Zapatero fue a visitar a mi hijo a la cárcel acompañado de Delcy. Querían que frenara las movilizaciones

Hay familias que condensan la historia de un país. A veces en la ficción, como los Alcántara en España; otras, en la realidad. El árbol genealógico de Leopoldo López Gil (Caracas, 1944) enlaza de forma directa con el de Venezuela.

La historia arranca con Rafael Ortega, un general que combatió en la independencia del país, y desde ahí avanza por una saga de Leopoldos que, como los José Arcadio Buendía de García Márquez, va heredando el nombre de generación en generación.

Pero aquí no hay realismo mágico, sino realismo venezolano: prisiones, exilio y una patria marcada por la fractura. Todo ello con Venezuela como telón de fondo, cuando aún era uno de los países más prósperos de Latinoamérica hasta desembocar en la ruina a la que le ha conducido el chavismo.

Esa Venezuela malograda atraviesa hoy la vida de Leopoldo López Gil y de su hijo, Leopoldo López Mendoza. Ambos viven exiliados en España.

El padre, tras formar parte del Consejo Editorial de El Nacional; el hijo, después de ser alcalde de Chacao y convertirse en una de las principales voces contra el régimen chavista.

Esa oposición le costó un durísimo aislamiento en la prisión de Ramo Verde. Su imagen dio la vuelta al mundo. Fue el primer preso político chavista con repercusión internacional. Y eso fue posible gracias a la perseverancia de Antonieta, su madre, experta en comunicación, y de su esposa, Lilian Tintori.

Ahora, Leopoldo López Gil publica unas memorias familiares, La lucha sigue, la lucha continúa (Ediciones Temple), en las que muestra que la lucha por las libertades está en el ADN familiar. El relato comienza con su tatarabuelo, Rafael Ortega, y culmina en el Parlamento Europeo, donde fue diputado por el PP tras su exilio.


Leopoldo López Gil. en un momento de la entrevista.

Nieves Díaz

Nos recibe en el centro de Madrid, acompañado por Antonieta, su esposa.

Su libro es una historia familiar de Venezuela pero, en los últimos meses, ha habido un gran cambio. ¿Cómo ve ahora el papel de Delcy Rodríguez?

El papel de Delcy es muy difícil de analizar; primero hay que analizarlo con bastante equilibrio.

Hay muchas esperanzas puestas en ella, curiosamente, porque debería haber sido una persona respetuosa de la democracia y de los derechos humanos, puesto que su padre fue una víctima de una falta de respeto a los derechos humanos. Aunque también es cierto que su padre no era un respetuoso de las leyes, puesto que era un secuestrador.

Sin embargo, a ella se le olvidó lo que puede sufrir una persona en las cárceles. Cuando estuvo en las posiciones de poder en las que ha estado en los últimos 20 años, nunca protegió a los presos políticos y nunca hizo nada porque se erradicaran las torturas de las cárceles venezolanas.

Lo que ha sucedido en Venezuela es que las cárceles se convirtieron precisamente en el instrumento fundamental para mantener al régimen en pie.

Este libro también coincide con la imputación judicial del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Es mencionado en el libro. Usted afirma que le hizo llegar un mensaje a su mujer advirtiéndole de que, «si seguía atacándolo, entonces él no iba a poder interceder por su hijo».

Eso decían él y sus interlocutores en Moncloa esos días. Mi hijo estaba preso en una prisión militar, en un régimen de aislamiento severo, y Zapatero lo sabía. Sin embargo, trataron de convertir el papel de mediador en una especie de benefactor de los presos políticos. Esto fue lo que intentó hacer.

Y como no creíamos que ese papel fuera real —como tampoco lo creía mi hijo—, sino que era una máscara para poder venderse como mediador en una situación compleja, pues yo pasaba estos mensajes que les disgustaban a ellos.

A Zapatero, yo le reclamaba que no era un mediador fidedigno; es decir, no era un mediador equilibrado, sino un mediador interesado. Hubo muchos cruces, y los mediadores de lado y lado saben muy bien que ahí no había ningún intento de negociación, sino un intento de imposición, que es muy distinto.

También añade en el libro que Zapatero fue a ver a la cárcel a su hijo sin pedirle autorización a la familia. ¿Qué papel jugó en su liberación?

Yo diría ninguno. Lo digo con bastante firmeza. La primera visita que tuvo el señor Zapatero a mi hijo Leopoldo en la cárcel de Ramo Verde ocurrió por mera casualidad. Se presentó allí sin aviso previo y en ese momento estaba de visita mi hija menor.

