduce su huella recibe dinero local, y ese dinero solo circula dentro de la zona, reforzando el consumo regional. Esto no solo evita que el valor se fugue fuera del territorio, sino que además reduce las emisiones contaminantes ligadas al transporte y la distribución.
El mecanismo funciona como una recompensa. Según una investigación publicada sobre el proyecto en 2022 en la revista Sustainability, el bono climático puede emitirse en papel o en formato digital y toma al Chiemgauer como base: un euro de valor equivalente representa al menos 10 kilos de CO2 evitados.
A cambio de participar, los beneficiarios reciben moneda local que luego pueden gastar en negocios adheridos. Cuando esa moneda vuelve a convertirse en euros, se aplica un descuento que alimenta un fondo climático regional. La idea no es solo compensar emisiones, sino financiar nuevas medidas de reducción y crear un circuito económico con una base ambiental incorporada.
Beneficios ambientales concretos
El estudio académico afirma que, en tres años, el proyecto logró recortar más de 10.000 toneladas de dióxido de carbono en la región de Chiemgau. Entre las medidas más eficaces destaca la instalación de paneles solares: 98 sistemas promovidos entre el segundo trimestre de 2021 y el segundo trimestre de 2022 generarán por sí solos una reducción estimada de 6.958 toneladas de CO2, a lo largo de su vida útil de 20 años. En Traunstein, además, la moneda local se usó para incentivar reformas energéticas, movilidad más limpia y otras prácticas sostenibles.
Los promotores del sistema sostienen que la moneda local hace visible la acción climática, acerca el problema al vecindario y convierte la transición ecológica en una práctica cotidiana. Al mismo tiempo, la moneda fortalece comercios y servicios de la zona, porque obliga a gastar dentro de una red de aceptación local. De esta manera, cada incentivo climático también funciona como política de desarrollo regional, una combinación que ayuda a explicar por qué el modelo despertó interés fuera de Baviera.
A pesar de todos sus beneficios, algunos economistas han cuestionado la utilidad de los bonos climáticos cuando se aplican como instrumento general de devolución del precio del CO2, al considerar que una compensación amplia puede generar ganadores y perdedores, complicar la administración y diluir la eficiencia de otras herramientas fiscales.













