El Consejo General del Poder Judicial acaba de emitir un comunicado público nominándolo «institucional», queriendo decir, como es obvio, que le otorga el máximo nivel de la autoridad que puede emanar de sí mismo. Contiene una advertencia, no se yo si más que eso denuncia, sobre la amenaza que representa para la independencia que ha de preservar el ejercicio de juzgar, a causa de las críticas que recibe desde amplios segmentos de la opinión pública y publicada, así como desde el Gobierno y varias fuerzas parlamentarias. Pues bien, si ese riesgo es verdadero, hace bien el CGPJ en señalarlo, pues su obligación principal es, precisamente, la defensa contra sus posibles consecuencias.
El problema está en que esa defensa, para que también sea verdadera y justa, ha de ser plena, contemplando tanto las críticas que se le hagan a las resoluciones judiciales como a ellas mismas, a las formas y contenidos de las actuaciones profesionales de los jueces, para que, por lo menos se pueda percibir que no tienen más intención que la exclusivamente judicial. Las críticas que hoy se dirigen a varios jueces y tribunales proceden, y el propio CGPJ debería ser el primero en saberlo, de una percepción política y social ampliamente sentida de que esa intención está frecuentemente pervertida.
Una parte importante y creciente de la ciudadanía cree que la apertura o cierre de causas judiciales, la rapidez o lentitud con que se atienden, el tenor de los autos y resoluciones sin el aporte necesario de argumentos fundadamente probatorios, especialmente si revierten en acusaciones, así como la confusión reiterada entre informes policiales (que deben investigar presuntas culpabilidades) y autos judiciales (que deben respetar presuntas inocencias), por lo menos esas, son alertas sobre la incorrección e improcedencia que, de un tiempo a esta parte, se perciben en la actuación de ciertos jueces, de nominación innecesaria.
Sobre lo que digo en este último párrafo, sin embargo, el CGPJ no dice nada. A su comunicado, pues, le falta la mitad. No hay defensa posible de la independencia judicial si no se cultiva al mismo tiempo la confianza ciudadana. Lo dije otras veces y lo reitero: el Poder Judicial no es omnímodo.
