Le anunciaron a Leopoldo que tenía un visitante, cosa que le extrañó: «¿Quién es el visitante?». Bueno, el señor Zapatero, que venía con los hermanos Rodríguez [Delcy y Jorge] . En todo caso, eran los Rodríguez acompañando a Zapatero.

En el fondo, lo que querían obtener de Leopoldo —y esto lo ha dicho él reiteradas veces— era que lanzara un mensaje para que no siguieran las manifestaciones populares en las calles de Caracas y de Venezuela. Ellos no entraron a la discusión, entró solamente Zapatero.

Nosotros tenemos muy bien redactadas las dos visitas del señor Zapatero. Luego, un par de años después, volvió; pero dudo que haya habido una intención real de sacarlo de esa cárcel tan dura para llevarlo a un arresto domiciliario por una cuestión de sentimiento. Era una cuestión de interés: tratar de sacar de él un manifiesto para aplacar las manifestaciones populares en contra del régimen.

O sea, que a usted no le consta que haya habido una intermediación en beneficio de los presos, sino más bien un intento de reforzar el papel de Maduro al buscar aplacar estas protestas.

Bueno, eso se lo dejo a la conciencia del señor Zapatero para que diga la verdad y aclare cuánto era realmente su interés humanitario por salvar a algunos presos. Que no siga vendiendo o utilizando la imagen de benefactor de presos cuando realmente el interés era otro.

El sumario del ‘caso Zapatero’ incluye una agenda de su testaferro en la que se mezclan anotaciones sobre presos políticos y asuntos de negocios con oro, petróleo, carbón y níquel. ¿Buscaba el negocio con la careta del diálogo democrático?

Yo no puedo contestar a esto de forma tajante. No tengo información ni bases para afirmar o negar cualquiera de estas intenciones. Mis críticas al señor Zapatero se limitan a su papel como mediador.

El empresario y activista venezolano Leopoldo López Gil.


El empresario y activista venezolano Leopoldo López Gil.

Nieves Díaz

Mientras su hijo Leopoldo sufría un calvario en la prisión de Ramo Verde, Delcy Rodríguez aterrizaba en Barajas con total impunidad. Con las revelaciones sobre Plus Ultra sobre la mesa, ¿cree que la Justicia española ahora sí podrá llegar al fondo de lo que se conoce como el ‘Delcygate’?

Lo dudo. Casualmente, en esos días yo servía como europarlamentario en Bruselas y solicité que se investigara por qué se había violado una medida europea, que eran las sanciones impuestas sobre la persona de Delcy Rodríguez.

Nunca debió haber aterrizado en territorio Schengen. Nunca. Esto estaba prohibido por el Parlamento Europeo y la Unión Europea. Sin embargo, aterrizó. La contestación del entonces ministro de Transporte, que le recibió en el avión, fue que ella nunca había pisado territorio español. Aunque se sabe que bajó del avión.

Y quiero decir, Europa tampoco ha exigido una aclaratoria sobre esta violación a su sanción.

A mí me parece muy difícil que hoy, tantos años después, averigüemos qué pasó con esos 40 bultos que se bajaron de aquel avión. Evidentemente no era equipaje personal; nadie viaja con 40 bultos de equipaje personal.

¿Qué había en esas maletas que estaban tan selladas? Pues obviamente no era material público; tanta protección para un sobre implica que tienes que mantener su contenido en secreto.

¿Qué cree que había en esas maletas?

Hay españoles específicos que saben perfectamente lo que había ahí dentro, aunque no toda la opinión pública lo conozca. [Sonríe]

Las investigaciones de la UDEF también implican a entornos políticos en negocios. Usted cuenta en el libro cómo, tras la llegada del chavismo, «acabaron con PDVSA en una década». ¿Se ha hecho un negocio político multimillonario con la ruina del país?

Cuando el régimen del «Socialismo del Siglo XXI» llega al poder en 1999, tras ganar las elecciones, cambian la Constitución y se encuentran con una industria petrolera boyante. PDVSA era una de las mejores empresas petroleras del mundo. Estábamos produciendo más o menos 3.500.000 barriles diarios, en una empresa que se manejaba de forma eficiente con unos 30.000 empleados en total.

Al quinquenio de llegar al poder, al teniente coronel Hugo Chávez se le ocurre la brillante idea de despedir a 22.000 personas de la industria petrolera. Despedir significa echarlos de su puesto de trabajo. Al salir esos 22.000 profesionales, la industria empezó a decaer, la producción cayó y desde hace unos seis u ocho años no producimos ni 600.000 barriles.

Es el país con más reservas del mundo, pero no tiene ni el 1% de cuota de producción. Ocupa el puesto 21º.

No se llevaron las reservas porque no podían sacarlas. Si no, se las hubiesen llevado también. Pero la industria petrolera se quedó sin administración.

