La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirma, tras meses de especulaciones, que El Niño ya se está gestando. Los últimos análisis corroboran que este fenómeno ya se está desarrollando en las aguas del Pacífico tropical y, con toda probabilidad, emergerá entre los meses de junio y agosto y se alargará hasta como mínimo el mes de noviembre. En el mejor de los casos, se tratará de un evento moderado. Pero por ahora, hay muchas posibilidades de que sea fuerte. Y esto, según advierten los expertos, podría incrementar aún más el aumento global de las temperaturas e impulsar una nueva oleada de extremos climáticos en todo el mundo. «Será como echar leña al fuego de un mundo que ya se calienta«, afirma el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien advierte de «impactos fuertes y que cruzarán fronteras con una velocidad devastadora».
Los registros apuntan de forma muy clara a la pronta llegada de El Niño, un patrón climático natural que arranca con un calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y que, con el tiempo, provoca un aumento de la temperatura a escala global así como un cambio en patrones climáticos en distintas regiones del globo. En estos momentos, según constatan los análisis, las aguas profundas en la ‘zona cero’ de este fenómeno ya registran valores de hasta seis grados por encima de lo habitual y esto, en la práctica, sugiere que podríamos estar ante la formación de un fenómeno de gran intensidad. También se observan otros indicios atmosféricos asociados al desarrollo de este fenómeno y es justamente por eso que, tal y como afirman los expertos, todo indica que El Niño está a punto de llegar.
«Debemos prepararnos para un posible evento de El Niño intenso, que exacerbará las sequías y las fuertes lluvias en amplias regiones del mundo y que, además, incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano durante los próximos meses»
«Debemos prepararnos para un posible evento de El Niño intenso, que exacerbará las sequías y las fuertes lluvias en amplias regiones del mundo y que, además, incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano durante los próximos meses», afirma Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), quien también recuerda que la última vez que se registró un fenómeno de este tipo a escala global fue en 2024, un año que se saldó con hasta 151 desastres naturales «sin precedentes» y con el récord de temperatura más alta a escala planetaria desde que existen registros. Y todo ello porque, tal y como recuerdan los expertos, El Niño es un amplificador de extremos climáticos ya que «un océano y una atmósfera más cálidos aumentan la disponibilidad de energía y humedad para fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor y lluvias torrenciales».
Medidas de prevención
Guterres afirma que estas previsiones deberían interpretarse como una «advertencia climática» sobre la urgencia de actuar. «La única respuesta eficaz es la acción climática a la altura de la crisis: acabar con la dependencia de los combustibles fósiles, acelerar la transición a las energías renovables, proteger a los más vulnerables ante los impactos de los extremos climáticos y proporcionar sistemas de alerta temprana para todos», sostiene el mandatario. En esta misma línea se posiciona Saulo, quien explica que se están recabando datos para ayudar a «gobiernos, agencias humanitarias y sectores sensibles al clima» de todo el globo a anticiparse a los impactos de este fenómeno y, sobre todo, a reducir las eventuales pérdidas y daños.
«La única respuesta eficaz es la acción climática a la altura de la crisis»
Los expertos afirman que los impactos de El Niño varían en función de la región. En algunas partes del sur de Sudamérica, el sur de Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia central, este fenómeno se asocia con un aumento del riesgo de lluvias torrenciales y de inundaciones. En otros, como en Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia, Indonesia y partes del sur de Asia, estos episodios suelen asociarse con condiciones de sequía. En España, así como en el conjunto de Europa, no hay indicios claros sobre qué tipo de fenómenos podría impulsar este fenómeno. Pero si algo está claro es que, ante un aumento global de las temperaturas, zonas como el Mediterráneo se convierten en focos aún más intensos de calor y de fenómenos asociados como, por ejemplo, riesgo de incendios.
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