La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra ha provocado un seísmo profundo en el PSOE.
El expresidente del Gobierno tendrá que declarar los días 17 y 18 de junio ante el juez que investiga el préstamo de 53 millones de euros concedido a la aerolínea en 2021, durante el Gobierno de Pedro Sánchez.
En Castilla y León, varios de sus dirigentes históricos, los que compartieron con él militancia, congresos y pasillos del poder, han asistido atónitos a la imputación de Zapatero y han reaccionado con una mezcla de amargura, prudencia y críticas cada vez más abiertas.
Un sentimiento de «amargura»
Juan José Laborda, secretario general del PSOECyL entre 1985 y 1990, época en la que Zapatero ya dirigía el PSOE de León, y presidente del Senado entre 1989 y 1996, no oculta su «sentimiento de amargura y de estupor» en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Sin embargo, desde un punto de vista racional, defiende que «está bien que se sostenga la validez de la presunción de inocencia», aunque considera que el Gobierno debió actuar con mayor transparencia.
«Haber abierto una auditoría independiente, imparcial y rigurosa para saber si ese préstamo… daría solvencia y tranquilidad», afirma Laborda.
Y subraya que esa medida habría puesto «ante la opinión pública los datos y los informes sobre la evolución que condujo a ese préstamo, que es lo que constituye el núcleo principal de lo que se está imputando a Zapatero».
Laborda desea que se aclare la situación. «No es algo que afecte solo a Zapatero, al que deseo éxito en su defensa, sino que afecta al PSOE y, por encima de todo, a nuestro orden constitucional», afirma.
Y añade una reflexión que va más allá del caso: «Hoy en día hay una situación de desapego con la clase política que es muy preocupante».
Por ese motivo, considera que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, debería adelantar las elecciones generales para otoño de este año.
«En este momento ya no valen muchas más excusas, es necesario devolver la tranquilidad a la gente y que la gente pueda conocer las ofertas de los distintos partidos ante esta situación, que es muy seria», zanja Laborda.
Un «ambiente viciado»
Jesús Quijano, secretario general del PSOECyL entre 1990 y 2000 y quien trató frecuentemente a Zapatero cuando este era secretario provincial de León, comparte la preocupación de Laborda en declaraciones a este medio.
«Lo veo con preocupación, todavía estamos en la fase de prudencia», explica. Recuerda su relación institucional con él, incluso como diputado durante la segunda legislatura de su Gobierno. «De momento el juez tiene indicios… y dice: venga usted aquí y me lo aclara».
Quijano mantiene la presunción de inocencia y confía en que las explicaciones del 17 y 18 de junio sean «convincentes», pero no esconde que todo esto «incide en un ambiente que estaba ya bastante viciado».
Además, Quijano lanza una crítica personal sobre el papel de los expresidentes.
«Quien ha sido presidente del Gobierno, una vez que deja de serlo, por precaución y prudencia quizás no debiera dedicarse a actividades de gestión o consultoría de asuntos privados… Es legal pero a mí no me encaja bien», señala.
Políticamente, coincide con Laborda: la situación de bloqueo aconseja «una convocatoria electoral a lo largo de este año, seguramente en otoño».
«Yo veo cada vez más claro que todo esto añade dificultades para mantener una actividad normal de Gobierno. En este momento, hay una situación complicada porque no hay una mayoría clara para gobernar ni una mayoría clara para una moción de censura», zanja.
«Siempre a la sombra»
Por su parte, Jesús Cuadrado, diputado socialista por Zamora entre 2000 y 2011, con Zapatero al frente del partido y después de la Presidencia del Gobierno, miembro del Comité Federal del PSOE y dirigente histórico del partido en Castilla y León, dibuja un retrato muy crítico del expresidente.
Se trata de una voz autorizada ya que durante más de una década compartió estructuras orgánicas y pasillos del Congreso con el ahora imputado Zapatero.
Sostiene que siempre vio a Zapatero como un dirigente «a la sombra de alguien», dependiente políticamente de otras figuras del partido y sin una autonomía real de liderazgo, incluso durante su etapa en la Moncloa.
El zamorano asegura tener «dudas» de que Zapatero sea «la cabeza» de la supuesta estructura de poder y corrupción que describe, aunque sí considera que existen indicios y hechos suficientemente graves como para exigir una investigación profunda.
Ahora bien, menciona las relaciones del expresidente con Venezuela, el Grupo de Puebla y el papel del exjuez Baltasar Garzón, de quien destaca su silencio actual pese a haber sido muy activo públicamente en otras causas. «¿Por qué está tan callado?», se pregunta.
Sobre la posible responsabilidad penal de Zapatero, el exdirigente, que ha reconocido que votará al PP, insiste en que debe respetarse la presunción de inocencia, aunque critica que ese principio se utilice «como argumento para proteger a determinadas personas».
«La presunción de inocencia no hace falta discutirla», afirma, recordando que España es un Estado de Derecho, pero añade que no puede servir para “penalizar la gravedad de los hechos” o minimizar los indicios conocidos.
Aun así, evita pronunciarse sobre si el expresidente debería acabar en prisión y se limita a señalar que «la Justicia decida».
Sí reclama, no obstante, que se llegue «hasta el fondo» de lo que define como una «estructura delincuencial» que habría deteriorado la confianza en las instituciones y en el sistema político español.
En el terreno político, Cuadrado considera que la situación actual exige una reacción inmediata de la oposición.
En concreto, critica la actitud del Partido Popular y de su líder, Alberto Núñez Feijóo, a quienes acusa de actuar «con lentitud» ante el deterioro político e institucional.
Según sostiene, el PP debería presentar ya una moción de censura aunque no tenga garantizados los apoyos suficientes para ganarla.
A su juicio, la iniciativa tendría un valor político y simbólico, al permitir ofrecer una alternativa y canalizar el descontento social.
«Hoy la moción de censura no es un tema matemático o de cálculo de votos, es un tema de discurso ante la opinión pública», afirma durante la conversación.
Una «enorme decepción»
Juan Luis Gordo, que fue secretario general del PSOE de Segovia y subdelegado del Gobierno durante la Presidencia de Zapatero, y que abandonó el partido y pidió la renuncia inmediata de Sánchez en junio de 2025, no ahorra dureza en sus declaraciones a este medio.
«Zapatero supone una enorme decepción no solo para los socialistas de corazón sino para muchos españoles en los que proyectaba aparentemente una imagen de honestidad y honradez», afirma.
Critica su «última etapa, con actos y gestos de contenido populista» y el hecho de que Sánchez le diera «un puesto de ariete» pese a estar «bajo sospecha».
Gordo considera que, para garantizar una gobernabilidad serena, el presidente del Gobierno debe «asumir su responsabilidad política y conceder la palabra al pueblo español».
Solo así, dice, se podrá renovar el PSOE «como un pilar firme para contribuir a la gobernabilidad», evitando «la senda del ostracismo político como otros partidos socialistas europeos».
Las voces de estos históricos de Castilla y León, con trayectorias que abarcan décadas de militancia y responsabilidad institucional, reflejan un partido en crisis de credibilidad.
Más allá de la presunción de inocencia y del calendario judicial, coinciden en la necesidad de transparencia, prudencia y, sobre todo, una respuesta democrática que devuelva la confianza a una ciudadanía cada vez más desencantada.
