Decidieron hacer un sistema de administración tan curioso que desde la Presidencia de la República —y particularmente la señora Delcy Rodríguez— se autorizaban los buques tanqueros que llevaban el petróleo. ¿A dónde? No se sabe, nadie sabe quién facturaba.

En un momento dado se calculó que había 44.000 millones de dólares de los que no se podía encontrar la factura. ¿Y qué pasó? Pusieron al entonces ministro de Petróleo y presidente de PDVSA, Tarik El Aissami, preso. Creo que todavía está bajo custodia porque no se sabe dónde fue a parar ese dinero, que no es poco.

Hoy en día, el 90% de la población venezolana vive en pobreza, pero lo que es peor: le robaron el futuro. Las escuelas trabajan dos días a la semana en vez de cinco. Los profesores ganan 10 dólares al mes. Un profesor universitario gana 17 dólares al mes. La inflación hoy es de 600% anual. Pregúntese qué puede hacer con esto.

Leopoldo López Gil con Rubén Fernández.


Leopoldo López Gil con Rubén Fernández.

Nieves Díaz

De hecho, usted dice una frase en su libro: «Venezuela es un modelo mundial para comprender cómo se puede pulverizar la riqueza». Lo que no me queda claro es si fue por ineptitud o por saqueo.

Las dos cosas, es una combinación. Obviamente hay ineptitud, porque lo primero que hizo el teniente coronel fue militarizar el Gobierno. Nombró a militares sin ninguna preparación técnica al frente de ministerios clave como Petróleo, Agricultura, Vivienda o Sanidad. Esto es ineptitud e ineficiencia pura y absolutamente demostrable.

Si alguien trata de saber qué pasó en Venezuela en los últimos años, el gran problema que tenemos es que no hay contabilidad de nada. El Banco Central dejó de publicar las cifras necesarias para saber si la economía funciona.

Los ministerios dejaron de producir información. La producción nacional desapareció. De las cerca de 20.000 empresas registradas en el Ministerio de Fomento, la inmensa mayoría desapareció y ahora quedan muy pocas. La producción nacional se sustituyó de una forma totalmente absoluta por la importación de productos.

Venezuela tuvo los mejores precios del petróleo del mundo durante los años de Chávez [el barril llegó a estar a 120 o 130 dólares]. Y, sin embargo, el país se quebró. Entonces no es solo incapacidad; es también la voracidad y la sinvergüenzura para robarse lo poco que podía quedar en las arcas nacionales.

¿Y no se sabe a dónde ha ido ese dinero?

Todavía no lo sabemos con precisión. Yo imagino que una de las tareas del futuro, si hay una transición, será la recuperación de ese dinero robado, como ha pasado en otras partes del mundo.

Para eso se necesitará una gran cooperación internacional, no solo de los gobiernos, sino también de la banca privada, para rastrear si están en criptomonedas o en bienes conservados a través de testaferros.

Pedro Sánchez reconoció en su momento a Juan Guaidó, pero luego no lo quiso recibir. Todo cambió en 2020. Más allá de si se demuestran delitos o no, ¿qué juicio le merece la actitud del Gobierno español?

Es un Gobierno al que es difícil juzgar bajo una sola visión. Por un lado, hay que reconocer que España validó la legitimidad de la Asamblea Nacional electa en 2015, reconoció la ilegitimidad del régimen de Maduro y ha ayudado ofreciendo protección y cobijo en la Embajada de España al presidente electo Edmundo González, mandando incluso un avión para traerlo y protegerlo aquí. Por ese lado, hay mucho que agradecerle a la política del Gobierno español.

Por otro lado, también hay mucho que criticarle. Podía ser más claro sobre cuál era la dirección que querían en Venezuela.

También hay que tomar en cuenta que hay grandes empresas españolas que necesitan el respaldo de su Gobierno allá, como Telefónica, BBVA o Repsol. Pero ha habido otros casos de españoles expropiados y expoliados por el Gobierno de Chávez que nunca recibieron el apoyo del Gobierno español. O sea, que tenemos las dos caras de la moneda.

Usted también ha dicho en alguna ocasión: «Los narcotraficantes tienen en Venezuela su paraíso».

No lo digo yo, lo dicen todos los informes internacionales. Venezuela nunca se distinguió por producir droga, pero sí por haber dado ocasión al nacimiento de un grupo criminal denominado el Cártel de los Soles, dirigido por personas que aún están en el poder en Venezuela.

Este grupo facilitó el tránsito de la droga, que llegó al extremo de exportarse incluso en buques de PDVSA. Y ahora estamos viendo si no fue utilizada una aerolínea, Plus Ultra. Lo están diciendo los capitanes: que no sabían lo que llevaban, porque no les dejaban saber qué es lo que pasaban.

