Semana clave. Pero no más que las que se han ido evaporando en los seis meses anteriores, cuando se puso sobre la mesa la renovación de Nico Espinosa por primera vez. Fue antes del parón de Navidad. Ahí se empezó a valorar la extensión de contrato del capitán del Hércules, que, de momento, no ha considerado que se den las condiciones idóneas para sellarlo. Desde entonces las dos partes han mantenido el mismo discurso público, uno que defendía el acuerdo inminente, el convencimiento de que el entendimiento era indefectible. Sin embargo, ha pasado ya medio año y no hay rastro de rúbrica.
El propietario del club no esconde su cariño por un futbolista que se ha hecho jugador en su regazo, que acumula siete temporadas defendiendo el escudo, primero en el filial y luego, desde hace cinco, en dinámica de primer equipo. El chico que sentaba en el banquillo a Abde en las categorías inferiores, ha ido quemando etapas a trompicones, sorteando lesiones graves, primero de rodilla, luego musculares y la última en el tobillo, la que le impidió dar continuidad al excelente momento de forma que evidenció el curso anterior, en el que él estuvo por encima de sus compañeros y del gusto futbolístico de su entrenador.
Nico Espinosa trata de proteger el balón durante el último partido de liga. / ÁXEL ÁLVAREZ
El traspié en pretemporada le ha privado de mostrar su potencial, su desborde, su plenitud en su segundo año en Primera RFEF desprendido del paraguas de la condición sub-23. Nico cumplirá en octubre 26 años y su momento es ahora, está pasando, y no lo puede desaprovechar. Él lo sabe y considera que se ha ganado el derecho a reclamar una mejora salarial notable después de encadenar contratos de segundo rango, nunca en el tope del grupo. Pero una cosa es el deseo, el ánimo, lo que uno considera que merece y otra los números que presenta para avalar el anhelo.
De momento, el canterano no ha perdido el valor que todo el mundo le da a sus facultades cuando está al 100%, pero es que aún no lo ha logrado explotar convenientemente. Siempre ocurre algo que lo ensombrece. El los siete cursos como blanquiazul ha marcado siete goles, pocos para alguien con tanta llegada, con tanta presencia. Seis de ellos los anotó tras el ascenso, su mejor ejercicio en lo numérico a nivel individual. Este no ha celebrado ninguno. Arrancó tarde por culpa de la convalecencia tras regresar al quirófano en verano y solo ha participado en 22 de los 38 encuentros de liga. Completos solo ha acabado seis de los 12 en los que ha sido titular. Muy poco para alguien que aspira al rango salarial más alto.
El hecho de que se haya sesgado su evolución fruto de las diferentes dolencias que ha ido arrastrando desde su escalada al primer equipo tampoco le ayudan a ser acreedor de ofertas externas atrayentes de superior categoría y, por supuesto, cuantía. El Hércules no quiere desprenderse de Nico Espinosa. No lo sopesa, pero a medida que se acerca la fecha límite, lo dice con la voz más baja porque se teme que algo pueda terminar rompiendo una cuerda que aún no ha llegado a su punto máximo de tensión.
Objetivos
La SAD propiedad de la familia Ortiz no quiere negarle a su capitán el monto salarial que merecería si explota todo su talento de forma regular. Por eso, la propuesta en la que ha llegado más lejos, le propone una base salarial mejor que la que tiene ahora y repartir el resto del dinero que el agente del jugador solicita en función de objetivos a la altura de sus cualidades, realistas. Fáciles de cumplir si el capitán completa un año mínimamente bueno.

Nico Espinosa corre detrás de Fran Sol para festejar el último gol del Hércules de la temporada 2025-2026. / ÁXEL ÁLVAREZ
De momento, esta parte de la oferta no ha acabado de encajarle al atacante alicantino (que con Beto Company ha llegado a jugar de lateral diestro sin ningún brillo, aunque con enorme predisposición). La idea de ligar la mejora salarial a un factor aleatorio no le seduce, dejando claro siempre que su primera intención es quedarse, pero no a cualquier precio ni teniendo la sensación de que el sentido de pertenencia al club de su ciudad le perjudique porque se pretendan aprovechar de ello.
Los registros de Nico Espinosa no son incontestables. Están lejos de serlo. Su compromiso con el club y con el escudo, no; eso está fuera de toda duda, lleva con mucho orgullo el brazalete, le hace muy feliz. Esta semana se puede desencallar esta situación, pero si sucede será en una negociación que se aproxime más a lo que aspira y propone el Hércules, que no quiere escatimarle al «favorito» del dueño ni un euro que no se haya ganado en la cancha.
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