- Un sistema que exige controles más precisos
- El atractivo de cobrar al instante
- Los comercios no tendrán que cambiar los datáfonos
- El desafío a Visa y Mastercard
- Una apuesta por la autonomía europea
A diferencia de los pagos tradicionales con tarjeta, las operaciones realizadas mediante transferencias inmediatas dejan mucho menos margen de actuación cuando se produce una estafa, lo que obliga a las entidades financieras a reforzar los mecanismos de seguridad y los sistemas de detección de fraude para evitar que el dinero termine en manos de delincuentes.
El desembarco de Bizum en los establecimientos físicos permitirá a los consumidores pagar acercando el teléfono móvil al datáfono mediante tecnología NFC (una tecnología inalámbrica de corto alcance, que permite el intercambio de datos entre dos dispositivos simplemente acercándolos), de forma similar a como ya se utilizan Apple Pay o Google Pay.
Sin embargo, detrás de esa aparente sencillez existe una diferencia fundamental respecto a las tarjetas tradicionales: el dinero viajará directamente entre cuentas bancarias a través de transferencias instantáneas.
Según explica a Confidencial Digital Jordi Nebot, CEO y fundador de PaynoPain, empresa tecnológica española especializada en soluciones de pago para comercios electrónicos y negocios digitales, el principal reto desde el punto de vista de la seguridad radica precisamente en la naturaleza de estas operaciones.
Mientras que un pago con tarjeta puede ofrecer más posibilidades para revertir un cargo fraudulento, las transferencias inmediatas son mucho más difíciles de anular una vez ejecutadas.
Un sistema que exige controles más precisos
La implantación de Bizum en el comercio presencial obligará a que los mecanismos de autenticación reforzada y los filtros antifraude funcionen con una precisión extrema.
El objetivo es doble: evitar robos de identidad y operaciones fraudulentas sin perjudicar la experiencia de compra del usuario.
La dificultad reside en encontrar el equilibrio adecuado. Si los controles son excesivos, el proceso de pago puede resultar incómodo para el consumidor.
Si son insuficientes, aumenta el riesgo de que los ciberdelincuentes aprovechen la rapidez del sistema para mover fondos antes de que la víctima o el banco puedan reaccionar.
Desde el sector financiero se considera fundamental que las plataformas sean capaces de detectar comportamientos sospechosos en tiempo real.
La velocidad que convierte a Bizum en una herramienta atractiva para consumidores y comercios es la misma que obliga a extremar las precauciones frente al fraude.
El atractivo de cobrar al instante
La expansión de Bizum hacia los comercios físicos responde también a una demanda creciente de sistemas de pago más rápidos y eficientes.
Uno de los principales argumentos a favor del modelo es que permite que el dinero llegue al negocio de forma prácticamente inmediata.
Frente a los pagos con tarjeta, cuya liquidación suele demorarse al menos un día, las transferencias instantáneas facilitan que los establecimientos dispongan de los fondos casi en el mismo momento en que se realiza la compra.
Esta característica resulta especialmente interesante para los negocios que operan con márgenes reducidos o con grandes volúmenes de ventas, ya que mejora la gestión de la tesorería y de la liquidez diaria.
Además, el modelo cuenta a cuenta, conocido en el sector como A2A (account to account, cuenta a cuenta en español), elimina parte de los intermediarios presentes en las operaciones tradicionales con tarjeta.
Esto abre la puerta a posibles ahorros en costes de procesamiento, aunque el beneficio final dependerá de las condiciones que establezcan las entidades financieras.
Los comercios no tendrán que cambiar los datáfonos
La llegada de Bizum a las tiendas tampoco supondrá una revolución tecnológica para los establecimientos.
Según explica Nebot, la mayoría de los comercios podrán seguir utilizando los terminales que ya tienen instalados. La adaptación se realizará principalmente mediante actualizaciones de software en los sistemas de cobro y en la infraestructura financiera que da soporte a las operaciones.
Para los consumidores, el cambio también será prácticamente transparente. El proceso será muy similar al actual: bastará con acercar el teléfono móvil al datáfono para completar la compra.
La intención es ofrecer una experiencia sencilla y rápida como la que proporcionan hoy las grandes plataformas de pago digital.
El desafío a Visa y Mastercard
La expansión de Bizum al comercio presencial también tiene una dimensión estratégica para la banca.
El servicio cuenta ya con más de 30 millones de usuarios activos en España y se ha convertido en una de las herramientas financieras con mayor nivel de penetración entre la población.
Ese respaldo masivo facilita su salto a nuevos ámbitos de utilización y le permite aspirar a competir con sistemas dominados históricamente por las redes de tarjetas.
No obstante, el escenario cambia cuando se observa el mercado internacional.
Mientras que Visa y Mastercard operan a escala global, Bizum sigue siendo esencialmente una solución nacional, aunque ya participa en proyectos orientados a lograr la interoperabilidad entre distintos sistemas europeos de pagos instantáneos.
Una apuesta por la autonomía europea
La evolución de Bizum encaja además con una estrategia que las instituciones europeas persiguen desde hace años: reducir la dependencia de las grandes redes internacionales de pago y fomentar alternativas desarrolladas dentro del continente.
El éxito alcanzado por Bizum demuestra, según PaynoPain, que las entidades financieras pueden colaborar para crear soluciones locales con una elevada adopción entre los usuarios.
Paralelamente, iniciativas europeas como Wero buscan construir una infraestructura interoperable capaz de funcionar en distintos países de la Unión Europea.
Más que una sustitución inmediata de Visa y Mastercard, el sector prevé una diversificación progresiva del mercado.
En ese contexto, la llegada de Bizum a los comercios representa un paso más en la transformación de los hábitos de pago.
Pero para que esa expansión tenga éxito, los bancos deberán resolver antes uno de los desafíos más sensibles del proyecto: garantizar que la rapidez de las transferencias inmediatas no se convierta en una oportunidad para los estafadores.