Durante los años de Chávez también conocimos casos de aerolíneas comerciales donde se transportaba droga a Europa. Pasó con Air France llevando cocaína a París.

Fue un escándalo porque los capitanes no sabían lo que llevaban, ya que les impedían revisar cargas no declaradas, y del otro lado tenían los enlaces apropiados para la distribución.

Por eso es que Venezuela se convirtió en un narcoestado: un Estado donde la protección al tránsito de la droga y la cooperación con la narcoguerrilla en la frontera con Colombia se hicieron algo común.

`La vida sigue, la lucha continúa', el libro que acaba de publicar López Gil.


`La vida sigue, la lucha continúa’, el libro que acaba de publicar López Gil.

Nieves Díaz

¿Y esto lo hacen utilizando la valija diplomática?

Utilizaban todos los medios. Solamente las 40 valijas…

Por cierto, una advertencia al Gobierno de España, ahora que viene un nuevo embajador de Venezuela a Madrid: averigüen primero quién es y de quién es amigo [se refiere a Timoteo Zambrano, nombrado el martes por la Asamblea Nacional].

¿De quién es amigo?

Amigo de Zapatero.

¿Se ha desmantelado el Cártel de los Soles o sigue operando?

Entiendo que sigue operando. Lo que pasa es que, por una decisión de autoprotección, imagino que no están haciendo exportaciones tan notorias. No querrán tentar al demonio de Trump para que actúe contra ellos. Pero nadie ha incautado sus cuentas bancarias. Se les señala, hay libros sobre el tema. Ellos siguen con sus activos financieros intactos; nadie se mete con ellos.

¿Para el régimen es más rentable operar con la droga que operar ahora con el petróleo?

Bueno, yo creo que la droga siempre ha sido mejor negocio que el petróleo. El petróleo, a fin de cuentas, tiene que pagar impuestos y pasar por controles; la droga es el 100% de ganancia para el traficante. Además, no hay que medirlo por barriles, se mide por gramos. Ya solamente… ¿Es mejor ser pescador o sacarle las huevas al esturión?

¿Cómo será la Venezuela del resurgir democrático? ¿Confían ustedes en Donald Trump como aliado, como un compañero de intereses compartidos, o ni siquiera eso?

Yo lo veo más como una persona de intereses compartidos. Ciertamente, en algún momento me preocupan declaraciones suyas que sugieren que quiere tutelar a Venezuela o hacer el Estado 51 de la Unión.

Lo que sí nos queda claro es que el teniente coronel Chávez decidió que Venezuela fuera un estado tutelado por Cuba, y los venezolanos ya sabemos lo que cuesta eso. La solución de futuro no es ser un Estado tutelado por otra potencia.

Pero ciertamente la Administración estadounidense es un aliado en cuanto a la intención de llevar a Venezuela, tras un período de estabilización y recuperación económica, hacia una democracia. Si ese es verdaderamente el programa, es una ayuda bienvenida.

Imagínese que, de aquí a un tiempo, se han liberado los presos políticos, la Justicia actúa y hay elecciones libres. ¿Se ve usted bajando del avión en Maiquetía?

Bueno, mire, volver a Venezuela es el deseo de todos nosotros en el fondo, pero no es fácil. En el libro relato las experiencias de mi padre, que pasó más de 15 años preso, y de mi abuelo, que pasó entre cárceles y exilio más de 20 años.

Sé lo que sufrieron en el exilio. Para volver se necesitan condiciones que hoy no existen. Si usted me dice si estoy listo para hacer las maletas hoy, le digo que no, porque no han cambiado la estructura: las instituciones del régimen siguen siendo ilegítimas, no hay protección real para los ciudadanos, todavía hay cientos de presos políticos y militares detenidos por estrictas razones políticas.

¿Se imagina a su hijo gobernando Venezuela?

Imaginarlo, por supuesto, y él lo desea. Creo que es una persona que ha dedicado su vida y su preparación a la política del país, organizando equipos y cuadros técnicos. Sí me lo imagino, y creo que es su sueño: buscar a la gente más preparada e idónea para reconstruir la nación.

Él publicó un libro hace unos años —escrito en gran parte mientras estaba en Ramo Verde— sobre el petróleo en Venezuela, donde hace propuestas muy específicas sobre cómo recuperar la industria y qué hacer con la renta petrolera.

Hay modelos en el mundo que han funcionado muy bien para beneficiar a los pueblos que tienen recursos naturales, como el caso de Noruega y su fondo soberano. Mi hijo tiene esa visión: la renta petrolera debe beneficiar directamente a la totalidad de la población y no a un puñado en el poder.

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